miércoles, 5 de diciembre de 2018

TRAS LA HUELLA DE ROQUE HIDALGO LÓPEZ, UN COMERCIANTE DEL SIGLO XIX

EDUARDO REGUERA CASTELLANO
 Ponencia presentada en el V Encuentro de Genealogía Gran Canaria, 
organizado por Genealogías Canarias, celebrado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, el 14 de noviembre de 2018.


Hace años, curioseando en los estantes de una de esas librerías donde terminan los libros que ya nadie quiere, encontré un antiguo cuaderno manuscrito que presentaba la siguiente anotación en la cubierta:

“Islas. Empezó en Febrero 16 1888. Terminó en Abril de 1890”.

Roque Hidalgo López
Le pregunté a la librera si conocía su procedencia. Lo único que pudo decirme es que había venido en una caja anónima junto a otros libros. Tras examinarlo descubrí que lo que tenía ante mí era un viejo copiador de cartas que se desahacía con solo mirarlo. Lo abrí con mucho cuidado y la que en otro tiempo había sido una preciosa caligrafía, se había tornado con el paso de los años en un grueso trazo aparentemente ilegible, debido a la oxidación de la tinta. Aún así pude leer algunas palabras sueltas, fechas, y una firma, la de un hombre llamado Roque Hidalgo. Un completo desconocido para mí en ese momento. No voy a contarles cuánto pedían por el cuaderno, pero el precio era desorbitado y lo dejé donde estaba.

Paso el tiempo, y unos meses después volví a aquella librería. Mientras echaba un vistazo a la sección de libros antiguos, recordé aquel cuaderno manuscrito y decidí buscarlo en los estantes. Apareció debajo de una montaña de revistas viejas y libretas escolares, más deshecho que antes, debido seguramente a la cantidad de manos que lo habrían manipulado sin cuidado alguno durante todo ese tiempo. Pasé un rato ojeándolo y me pregunté si valía cada céntimo de lo que pedían. Sin duda era un interesantísimo documento, ¿pero cuánta información podía recuperarse? Recuerdo que me acerqué a la librera y le hice una oferta razonable. En un principio se negó, pero la convencí alegando que estaba muy deteriorado y que si seguían pasando manos por él acabarían de destrozarlo y entonces ya nadie lo querría. Salí de la librería con la cartera vacía y el cuaderno bajo el brazo. Acababa de rescatar, sin saberlo, un pedazo de historia, escrita de puño y letra por uno de los comerciantes más importantes de Las Palmas en la segunda mitad del siglo XIX.

El cuaderno estaba en muy mal estado. Recuerdo que de camino a casa me senté en un banco y lo abrí, con tan mala suerte que se levantó una ráfaga de viento y vi como volaban algunos pedazos. Intrigado por saber qué decían aquellas cartas y quién era el que las firmaba, decidí fotografiar las 500 hojas del cuaderno para poder trabajar con ellas en la pantalla de un ordenador, y guardar el delicado original en un caja de archivo. Con el original digitalizado dediqué meses a su transcripción, consiguiendo desvelar el contenido de más de 400 cartas. Cuando terminé de transcribir comencé a buscar al comerciante en archivos y hemerotecas. A continuación, el fruto de mi investigación. Acompañaremos a Roque Hidalgo de la cuna hasta la tumba.
Ermita de San Roque.FEDAC. Autor: Ulises Parada
D. Roque Hidalgo López nace en Las Palmas el 26 de diciembre de 1851. Su madre se llama Catalina S. López Morales, y su padre Juan Antonio Hidalgo Rodriguez. Ambos proceden de Agüimes y fijan su domicilio en el número 18 de la calle de San Roque, luego Granados, hoy Ramón y Cajal. En junio de ese año, cuando Catalina cuenta con apenas tres meses de embarazo, se declara la epidema de cólera morbo que causará miles de muertos. Catalina y Juan Antonio escapan al contagio y el niño nace sano y salvo. Es bautizado el 1 de enero de 1852 en la parroquia matriz de San Agustín. Le llaman Roque en honor del Santo porque nace muy cerca de una ermita erigida en honor del santo peregrino. 


En 1852, cuando Roque tiene poco más de un año, es promulgada la Ley de Puertos Francos de Canarias por el ministro Juan Bravo Murillo. Esta Ley se componía de un conjunto de medidas económicas que supuso la liberalización de la entrada y salida de mercancías del archipiélago canario, provocando un enorme crecimiento de la economía de las islas. El puerto aprovechará su situación como punto de escala obligada en la navegación de barcos europeos hacia las colonias africanas y hacia los mercados latinoamericanos, generándose al amparo del puerto numerosos negocios y actividades económicas que dan lugar a la formación de grandes fortunas. Su padre, Juan Antonio Hidalgo, es uno de los que aprovechará estas circunstancias para montar una tienda de ultramarinos en la calle de Remedios núm. 2, esquina con San Pedro.
En 1862, Roque tiene 10 años y ya no corretea entre la mercancía de la tienda de su padre. Lleva toda su vida viéndolo despachar tras el mostrador, y ahora le ayuda por las tardes después del colegio, haciendo recados y atiendiendo a la clientela. Es un niño espabilado y aprende rápidamente los entresijos del negocio familiar, mientras observa a su padre anotar asientos en los libros de contabilidad.
Pasan los años, y en 1868 España entra en guerra con Cuba. El 15 de julio de 1873, Roque es llamado para el servicio militar. Sus padres están preocupados. Saben que si su hijo es enviado a la guerra no volverá, o volverá lisiado. La tienda de ultramarinos no ha dejado de dar beneficios y gozan de una buena posición económica. Juan Antonio está dispuesto a hacer lo que sea para que su hijo no vaya a la guerra. Si es necesario pagará los 6.000 reales que por aquel entonces solucionaban el problema.
Su expediente militar se conserva en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco. Roque Hidalgo alega padecer fuertes jaquecas que le producen vómitos. Asegura que le impiden estar mucho tiempo a la intemperie y le obligan a guardar cama con mucha frecuencia, por lo que no puede dedicarse a ninguna clase de ocupación ni oficio. El cura de la Parroquia de San Agustín, Juan Guerra Herrera, da fe de ello. Varios testigos firman que Roque padece este mal desde pequeño. El doctor Pedro Suárez Pestana lo certifica, y añade que su enfermedad no está sujeta a ningún tratamiento, considerando el mal incurable a la espera de que la edad modifique la intensidad y frecuencia de los ataques. El 4 de diciembre de ese año es excluido.
El censo de 1874 revela que sigue soltero, continúa viviendo con sus padres y trabaja de depentiente. Llama la atención que un año antes se evadiera el servicio militar alegando que por su enfermedad no valía para ningún trabajo. Es probable que trabajara en el almacén de Francisco Bethencourt López, situado en el número 70 de la calle Triana. Bethencourt fue uno de los mayores impulsores del comercio en la segunda mitad del siglo XIX. Sus tiendas de Teror y de Las Palmas fueron una auténtica escuela por donde pasaron algunos de los que luego fueron importantes comerciantes.
En algún momento entre 1874 y 1877 pasa de ser un simple dependiente a ejercer la profesión de comerciante. Su padre abre un nuevo negocio en la calle Triana y Roque se queda con la tienda de ultramarinos de la calle Remedios. Ya forma parte de la burguesía local, y comienza a comportarse como tal haciendo donativos para distintas causas. Uno de 15,50 rvn para la continuación del camino de Firgas hasta las aguas medicinales de Azuaje. Otro de 15 rvn para le reforma de la plaza del teatro.El 22 de marzo de 1877 casa con Juana Navarro Correa. Él tiene 25 años y ella 22. La ceremonia se celebra en la parroquia matriz de San Agustin, en el barrio de Vegueta. Les casa el párroco Juan Guerra Herrera, el mismo que dio fe de su enfermedad cuando lo llamaron para el servicio militar. Juana y Roque comienzan a vivir en una elegante casa de tres plantas situada en el número 15 de la calle Castillo. La casa hace esquina con el callejón Bedmar, y sus estancias son amplias y luminosas. En 1878 nace su primogénito, y se llama Juan. El segundo vendrá al año siguiente, y se llamará como su padre: Roque. En este año de 1879 se crea el Círculo Mercantil y Roque formará parte de él. También se inaugura El Museo Canario, y Roque se hace socio. Comienza la década de 1880 y la tienda de ultramarinos va viento en popa. Roque decide ampliar horizontes y a principios de 1881 viaja a Cuba a hacer contactos. Regresa el 17 de abril de ese mismo año en el vapor correo español Antonio López, que parte de la Habana rumbo a La Coruña y Santander, con escala en Gran Canaria. Al año siguiente, en mayo de 1882, nace su tercer hijo. Es una niña y se llama Dolores. El 7 de septiembre, El Comercio. Diario de noticias comercial y marítimo publica una lista de “Establecimientos públicos de Las Palmas”. La tienda de Roque figura en ella como tienda de “granos y comestibles”, en Remedios, 2. El fruto de su viaje a Cuba lo vemos reflejado el 14 de septiembre en el manifiesto de carga del vapor Alfonso XII. Roque Hidalgo carga para la Habana 123 sacos de frijoles y 18 barriles de almendras. El mismo día recibe por la fragata Trinita un cargamento de azúcar y aguardiente.
El 26 de Febrero de 1883 se coloca la primera piedra del Puerto de Refugio de La Luz. Un acontecimiento muy importante para el futuro de la isla de Gran Canaria, y para celebrarlo la casa contratista celebra un acto de gran solemnidad.Están invitados todas las autoridades, cuerpo consular, presidentes de las corporaciones y sociedades, prensa periódica, y muchas más personas distinguidas. Durante la mañana, multitud de coches de caballos han ido llegando al al edificio construido por el Comercio para Lazareto de observación. En Santa Catalina, en el lugar donde se iniciaron los trabajos, multitud de banderas ondean. Unas sobre una elegante caseta de madera levantada por la empresa constructora. Otras, sobre los lugares donde se emplazarían los cimientos del muelle transversal y los raíles de los vagones que habran de servir para transportar el material.Bajo estas banderas es donde se celebrará la ceremonia de inauguración. Todos los invitados se agrupan junto a la carretera y en la playa. El Excmo. Sr. Obispo D. José Pozuelo y Herrero, rodeado de varios
FEDAC. Autor Luis Ojeda Pérez
eclesi
ásticos y de todos los invitados, se colocó junto a los obreros en actitud de dar comienzo a la obra. En aquel momento el Obispo, visiblemente emocionado, dirige a los presentes un emocionante discurso que causa una gran impresión entre todos los presentes. El fotógrafo Luis Ojeda Pérez es el encargado de inmortalizar el momento. Entre los asistentes se encuentra nuestro comerciante. Lo encontramos a la derecha en la magnífica fotografía que disparó Ojeda, luciendo bombín y un generoso bigote. En este momento tiene 31 años, y pertenece a la Junta de Comercio.
En este mismo año de 1883, llegan a Las Palmas los vapores Dacia e Internacional con el cable telegráfico. El 16 de diciembre circula el primer telegrama procedente de Las Palmas, y en 1884 entra en funcionamiento. La dirección telegráfica de Roque será: “Hidalgo”. El 20 de julio de 1884, Roque recibe una carta de El Museo Canario en la que le informan que debido al bajo número de socios es necesario subir la cuota mensual, a lo que Roque contesta: “No estoy conforme con el aumento y me doy de baja”. El 11 de octubre se produce el hundimiento del Villé de Pará en la Baja de Gando. El telégrafo supone un impulso en las relaciones del comerciante con América y Europa, como puede apreciarse en los datos extraídos de la sección Noticias Marítimas, de El Noticieron de Canarias.
En el terreno personal, nace su cuarto hijo, un varón llamado José. El 13 de febrero de 1885 se produce otro naufragio en Gando, el del vapor Alfonso XII. Este año Roque es nombrado tesorero contador del Círculo Mercantil. En 1886, Roque deja Remedios, 2 y traslada su negocio a un local más amplio y mejor situado, en Remedios núm. 6, esquina con la calle Peregrina. A su vez abre una sucursal en Remedios 16, pero será algo temporal.
En julio de 1887 abandona Remedios 16 y abre en Triana 70. Curiosamente en el almacén donde estuvo el comercio de Francisco Bethencourt López, y donde sospecho que trabajó como dependiente. El local de 400m2 pertenece a N.P. Nathans Sons, y el contrato de alquiler se firma por 7 años con una cuota mensual de 131,25 ptas. En octubre de 1887 será pade de nuevo. Nacerá Lorenzo, su quinto hijo.
En 1888,año en el que empieza el cuaderno copiador de cartas, Roque Hidalgo es nombrado Vice-Presidente del Círculo Mercantil. El 2 de junio de 1888 pide a su agente de seguros que modifique la póliza contraincendios de Triana 70-72 elevándola a 125.000 ptas. El 13 de septiembre ocurre un suceso trágico en la entrada del puerto grancanario. El vapor italiano “Sud-América” es abordado por el buque galo de mayor envergadura y tonelaje “La France”. Se ahogan 80 italianos. El 18 de septiembre pasa por Las Palmas, en su regreso de América, el tenor italiano Roberto Stagno. Al conocer la tragedia se ofrece a dar un concierto benéfico a favor de las familias de sus compatriotas fallecidos. El concierto se celebra en el Gran Teatro. Lleva veinte años en obras y aún no está acabado. Roque Hidalgo es uno de los accionistas, imagino que acudió al concierto en compañía de su esposa.  El 12 de febrero de 1889 abandona Remedios núm. 6 y se establece definitivamente en Triana 70. En 1890 nace su quinto y último hijo: María. Los 400m2 de Triana no son suficientes y tiene alquilado un almacén en la gallera, en la calle Santa Bárbara. La póliza de seguros de este local asciende a 15.000 ptas. En abril de 1890 escribe la última carta en el cuaderno. Es el año en el que comienza a circular en Las Palmas el primer tranvía y a funcionar el servicio telefónico local con cien usuarios. En 1891, se crea el Real Club de Golf y se construye el mercado del Puerto. Comienza 1892 y nuestro comerciante acaba de cumplir 40 años. Entre el 28 de abril y el 8 de mayo se celebra en Las Palmas la Fiesta de las Flores. Una fiesta cuyo fin es mostrar las virtudes de cada municipio: plantas, frutos, animales, aves, productos agrícolas, industriales y
FEDAC. Autor: Luis Ojeda Pérez
artísticos. Se realizan concursos en los que se premia lo mejor de cada sector y Roque participa como jurado en el concurso de cestería. El fotógrafo Luis Ojeda Pérez es el encargado de inmortalizar el evento y Roque aparece en tres de esas imágenes luciendo traje de gala de autoridad civil.
Mientras Ojeda va de un lado para otro con su cámara fotografiando los pabellones que hay por toda la ciudad, el fotógrafo palmero Miguel Brito Rodríguez se dedica a captar con su cámara los interiores y exteriores de los comercios de Triana. El gran almacén de Roque Hidalgo es uno de los que pasará a la historia, y gracias a Brito hoy podemos recorrer su recorrer su comercio y su escritorio.
Merece la pena detenerse para analizar la magnífica fotografía de su escritorio. Roque aparece sentado en el centro de la imagen.
FEDAC. Autor: Miguel Brito Rodríguez. 1890-95
A sus pies hay un perro. Es posible que sea el que le envió José Mª Rocha, comerciante de Lanzarote, en noviembre de 1888. A su derecha encontramos a su hermano Juan Hidalgo López, y a su izquierda está su ahijado en el comercio Manuel Corbacho Quintana, de 21 años. Corbacho usará los conocimientos adquiridos en Triana 70-72 para montar, en un futuro próximo, su propio comercio de ultramarinos en la calle Peregrina número 12. Con el tiempo acabará siendo cónsul de Cuba. El cuarto hombre, de pie, puede que sea uno de sus criados.

La fiesta se acaba y vuelve la rutina a la ciudad de Las Palmas. Mayo se va pasado por agua y junio trae días más azules. Es un lunes por la mañana, y Roque Hidalgo sale de su casa de la calle Castillo en dirección a su comercio de Triana. El fin de semana lo ha pasado en familia, en la casa solariega que posee en Marzagán. Le acompaña su perro, al que le encanta dormir a sus pies mientras su dueño hace dinero sentado en su escritorio de caoba. Roque llega al puente de piedra y nota que le falta el aire. Últimamente le sucede con mucha frecuencia. Se detiene bajo una de las cuatro estatuas y su perro le mira mientras tuerce la cabeza. Consulta su reloj de bolsillo y le tiembla la mano. Luego seca el sudor frío de su frente con un pañuelo de seda. El tiempo se le acaba. Desde que el médico le dijo lo que padece ha tenido días buenos y días peores. Sabe que la tuberculosis no distingue entre ricos y pobres. Junio se acaba y Roque tiene cada vez peor cara. Juana está preocupada y los niños se asustan cuando ven que su padre no puede levantarse de la cama. Su hermano Juan toma las riendas del comercio y le dice que no se preocupe por nada.
Llega el mes de Julio y el médico visita la casa día sí y día también. Juana, desesperada, le ofrece una bolsa repleta de monedas de oro para que busque un medicamento que salve a su esposo. El doctor le responde que no es una cuestión de dinero, no hay remedio para lo que está llevándose a su marido. Por las noches la criada les lee cuentos a los niños y les canta nanas hasta que se quedan dormidos. Todo para que no oigan a su padre toser al otro lado de la casa. La noche del 22 de julio la salud de Roque empeora y Juana envía a una de las sirvientas en busca del médico. Los niños son despertados de madrugada y enviados a casa de unos vecinos.

El médico lleva un rato dentro de la alcoba. Fuera, Juana espera con el alma en vilo acompañada de la familia más cercana. Juan y Pedro, hermanos de Roque, tratan de mantener la compostura y tranquilizan a la esposa y a su madre que también está presente. El médico sale de la habitación con gesto serio. Juana se desmaya cuando afirma que ya no se puede hacer nada y que es hora de llamar al cura. El párroco Juan Guerra Herrera, el mismo que les casó, visita al moribundo y le administra el Santo Óleo. Los perros del vecindario aullan. Parecen presagiar la muerte. El desenlace se produce a las nueve y cuarenta y cinco minutos de la mañana. Matías Vega Padilla, procurador y amigo de personal de Roque, firma el certificado de defunción. No deja testamento. Las puertas de la calle se entornan para anunciar la desgracia y se detienen los relojes. Los espejos son cubiertos con paños y se retiran adornos y alfombras. El velatorio será breve. Lo enterrarán esta misma noche en el cementerio de Vegueta, en la cuartelada norte al naciente, parte alta, nicho 91.
El 28 de julio, el Diario de Avisos de Las Palmas publica una columna dedicada a Roque
Hidalgo López, que dice así: “Con verdadero sentimiento damos cuenta hoy de la prematura muerte del que fue muy querido amigo nuestro, D. Roque Hidalgo y López, ocurrida en la mañana del día 23 del corriente, a la edad de 40 años.
Hijo del pueblo, supo con su natural talento, su actividad y su honradez, conquistarse una posición desahogada y un puesto distinguido entre el comercio de esta plaza, del que forma parte y en él gozaba de gran crédito y general estimación.
De carácter batallador, dejaba entrever en el fondo de todos sus actos el espíritu de justicia que siempre le animaba y sus sentimientos de generosidad sobre todo tratándose de su familia a la que atendía con paternal solicitud y dentro de la cual fue dechado digno de imitación. Por eso todos sus deudos le lloran con ese dolor solo sentido por quienes en aquellas diversas circunstancias apreciaron tan de cerca sus excelentes cualidades.
La conducción del cadáver, desde la casa mortuoria, Castillo 15, al Cementerio de esta Ciudad, tuvo lugar en la noche del mencionado día 23 con un escogido y numeroso séquito. El lujoso féretro lo cubrían seis hermosas coronas en cuyas cintas se leían estas dedicatorias: Recuerdo de su esposa e hijos / Recuerdo de sus padres y hermanos / Recuerdo de amistad de sus compañeros del comercio / A mi querido primo. Juan Hidalgo Romero /A mi padrino. Manuel Corbacho Quintana / Recuerdo de sus amigos.
Una corona faltó, a nuestro juicio, entre las enumeradas, que habría sido como el símbolo del recuerdo de las Hermanas de la Caridad y de la gratitud de los pobres asilados a quienes el finado socorría siempre que aquellas virtuosas señoras acudían a él con tan humanitario objeto. Y no seguramente porque esta deficiencia hallara eco en sus bellos corazones, sino acaso por algún olvido disculpable o por otras razones independientes de su deseo y voluntad.
Reciba la atribulada familia del infortunado amigo el testimonio de nuestro sentimiento, muy especialmente sus hermanos, nuestros queridos amigos D. Pedro y D.Juan Hidalgo y López. D.E.P.”
Muere el comerciante pero los grandes almacenes de Triana continuarán abiertos. Al frente de su escritorio quedará el que siempre fue su mano derecha, su hermano Juan, que había renunciado en 1883 a su cargo como maestro de la escuela pública de San José para ayudar a su hermano con los negocios. Hasta que Juan fallece en 1917, y los grandes almacenes cierran para siempre


                             

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