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lunes, 28 de septiembre de 2020

LA HISTÓRICA LEYENDA DE LA FAMILIA CROISSIER

 MIGUEL RODRÍGUEZ DÍAZ DE QUINTANA

Retrato del Delfín, Ulysse Moussali
 
En varias ocasiones la prensa isleña ha publicado en sus páginas la novelesca historia que cuenta esta singular familia sureña que, sin duda, ha sido transmitida a través de varias
generaciones y, por tanto, es legítimo que los descendientes mantengan la veracidad de unas circunstancias que bien pudieran haber ocurrido.

Cuentan los viejos del lugar sobre esta regia estirpe francesa, que al estar amenazado de muerte el delfín francés y futuro Luis XVII, cuya familia, prisionera en la Torre del Temple, iba siendo enviada a la guillotina, al niño heredero pudieron esconderlo y sacarlo del reino. En la búsqueda de un paraje seguro para resguardarlo de todo peligro, y en compañía de un preceptor, terminó avecindado en Los Llanos de Telde. En este lugar creció, se casó y tuvo hijos, cuyos descendientes forman parte de la actual y apreciada familia que honró a la Isla al proceder de ella un ministro del Gobierno de España.

viernes, 11 de enero de 2019

LOS "AFORTUNADOS" PRISIONEROS FRANCESES DE LA ISLA DE LA PALMA

MARCELO RODRÍGUEZ FUERTES

Ponencia presentada en el V Encuentro de Genealogía Gran Canaria, 
organizado por Genealogías Canarias, celebrado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, el 15 de noviembre de 2018.

Después de una quincena de años dedicados a
la genealogía familiar, abordamos este trabajo sobre los prisioneros franceses que llegaron a la isla de La Palma en  1810, y con especial atención a los veinticinco que se casaron en dicha isla. Hace unos seis años comenzamos indagando sobre los orígenes del apellido Garnier de San Andrés y Sauces, y a continuación ampliamos la búsqueda a otros franceses que se casaron en la isla. Por entonces, muy pocos investigadores habían estudiado acerca de los prisioneros franceses llegados a Canarias: Teófilo Geisendorff Des-Gouttes,  Leopoldo de la Rosa Olivera y Pilar Cabrera Pombrol, pero recientemente se han editado las investigaciones de Jaime Pérez García, Francisco Fajardo Espínola y Cristina López Trejo Díaz, Lourdes Márquez Carmona, a pesar de lo cual nos han animado a publicar esta ponencia que con una orientación genealógica, pretende conocer la vida de dichos prisioneros y su descendencia.
Desde un principio hemos tenido curiosidad en el devenir de estos prisioneros, averiguar sobre sus vidas y en especial su descendencia, y en este último aspecto nos hemos centrado en los dos prisioneros residentes en Los Sauces, animados por la expectación creada entre sus familiares. El haber encontrado la partida de bautismo de Simón Garnieren Is-sur-Tille, departamento de Côte d´Or, Borgoña, Francia y realizar (el cuatro de agosto de 2014) un pequeño homenaje al soldado Simón Garnier, depositando unas flores con las banderas francesa y española, en el Monumento a los Muertos por la Patria de Is sur Tille,  ha sido el broche de oro de este trabajo.
En estos últimos años hemos encontrado dos partidas de bautismo más, de Philipe Montpellier y Jean Joseph Bedos, que como en el caso anterior demuestran la fidelidad de los datos aportados en los expedientes de soltería. Otra cosa es que coincidan los nombres pronunciados por un francés y escritos por un español.
La consulta de los libros sacramentales  de La Palma, los expedientes de soltería, los listados aportados por Leopoldo de la Rosa e igualmente la lista de los prisioneros de La Palma, nos han permitido confrontar los datos de dichas fuentes. Pero, debido al idioma francés original que desconocían los amanuenses, y teniendo en cuenta que una parte de los prisioneros no sabían escribir, supuso encontrarnos a veces con un galimatías de nombres imposible de resolver. 

miércoles, 4 de febrero de 2015

PRISIONEROS FRANCESES DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: SU INTEGRACIÓN EN LA SOCIEDAD DE GRAN CANARIA

CRISTINA LÓPEZ-TREJO DÍAZ
  Ponencia presentada en el I Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País
de Gran Canaria, el 20 de noviembre de 2014.
Publicada en Ponencias del I Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 1 (2015), p 76-88. Edit. RSEAPGC y Genealogías Canarias. 
Depósito Legal: GC 368-2015

El 21 de octubre de 1805, cuatro días después de la pérdida de la batalla de Trafalgar, llegaba a Cádiz el Almirante francés Françoise Ètienne de Rosily-Mesros, enviado por Napoleón tras destituir al almirante Villeneuve, con el fin de salvaguardar la escuadra franco-española en Cádiz. Rosily reorganizó una pequeña flota bloqueada en el interior de la bahía de Cádiz por el ejército británico. Tres años más tarde,el país estaba en pie de guerra contra sus antiguos aliados, los franceses, por la invasión de las tropas napoleónicas. En junio de 1808, se produce la batalla de la Poza de Santa Isabel en la bahía de Cádiz, dentro del marco de la guerra de independencia, donde los hombres de la escuadra naval francesa al mando de Rosily quedaron rendidos, erigiéndose como la primera batalla en la que el ejército español vencía al napoleónico. Los prisioneros fueron conducidos al arsenal de la Carraca aunque posteriormente fueron trasbordados a los pontones, o antiguos navíos convertidos en auténticas cárceles flotantes,frente a las costas de Cádiz.

Pontones en la Bahía de Cádiz
Así, a los 3.776 marineros de Rosily vencidos por España, se unirían pronto los 17.350 hombres del general Dupont, capturados en la batalla de Bailén. Juntos y hacinados compartirían su suerte a bordo de los llamados "sepulcros flotantes", un total de ocho, donde la mayor concentración de hombres tuvo lugar entre 1808 y 1810 en las más extremas condiciones de habitabilidad y salubridad, falleciendo muchos de ellos por hambre y fiebres.
A los pocos días de la captura de la flota de Rosily, la Junta de Cádiz decide trasladar a los prisioneros a otros lugares. Se enviaron mil a Inglaterra, otros mil a Portugal. La isla de Mallorca recibió en dos años, siete mil prisioneros aunque por su alto coste de manutención (se calcula de más de 400.000 reales al mes), el gran descontento de los lugareños y la cercanía de la base inglesa en Menorca, pronto se decidió trasladarlos a un lugar donde no molestaran, la isla desierta de Cabrera. Cada cuatro días les llevaban suministros pero pronto fueron abandonados a su suerte. Los que no morían de hambre o sed, se volvían locos. Sebastien Boulerot, prisionero francés que logró sobrevivir, contaba en sus memorias los episodios de hambruna, agresiones físicas, canibalismo, etc. que se dieron en la isla.
En 1808 la Junta de Cádiz también escribió a las autoridades del Archipiélago Canario para preguntar cuántos prisioneros podrían alojar a lo que se respondió que solo podían asumir unos mil doscientos. Canarias no estaba pasando uno de sus mejores momentos. Debido a la guerra de Trafalgar primero y posteriormente a la guerra contra el francés, las costas del Archipiélago estaban indefensas, carecían de protección naval contra posibles invasiones extranjeras. Las comunicaciones con la Península estaban interrumpidas y con ellas, la entrada de alimentos, el comercio, etc.

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