sábado, 17 de enero de 2026

EL TESTAMENTO DE ESTEBAN DIEGO CIBO DE SOPRANIS (1569), UNA VENTANA A LA HISTORIA DE LOS GENOVESES EN CÁDIZ Y CANARIAS

CRISTINA LÓPEZ-TREJO DÍAZ

orcid.org/0000-0003-4409-9260

   Ponencia presentada en el XII Encuentro de Genealogía Gran Canaria, organizado por Genealogías Canarias y Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 2025.

Resumen

La familia genovesa Sopranis fue una de las más influyentes en el Cádiz del siglo el siglo XVI. Esteban Diego Cibo Sopranis consolidó una dinastía comercial y familiar que participó activamente en el comercio atlántico. Su testamento ofrece una visión detallada de las redes familiares, las alianzas matrimoniales, la gestión de bienes además de mostrar el impacto de los genoveses en la cultural local.

Palabras claves

Familia genovesa, siglo XVI, Cádiz, Canarias, comercio atlántico, Sopranis, dinastía comercial, testamento.

Abstract

The Genoese Sopranis family was one of the most influential in 16th-century Cádiz. Esteban Diego Cibo Sopranis consolidated a commercial and family dynasty that actively participated in Atlantic trade. His will provides a detailed view of family networks, marital alliances, and asset management, as well as showing the impact of the Genoese on local culture.

Keywords

Genoese family, 16th century, Cádiz, Canary Islands, Atlantic trade, Sopranis, comercial dynasty, Will.

 

Esta ponencia constituye la última entrega de una serie de tres publicaciones previas[1] en este blog, agrupadas bajo las etiquetas “Sopranis” y “Genoveses”, que exploran la llegada del primer miembro de la familia ligur Sopranis a Andalucía y el surgimiento de una destacada dinastía comercial y familiar, cuyas delegaciones se fueron estableciendo en los territorios conquistados por los monarcas de Castilla. Estos cuatro trabajos son el resultado de dos años de indagación junto a Eugenio Egea Molina, recopilando fuentes documentales  en Génova, Jerez de la Frontera, Cádiz y, por supuesto, en Gran Canaria y Tenerife. 

Nos centraremos en el último trimestre de 1569 en la España de un Imperio  bajo el dominio de la casa de Austria con vastas posesiones en Europa y América donde la Inquisición se consolidaba como una institución clave bajo el control de la monarquía de Felipe II, regente en el momento. En el sur se estaba produciendo una rebelión de los moriscos en Granada que continuaban con la resistencia en las Alpujarras y que duraría tres años (1568-1571) en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales como la lengua, los vestidos, los baños, las ceremonias de culto, que las mujeres no se pusieran henna, etc. y en definitiva, cualquier distintivo morisco y que acabó con la expulsión de los descendientes de la población musulmana de al-Ándalus ordenada por Felipe III en 1609 como punto final a más de un siglo de intento de asimilación forzosa al cristianismo.

 


En este contexto histórico, el 26 de noviembre de 1569 en la muy noble ciudad de Cádiz, el escribano público Alonso de Villareal procedía a la apertura de un testamento cerrado, custodiado en el Archivo Provincial de Cádiz, sellado y firmado por el finado nueve días antes, actuando como testigos el licenciado Pedro Valero, alcalde mayor de esta ciudad, Esteban Pacheco, caballero de la Orden de Santiago y corregidor de Cádiz por su majestad y de Sebastián Moreno, vecino de esta ciudad, procediendo a la lectura de la identificación del testador. Se trataba del genovés Esteban Diego Cibo de Sopranis. Este documento es una cesión redactada dos días antes de su fallecimiento, acompañado por el codicilo, el de aceptación de la herencia por parte de su hijo mayor dos días después de la lectura, así como el inventario que se realiza por petición del primogénito nos da una escritura pública de setenta páginas siendo un instrumento excepcional que nos permite adentrarnos en la vida de una de las familias genovesas más influyentes del siglo XVI en Cádiz: los Sopranis. Hemos dicho bien, setenta páginas. En aquella época la tarifa de un escribano por un testamento y anexos dependía de diversos factores como la ubicación (no era lo mismo una ciudad grande que un pueblito), la complejidad del documento, la riqueza del cliente, etc. Los aranceles de cada lugar fijaban los precios máximos por hoja, acto y diligencia del momento. Los escribanos cobraban por el número de páginas redactadas, por el sello, por la comparecencia de testigos, por la diligencia de apertura y lectura, por la existencia de mayorazgos, por cada copia que luego debían realizar así como las dietas de viaje si venían de otro lado. Así no es de extrañar que se extendieran tanto en determinadas partes del documento sobre todo en las invocaciones y preámbulos religiosos.
 

En el siglo XVI el testamento no solo era un acto por el cual una persona disponía de sus bienes para después de su muerte, como ahora, sino también tenía una función espiritual, buscando la salvación del alma. La preocupación por el ánima y el Purgatorio era central. Era común que el testador dispusiera de bienes para mandas de misas y obras pías, para sufragios, limosnas y obras religiosas buscando acortar la estancia en el Purgatorio.

Las primeras páginas del presente documento de cesión están dedicadas a la salvación del alma ordenando, además, que su cuerpo fuera sepultado en la Iglesia mayor capilla del sagrario, declarando que tenía un asiento sepulcral con su nombre en una losa de mármol grande a la salida del coro.

Se trataba de la catedral vieja de Cádiz (parroquia de Santa Cruz) donde los genoveses disponían de una capilla, dedicada a Santa María y a San Jorge patrón de la Liguria, como lugar de culto y de entierro para sus compatriotas aunque dicha iglesia fue destruida por la escuadra angloholandesa veintisiete años mas tarde del entierro de Esteban Diego de Sopranis.

 

Esteban mandó que se le hicieran misas por su alma en la iglesia del convento de San Francisco de Cádiz. La Orden Franciscana en Génova está marcada por su arraigo histórico, su influencia espiritual y la figura de Santa Catalina de Génova o Catalina Fieschi (noble de las familias ilustres de Fieschi y Di Negro). Recordemos que cuando los genoveses se avecindaron en Sevilla, tenían su propia capilla en el antiguo convento de San Francisco. Sin irnos más lejos, en Las Palmas de Gran Canaria, los genoveses eran enterrados en la capilla que ellos financiaron dentro del antiguo convento de San Francisco ubicado en la actual plaza de Colón, entre ellos a Francisco Riberol y Felipe, hermano de Esteban Sopranis. Ninguno de los conventos mencionados existe en la actualidad salvo sus iglesias. En Jerez de la Frontera, los genoveses también eligieron el monasterio de San Francisco para depositar sus restos. La desamortización de Mendizábal hizo que se perdiera parte del mismo para construir el Mercado Central de Abastos.

Esteban Sopranis ordenó una serie de limosnas a los frailes de San Francisco, a distintas cofradías, santos y vírgenes como la Candelaria ubicada en el convento y actual plaza del mismo nombre, a San Roque, Sta. Catalina, etc. 

Esteban declaraba que era patrono de la capellanía de tres misas cada semana a su suegro, estableciendo que su hijo mayor Jacome continuara con la labor. El padre de su mujer Margarita era Esteban Gentile, uno de los genoveses que financió el primer viaje de Colón a las Indias y casado con Catalina de Estupiñan cuyo progenitor Bartolomé de Estupiñan, destacó por sus hazañas en África al servicio del rey de Portugal.

En el apartado de salud declaró estar enfermo de cuerpo pero sano de juicio. Con ello y ante testigos que lo verificaran declaraba su capacidad legal para testar, añadiendo que tenía como abogada a la gloriosa y bienaventurada Santa María Nuestra Señora.

¿Quién era Esteban Diego de Sopranis y qué hacía en Cádiz?.

En su testamento declara ser hijo de Jacome (Giacomo) Sopranis y de la ligur Margarita de la Scaglia. Su abuelo Rafael de Sopranis descendiente de ilustres patricios que dieron al estado varones insignes y príncipes a la iglesia, se dedicaba inicialmente al comercio de la seda decidiendo ampliar su negocio hacia el oeste, aprovechando las buenas relaciones que había entre la República ligur y el reino de Castilla.Y es que Génova era una gran potencia mercantil cuyas empresas se expandían al norte de África, la península Ibérica y posteriormente a Canarias y el Nuevo Mundo, una ruta que incrementaba la rivalidad histórica comercial con Venecia cuyas miras estaban hacia el este. Precursores de la banca, los préstamos con intereses y las letras de cambio, los genoveses aprovecharon la coyuntura de la política castellana cuyo objetivo era la ocupación de tierras, para exprimir la oportunidad de entrar en el negocio prestando capital para armas y soldados, al mismo tiempo que creaban una red mercantil en las nuevas zonas invadidas. Estas empresas comerciales surgían dentro del entorno familiar, y los vínculos de parentesco y de origen común fueron esenciales para su desarrollo y fortalecimiento.

 

Firma de Esteban Diego Cibo de Sopranis

El abuelo Rafael de Sopranis centró sus miras en Sevilla en el siglo XV repartiendo a sus hijos en distintos puntos que serían óptimos para la empresa. A Jacome, padre de nuestro testador, y a su hermano Antonio Sopranis los envió a Sevilla. Más adelante, a su hija Giacomineta la casaría con otro genovés que también se había trasladado a la ciudad de la Giralda, alguien muy conocido por los canarios, Francisco de Riverol, hijo de Giovanni Battista Rivarola (BELLO LEÓN, 1993), de noble familia genovesa, senadores, oficiales de la moneda, consejeros de la República de Génova, Banqueros, armadores, propietarios y comerciantes. Su hermano, Cosme de Riverol, casaría con Benedettina Sopranis, prima de Giacomineta. Cosme se instala en Gran Canaria definitivamente en 1510 siendo inscrito como vecino en febrero de 1511 (BELLO LEÓN, 1993). A lo largo de su vida en Gran Canaria, Cosme de Riverol mantuvo distintos pleitos relacionados con sus negocios (pleitos por unos censos situados en las tierras de Diego Cabrera en Telde. Pleitos con Martín de Vera por construir una acequia encima de la de Vera, en Moya, para el riego de su heredamiento de cañas (AZNAR VALLEJO, 1981). Cosme de Riverol también tuvo negocios en Indias.

Los Riveroles eran íntimos de la familia Lugo, de hecho financiaron parte de las conquistas de las islas realengas fortaleciendo sus vínculos familiares con alianzas matrimoniales beneficiosas. Se instalaron tempranamente en las Islas tras su conquista y supieron sacarle beneficio instalando ingenios azucareros. En 1496 nombran a Francisco de Riverol junto con el genovés Andrea de Odón para que actúen como mediadores en las diferencias habidas entre Alonso de Lugo, regidor de La Palma y Tenerife y los mercaderes genoveses Francisco de Palomar, Marco Viña, Guillermo de Blanco y Nicolao Angelate en relación a las capitulaciones que hicieron para la conquista de Tenerife (AZNAR VALLEJO, 1981).

Bautista de Riverol levantó el legendario Ingenio Blanco en el barranco de Las Garzas, en lo que hoy es Guía, aprovechando las aguas del Palmital para el cultivo y la molienda de caña. Al morir en 1526, el ingenio y propiedades pasaron a una rama familiar, los Sopranis, quienes lo mantuvieron activo hasta mediados del siglo XVII. Francisco de Riberol también era amigo de Cristóbal Colón financiando su cuarto viaje a las Indias.

 

Restos del Ingenio Blanco y recreación de lo que pudo haber sido.

La familia Riverol forma parte de la Sopranis la cual va tejiendo una red en distintos puntos convirtiéndose en el grupo genovés más importante entre los siglos XV y XVI. Los barcos de los Sopranis se adentraban en el Guadalquivir cargados de aceite, jabones, paños y cereales que exportaban a otros puntos de Europa. Aprovechando el abaratamiento de los costes, sus carracas cada vez llegaban más cargadas pero las variaciones en los bancos de arena del río reducían la profundidad disponible para estas embarcaciones con la carga al máximo, lo que dificultaba la navegación y obligaba a los capitanes a descargar parte de la mercancía antes de llegar al puerto de destino. Este gran inconveniente retrasaba mucho el negocio.

La recuperación de la ciudad de Cádiz por parte de los Reyes Católicos tras la muerte de Rodrigo Ponce de León en 1493, la convierte en la escala favorita de las naves genovesas de gran tonelaje que hacían la ruta entre la península Itálica y el Mar del Norte, mientras Sevilla quedaba relegada a los barcos de menor tamaño. Entonces los Sopranis trasladaron su domicilio a Cádiz, quedando alguno en la ciudad hispalense gozando de los privilegios otorgados a los genoveses que favorecieron la aparición de una oligarquía mercantil volcada en el comercio. Privilegios como reducciones arancelarias, un lugar para instalar su propia alhóndiga (edificio para servía como mercado y almacén público para el trigo y otros granos), otro para librar sus litigios dirimidos por sus propios cónsules. Se les otorgó baños, casas y hornos así como un lugar santo para orar, celebrar sus festividades y ser enterrados. Tenían casas tanto dentro como fuera del recinto amurallado de la villa.

En la primera mitad del siglo XVI, Esteban Diego Sopranis, nacido en Génova y tercera generación de los Sopranis en Andalucía, vivía en Cádiz y desde allí manejaba el entramado comercial de su estirpe, aumentando su riqueza vertiginosamente como muchos de sus paisanos. Con su tío político Francisco de Riverol en Canarias, dueño del Ingenio Blanco y otras tierras. Su hermano Felipe Sopranis el cual se instaló en Guía, llegando a ser regidor perpetuo de la isla hasta 1548, llevando el ingenio de Guía y casando con Clara Inglés del Castillo, nieta del conquistador onubense Cristóbal García del Castillo y la también nacida en Moguer, Marina Inglés. Felipe fue enterrado en el convento de San Francisco de Las Palmas de Gran Canaria.

Una de sus hijas, Isabel Cibo de Sopranis Inglés del Castillo contrajo matrimonio dos veces. En primer lugar, con el burgalés Francisco Manrique de Lara Salas Quijada con el que tuvo descendencia en su hacienda de Lairaga. En 1571 se une maritalmente al regidor Alejandro Bautista Amoreto, hijo del capitán Juan Bautista Amoreto, conde de Saboya, y de la genovesa Blanca Rapallo Soaggi (AMC: MARRERO MARRERO, 1913)[2]. 

Clara figura como viuda en el año 1548 ante el escribano de Las Palmas, Alonso de León, en relación con el cobro de tributos consistentes en 400 arrobas de azúcar, que debían ser abonados por los herederos de Alonso de Lugo[3]. Ella se encargaría ahora de enviar los tributos correspondientes por el azúcar a su suegro Esteban Diego de Sopranis.

El otro hermano de Esteban, Rafael Sopranis, residió temporalmente en Gran Canaria, donde gestionó parte de los negocios familiares, heredando de la hija de Francisco Riverol un impuesto de azúcar que había impuesto Pedro de Lugo (AHPSCT. A.R).  Junto a otros parientes, como el tío Bernardo Sopranis —activo en el mercado azucarero de las islas— y los tíos Antonio y Jácome —dedicados al comercio de productos provenientes del ingenio de La Orotava en Tenerife, los cuales entregaron en tributo al regidor de Tenerife, Pedro de Lugo, el 20 de agosto de 1518, así como de los ingenios de Telde y Guía en Gran Canaria, la familia extendió su influencia en el archipiélago.

 

Por su parte, Juan Antonio de Sopranis, nacido en Sevilla al igual que sus hermanos, se trasladó a la isla de Gran Canaria, estableciéndose en la localidad de Guía. Contrajo matrimonio en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hacia 1569, con Catalina Calderín, hija de los genoveses Andrés Calderín e Isabel Rapallo.

Los genoveses, entre ellos los Sopranis, adquirieron tierras, derechos de agua, propiedades para alquiler, haciendas y explotaciones azucareras, participando activamente en la producción, manufactura y comercialización del llamado “oro blanco”, que fue clave en la economía isleña durante el siglo XVI.

Jácome, hermano de Antonio, que poseyó extensas tierras de caña de azúcar y un ingenio azucarero en Gran Canaria. Junto a Antonio, también fue propietario de bienes, tierras y derechos de agua en La Orotava

Aquel día de otoño de 1569, el escribano procedía a leer la modificación del codicilo añadiendo una nueva disposición que otorgaba a Jacome Sopranis, su hijo mayor la tutela, administración, curadoría de las personas y bienes del resto de sus vástagos, así como el buen gobierno y administración de la hacienda y dejando sin valor el nombramiento de Sebastian Moreno Estupiñán, como curador y tutor de los menores. Sebastián fue un personaje de relevancia social, Caballero de Santiago y Regidor vitalicio de Jerez de La Frontera y alguien muy afín a los Sopranis y cuyas familias están unidas por lazos matrimoniales. Su nieto, Simón de Soprani Boquin Bocanegra, sargento mayor de milicias y regidor de Cádiz, heredó el mayorazgo que Sebastián fundó.

Esteban Diego Sopranis dejaba cinco hijos todos ellos nacidos en Génova como mandaba la tradición.

- Jacome Sopranis, ya en la adultez, alcanzó los cargos de sargento mayor y regidor en la ciudad de Cádiz. Tras el fallecimiento de su padre, asumió la capellanía familiar y recibió la mayor parte de la herencia, lo que le permitió continuar con la gestión de los negocios familiares y ejercer la tutela de sus hermanos menores hasta que estos alcanzaran los veinticinco años. Contrajo matrimonio con Juana Varicio, hija del regidor gaditano Simón Varicio y de Teresa Haya. De esta unión nacieron diez hijos, todos ellos en Cádiz, quienes, a diferencia de generaciones anteriores nacidas en Génova, llegaron a ocupar cargos de relevancia social, como el de sargento mayor, aunque no todos permanecieron ni fallecieron en la ciudad conocida como “la tacita de plata”.

 

Actas capitulares de Cádiz del 6 marzo de 1581

Juan de Sopranis de la Haya Varicio, hijo de Jacome y Juana, se trasladó en su juventud a la localidad de Guía (Gran Canaria) y posteriormente a Tenerife, residiendo en La Laguna. A lo largo de su vida, desempeñó destacados cargos públicos, llegando a ser Sargento Mayor de las Milicias de Tenerife, alcalde mayor de Garachico y del partido de Daute, así como Maestre de campo interino de las milicias de La Laguna. Contrajo matrimonio en la parroquia de Los Remedios de La Laguna[4] con María Fiesco Cabrera, hija del capitán Francisco Fiesco Fonte del Castillo, quien era de origen genovés y regidor de Tenerife. De esta unión sobrevivieron siete hijos. Por su parte, su hermano Agustín Sopranis emigró a las Indias, donde alcanzó el cargo de corregidor en Chucuito, Perú.

-Margarita Sopranis nació entre 1546 y 1548. Según el testamento de Esteban Diego, en el momento de su redacción, era mayor de 20 años y menor de 24. Al no haber alcanzado aún los veinticinco, su padre designó como curador y tutor a su esposo, Cristóbal Marrufo Negrón, también genovés y regidor de Cádiz en ese periodo.

-Por su parte, Esteban, Felipe y Agustín Sopranis nacieron a partir de 1554 y, según el testamento, ya habían superado los 14 años. Cabe destacar que Esteban llegaría a ocupar los cargos de regidor, sargento mayor y familiar del Santo Oficio.

-Finalmente, Rafael Sopranis nació en 1556 y, de acuerdo con el testamento paterno, contaba con trece años en ese momento.

En sus últimas voluntades, Esteban Diego de Sopranis enfatizó la importancia de la unidad familiar, instando a sus descendientes a convivir bajo el mismo techo, compartir la mesa y preservar la fraternidad. Esta petición no solo revela su deseo de armonía doméstica, sino que también subraya cómo la cohesión familiar constituía el pilar fundamental para el éxito y la prosperidad en los negocios mercantiles de la época.

La distribución de la herencia tuvo lugar formalmente en febrero de 1570, tres meses después de la apertura del testamento. Para ello, se llevó a cabo un minucioso inventario que abarcó tanto los bienes existentes en las distintas residencias como los tributos pendientes de cobro y las joyas que estaban bajo la custodia de Diego Sánchez Estupiñan. En ese momento, Diego Sánchez estaba casado con Isabel Virués, viuda de Pedro Antonio Pascua. La hija de Isabel, Isabel Pascua Virués, residía en la isla de La Palma, donde estaba casada con el regidor Miguel Monteverde, propietario del ingenio de Tazacorte e hijo de Jacome Grünberg (Monteverde).Isabel no dudó en reclamar a su padrastro, Diego Sánchez Estupiñan en 1559 la parte que le correspondía de la herencia de su padre y que aún no se había repartido entre su madre, su hermano Pedro Antonio Pascua y ella (HERNANDEZ MARTIN, 2002)[5]

El patrimonio de la familia incluía más de catorce casas en Cádiz, muchas de ellas con tiendas en la planta baja, tanto en el arrabal de Santa María como en las zonas más exclusivas de la ciudad. La residencia principal se encontraba en la calle de la Carrera. Además, contaban con tributos en Canarias vinculados a ingenios azucareros, lo que evidencia la estrecha relación de la familia con el comercio atlántico. El inventario de bienes recogía joyas —como cruces, anillos con piedras preciosas y rosarios—, paños, objetos de plata y monedas procedentes de Portugal y Canarias.

En el patrimonio figuraban también varios esclavos, como una esclava mulata llamada Clareta valorada en sesenta ducados o Jerónimo, un mulato de 27 años. El testador dispuso que Jerónimo sirviera a sus hijos durante diez años y, si no cumplía con ese servicio, debía ser juzgado formalmente como esclavo. Transcurrido ese periodo, se establecía el pago de 150 ducados para su rescate y la concesión de la libertad mediante la llamada carta de ahorría. Este hecho es un claro testimonio de la implicación de los ligures en la economía esclavista de la época. Los barcos partían de Cádiz, Sanlúcar de Barrameda y Canarias para cargar esclavos en Cabo Verde y Guinea, y venderlos posteriormente en distintos destinos.

A Sebastián Moreno Estupiñan le deja una renta de ducados para que ruegue a Dios por su alma. Declara un depósito que tiene en dos jarros de plata para pagar al almogarife de esta ciudad sobre el derecho de los azúcares de Canarias y que el pago fuera a cuenta de Jerónimo Calderina y Bernardino Canino.

 

Parte del testamento de Esteban Diego Cibo de Sopranis. AHPC.

Además, dejaba especificado la cantidad exacta de tributo fijo que había que cobrar a los inquilinos de cada una de sus casas y tiendas en Cádiz. También especificó el cobro de quinientos setenta y dos mil maravedíes de tributos abiertos cada año sobre los bienes de Felipe de Sopranis y sus herederos en Gran Canaria sobre el ingenio por ello escriturado. Se anotan las personas que deben dinero, entre ellas Dña. Clara Inglesa en Canarias, 53.562 maravedíes cada año, 2.770 ducados de corrido y 747 maravedíes. Tributos cerrados hasta fin de enero de 1570.

En definitiva, la familia Sopranis encarna el paradigma del éxito genovés en la España moderna. Su capacidad para gestionar negocios de alto rendimiento y diversificar inversiones en comercio, finanzas y propiedades les permitió consolidar una posición privilegiada en el entramado económico de la época. Social y políticamente, supieron integrarse en la oligarquía local mediante alianzas matrimoniales estratégicas y la obtención de cargos municipales y militares, lo que reforzó su influencia y prestigio.

En el ámbito cultural y religioso, los Sopranis dejaron una huella perdurable en templos, capillas y en la toponimia de la región, reflejando su compromiso con la vida espiritual y el legado artístico. A través del comercio, la política y la religión, contribuyeron de manera decisiva a la configuración de la identidad económica y cultural de dos territorios clave: Cádiz y Canarias, extendiendo posteriormente su influencia al Nuevo Mundo.

No obstante, la prosperidad de los Sopranis estuvo también vinculada al sistema colonial y esclavista, lo que exige valorar su legado en el contexto de las estructuras de poder y desigualdad propias de la época. El estudio de esta familia no solo ilumina la trayectoria de un linaje, sino que permite comprender mejor el papel de los genoveses en la construcción del mundo atlántico hispánico.

En la ciudad de Cádiz, la calle Sopranis destaca por haber albergado la residencia principal de la familia homónima, una de las más influyentes de la urbe. Antaño, esta vía era considerada la más relevante de la ciudad, no solo por su proximidad al puerto, sino también porque en ella se asentaban las familias más ilustres dedicadas al comercio con las Indias. En el número 10 de la calle sobresale la histórica vivienda de los Sopranis, actualmente conocida como la Casa Lila, debido a que fue habitada posteriormente por la familia Lila, de origen flamenco y vinculada a los Sopranis. El legado de los genoveses en Cádiz se manifiesta, además, en la riqueza artística que dejaron en iglesias y conventos, donde destacan esculturas policromadas, retablos y piezas talladas en mármol, testimonio de su profunda huella en la cultura local. El testamento de Esteban Diego Cibo Sopranis, más que un simple documento legal, es el reflejo de un trayecto vital y colectivo que atraviesa fronteras, generaciones y culturas. En sus páginas se entrelazan los caminos recorridos por una familia genovesa que, desde la Liguria italiana, se proyecta hacia Andalucía y Canarias y posteriormente al Nuevo Mundo, dejando huellas profundas en la historia social, económica y cultural de estos territorios.

 

La identidad de los Sopranis, y de los genoveses en general, se forja en la interacción entre el legado familiar, la integración en nuevas sociedades y la participación activa en los procesos económicos y políticos de la época.

La influencia de los genoveses en Canarias se refleja tanto en la toponimia como en los apellidos que aún perduran, tales como Lercaro, Fiesco, Ponte, Grimaldi, Spinola, Calderin, Riberol, Viña, Salvago, Arnao, Casañas, Franchi, Poggio, Azuaje y Amoreto, entre otros. Hoy en día, numerosos canarios conservan apellidos que evidencian su ascendencia genovesa. Más allá de los nombres, la sangre ligur sigue presente en la población, pues en algún momento todos los antepasados isleños convivieron y se mezclaron con los genoveses, contribuyendo así a la formación de una identidad canaria marcada por la diversidad cultural y la integración de distintas nacionalidades.

 

AGRADECIMIENTO

al Archivo Histórico Provincial de Cádiz por las facilidades recibidas.


[1] “Sopranis, una estirpe genovesa en Canarias y Andalucía (I)”; “Sopranis, una estirpe genovesa en Canarias y Andalucía (II)”; “Sopranis y Sopranis en Canarias, aditamentos genealógicos”.

 [2] Archivo del magistral José Marrero (Museo Canario). Libro Apuntes para la Historia de la Parroquia de Moya (1913). Tomo I página 41 vto.

[3] Archivo de Acialcázar. Legajo Sopranis.

[4] Parroquia de Los Remedios. 19 noviembre 1615. Libro 2 matrimonio, folio 76.

[5] Vol. IV, página 103. 1837


FUENTES 

- Archivo El Museo Canario (AMC)

Archivo Magistral José Marrero. 

- Archivo Histórico Diocesano de Canarias (AHDC)

Libros sacramentales (Sagrario, Arucas, Guía y Gáldar).

Índices de protocolos.

- Archivo Histórico Diocesano de S. Cristóbal de La Laguna (AHDLL)

Libros sacramentales.

- Archivo Histórico Provincial de Cádiz (AHPC)

Protocolos notariales.

- Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (AHPLP)

Protocolos notariales.

- Archivo Histórico Provincial de Sta. Cruz de Tenerife (AHPST)

Protocolos notariales. 

- Archivo Marqués de Acialcázar (AA)

Legajo Sopranis.

- Archivo parroquial de Guía (APG)

Libros sacramentales.

- Biblioteca de la Universidad de La Laguna

Núñez de la Peña, Juan. Árboles genealógicos.

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