CRISTINA LÓPEZ-TREJO DÍAZ
Ponencia presentada en el XII Encuentro de Genealogía Gran Canaria, organizado por Genealogías Canarias y Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 2025.
La familia genovesa Sopranis fue una de
las más influyentes en el Cádiz del siglo el siglo XVI. Esteban Diego Cibo
Sopranis consolidó una dinastía comercial y familiar que participó activamente
en el comercio atlántico. Su testamento ofrece una visión detallada de las
redes familiares, las alianzas matrimoniales, la gestión de bienes además de mostrar
el impacto de los genoveses en la cultural local.
Palabras claves
Familia genovesa, siglo XVI, Cádiz,
Canarias, comercio atlántico, Sopranis, dinastía comercial, testamento.
Abstract
The Genoese Sopranis family was one of
the most influential in 16th-century Cádiz. Esteban Diego Cibo Sopranis
consolidated a commercial and family dynasty that actively participated in
Atlantic trade. His will provides a detailed view of family networks, marital
alliances, and asset management, as well as showing the impact of the Genoese
on local culture.
Keywords
Genoese family, 16th century,
Cádiz, Canary Islands, Atlantic trade, Sopranis, comercial dynasty, Will.
Esta ponencia constituye la última entrega de una serie de tres publicaciones previas[1] en este blog, agrupadas bajo las etiquetas “Sopranis” y “Genoveses”, que exploran la llegada del primer miembro de la familia ligur Sopranis a Andalucía y el surgimiento de una destacada dinastía comercial y familiar, cuyas delegaciones se fueron estableciendo en los territorios conquistados por los monarcas de Castilla. Estos cuatro trabajos son el resultado de dos años de indagación junto a Eugenio Egea Molina, recopilando fuentes documentales en Génova, Jerez de la Frontera, Cádiz y, por supuesto, en Gran Canaria y Tenerife.
Nos centraremos en el último trimestre de 1569 en la España de un Imperio bajo el dominio de la casa de Austria con vastas posesiones en Europa y América donde la Inquisición se consolidaba como una institución clave bajo el control de la monarquía de Felipe II, regente en el momento. En el sur se estaba produciendo una rebelión de los moriscos en Granada que continuaban con la resistencia en las Alpujarras y que duraría tres años (1568-1571) en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales como la lengua, los vestidos, los baños, las ceremonias de culto, que las mujeres no se pusieran henna, etc. y en definitiva, cualquier distintivo morisco y que acabó con la expulsión de los descendientes de la población musulmana de al-Ándalus ordenada por Felipe III en 1609 como punto final a más de un siglo de intento de asimilación forzosa al cristianismo.
En el siglo XVI el testamento no solo era un acto por el cual una persona disponía de sus bienes para después de su muerte, como ahora, sino también tenía una función espiritual, buscando la salvación del alma. La preocupación por el ánima y el Purgatorio era central. Era común que el testador dispusiera de bienes para mandas de misas y obras pías, para sufragios, limosnas y obras religiosas buscando acortar la estancia en el Purgatorio.
Las primeras páginas del presente
documento de cesión están dedicadas a la salvación del alma ordenando, además,
que su cuerpo fuera sepultado en la Iglesia mayor capilla del sagrario,
declarando que tenía un asiento sepulcral con su nombre en una losa de mármol
grande a la salida del coro.
Se trataba de la catedral vieja de Cádiz (parroquia de Santa Cruz) donde los genoveses disponían de una capilla, dedicada a Santa María y a San Jorge patrón de la Liguria, como lugar de culto y de entierro para sus compatriotas aunque dicha iglesia fue destruida por la escuadra angloholandesa veintisiete años mas tarde del entierro de Esteban Diego de Sopranis.
Esteban Sopranis ordenó una serie de
limosnas a los frailes de San Francisco, a distintas cofradías, santos y
vírgenes como la Candelaria ubicada en el convento y actual plaza del mismo
nombre, a San Roque, Sta. Catalina, etc.
Esteban declaraba que era patrono de la
capellanía de tres misas cada semana a su suegro, estableciendo que su hijo
mayor Jacome continuara con la labor. El padre de su mujer Margarita era
Esteban Gentile, uno de los genoveses que financió el primer viaje de Colón a
las Indias y casado con Catalina de Estupiñan cuyo progenitor Bartolomé de
Estupiñan, destacó por sus hazañas en África al servicio del rey de Portugal.
En el apartado de salud declaró estar
enfermo de cuerpo pero sano de juicio. Con ello y ante testigos que lo
verificaran declaraba su capacidad legal para testar, añadiendo que tenía como
abogada a la gloriosa y bienaventurada Santa María Nuestra Señora.
¿Quién era Esteban Diego de Sopranis y
qué hacía en Cádiz?.
En su testamento declara ser hijo de Jacome (Giacomo) Sopranis y de la ligur Margarita de la Scaglia. Su abuelo Rafael de Sopranis descendiente de ilustres patricios que dieron al estado varones insignes y príncipes a la iglesia, se dedicaba inicialmente al comercio de la seda decidiendo ampliar su negocio hacia el oeste, aprovechando las buenas relaciones que había entre la República ligur y el reino de Castilla.Y es que Génova era una gran potencia mercantil cuyas empresas se expandían al norte de África, la península Ibérica y posteriormente a Canarias y el Nuevo Mundo, una ruta que incrementaba la rivalidad histórica comercial con Venecia cuyas miras estaban hacia el este. Precursores de la banca, los préstamos con intereses y las letras de cambio, los genoveses aprovecharon la coyuntura de la política castellana cuyo objetivo era la ocupación de tierras, para exprimir la oportunidad de entrar en el negocio prestando capital para armas y soldados, al mismo tiempo que creaban una red mercantil en las nuevas zonas invadidas. Estas empresas comerciales surgían dentro del entorno familiar, y los vínculos de parentesco y de origen común fueron esenciales para su desarrollo y fortalecimiento.
| Firma de Esteban Diego Cibo de Sopranis |
El abuelo Rafael de Sopranis
centró sus miras en Sevilla en el siglo XV repartiendo a sus hijos en distintos
puntos que serían óptimos para la empresa. A Jacome, padre de nuestro
testador, y a su hermano Antonio Sopranis los envió a Sevilla.
Más adelante, a su hija Giacomineta la casaría con otro genovés que
también se había trasladado a la ciudad de la Giralda, alguien muy conocido por
los canarios, Francisco de Riverol, hijo de Giovanni Battista
Rivarola (BELLO LEÓN, 1993), de noble familia genovesa, senadores, oficiales de
la moneda, consejeros de la República de Génova, Banqueros, armadores,
propietarios y comerciantes. Su hermano, Cosme de Riverol, casaría con Benedettina
Sopranis, prima de Giacomineta. Cosme se instala en Gran Canaria
definitivamente en 1510 siendo inscrito como vecino en febrero de 1511 (BELLO
LEÓN, 1993). A lo largo de su vida en Gran Canaria, Cosme de Riverol mantuvo
distintos pleitos relacionados con sus negocios (pleitos por unos censos
situados en las tierras de Diego Cabrera en Telde. Pleitos con Martín de Vera
por construir una acequia encima de la de Vera, en Moya, para el riego de su
heredamiento de cañas (AZNAR VALLEJO, 1981). Cosme de Riverol también tuvo
negocios en Indias.
Los Riveroles eran íntimos de la familia
Lugo, de hecho financiaron parte de las conquistas de las islas realengas
fortaleciendo sus vínculos familiares con alianzas matrimoniales beneficiosas.
Se instalaron tempranamente en las Islas tras su conquista y supieron sacarle
beneficio instalando ingenios azucareros. En 1496 nombran a Francisco de
Riverol junto con el genovés Andrea de Odón para que actúen como mediadores en
las diferencias habidas entre Alonso de Lugo, regidor de La Palma y Tenerife y
los mercaderes genoveses Francisco de Palomar, Marco Viña, Guillermo de Blanco
y Nicolao Angelate en relación a las capitulaciones que hicieron para la
conquista de Tenerife (AZNAR VALLEJO, 1981).
Bautista de Riverol levantó el
legendario Ingenio Blanco en el barranco de Las Garzas, en lo que hoy es Guía,
aprovechando las aguas del Palmital para el cultivo y la molienda de caña. Al
morir en 1526, el ingenio y propiedades pasaron a una rama familiar, los Sopranis,
quienes lo mantuvieron activo hasta mediados del siglo XVII.
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| Restos del Ingenio Blanco y recreación de lo que pudo haber sido. |
La familia Riverol forma parte de la Sopranis la cual va tejiendo una red en distintos puntos convirtiéndose en el grupo genovés más importante entre los siglos XV y XVI. Los barcos de los Sopranis se adentraban en el Guadalquivir cargados de aceite, jabones, paños y cereales que exportaban a otros puntos de Europa. Aprovechando el abaratamiento de los costes, sus carracas cada vez llegaban más cargadas pero las variaciones en los bancos de arena del río reducían la profundidad disponible para estas embarcaciones con la carga al máximo, lo que dificultaba la navegación y obligaba a los capitanes a descargar parte de la mercancía antes de llegar al puerto de destino. Este gran inconveniente retrasaba mucho el negocio.
La recuperación
de la ciudad de Cádiz por parte de los Reyes Católicos tras la muerte de
Rodrigo Ponce de León en 1493, la convierte en la escala favorita de las
naves genovesas de gran tonelaje
que hacían la ruta entre la península Itálica y el Mar del Norte, mientras Sevilla quedaba relegada
a los barcos de menor tamaño.
Entonces los Sopranis trasladaron su domicilio a Cádiz, quedando alguno en la
ciudad hispalense gozando de los privilegios otorgados a los genoveses que
favorecieron la aparición de una oligarquía mercantil volcada en el comercio.
Privilegios como reducciones arancelarias, un lugar para instalar su propia
alhóndiga (edificio para servía como mercado y almacén público para el trigo y
otros granos), otro para librar sus litigios dirimidos
por sus propios cónsules. Se les otorgó baños, casas y hornos así como un
lugar santo para orar, celebrar sus festividades y ser enterrados. Tenían casas
tanto dentro como fuera del recinto amurallado de la villa.
En la primera mitad del siglo XVI,
Esteban Diego Sopranis, nacido en Génova y tercera generación de los Sopranis
en Andalucía, vivía en Cádiz y desde allí manejaba el entramado comercial de su
estirpe, aumentando su riqueza vertiginosamente como muchos de sus paisanos.
Con su tío político Francisco de Riverol en Canarias, dueño del Ingenio Blanco
y otras tierras. Su hermano Felipe Sopranis el cual se instaló en Guía,
llegando a ser regidor perpetuo de la isla hasta 1548, llevando el ingenio de
Guía y casando con Clara Inglés del Castillo, nieta del conquistador
onubense Cristóbal García del Castillo y la también nacida en Moguer, Marina
Inglés. Felipe fue enterrado en el convento de San Francisco de Las Palmas de
Gran Canaria.
Una de sus hijas, Isabel Cibo de
Sopranis Inglés del Castillo contrajo matrimonio dos veces. En primer lugar,
con el burgalés Francisco Manrique de Lara Salas Quijada con el que tuvo
descendencia en su hacienda de Lairaga. En 1571 se une maritalmente al regidor
Alejandro Bautista Amoreto, hijo del capitán Juan Bautista Amoreto, conde de
Saboya, y de la genovesa Blanca Rapallo Soaggi (AMC: MARRERO MARRERO, 1913)[2].
Clara figura como viuda en el año 1548
ante el escribano de Las Palmas, Alonso de León, en relación con el cobro de
tributos consistentes en 400 arrobas de azúcar, que debían ser abonados por los
herederos de Alonso de Lugo[3]. Ella se encargaría ahora de enviar los tributos
correspondientes por el azúcar a su suegro Esteban Diego de Sopranis.
El otro hermano de Esteban, Rafael Sopranis, residió temporalmente en Gran Canaria, donde gestionó parte de los negocios familiares, heredando de la hija de Francisco Riverol un impuesto de azúcar que había impuesto Pedro de Lugo (AHPSCT. A.R). Junto a otros parientes, como el tío Bernardo Sopranis —activo en el mercado azucarero de las islas— y los tíos Antonio y Jácome —dedicados al comercio de productos provenientes del ingenio de La Orotava en Tenerife, los cuales entregaron en tributo al regidor de Tenerife, Pedro de Lugo, el 20 de agosto de 1518, así como de los ingenios de Telde y Guía en Gran Canaria, la familia extendió su influencia en el archipiélago.
Por su parte, Juan Antonio de Sopranis,
nacido en Sevilla al igual que sus hermanos, se trasladó a la isla de Gran
Canaria, estableciéndose en la localidad de Guía. Contrajo matrimonio en la
ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hacia 1569, con Catalina Calderín, hija
de los genoveses Andrés Calderín e Isabel Rapallo.
Los genoveses, entre ellos los Sopranis,
adquirieron tierras, derechos de agua, propiedades para alquiler, haciendas y
explotaciones azucareras, participando activamente en la producción,
manufactura y comercialización del llamado “oro blanco”, que fue clave en la
economía isleña durante el siglo XVI.
Jácome, hermano de Antonio, que poseyó
extensas tierras de caña de azúcar y un ingenio azucarero en Gran Canaria.
Junto a Antonio, también fue propietario de bienes, tierras y derechos de agua
en La Orotava
Aquel día de otoño de 1569, el escribano
procedía a leer la modificación del codicilo añadiendo una nueva disposición
que otorgaba a Jacome Sopranis, su hijo mayor la tutela, administración,
curadoría de las personas y bienes del resto de sus vástagos, así como el buen
gobierno y administración de la hacienda y dejando sin valor el nombramiento de
Sebastian Moreno Estupiñán, como curador y tutor de los menores. Sebastián
fue un personaje de relevancia social, Caballero de Santiago y Regidor
vitalicio de Jerez de La Frontera y alguien muy afín a los Sopranis y cuyas
familias están unidas por lazos matrimoniales. Su nieto, Simón de Soprani
Boquin Bocanegra, sargento mayor de milicias y regidor de Cádiz, heredó el
mayorazgo que Sebastián fundó.
Esteban Diego Sopranis dejaba cinco
hijos todos ellos nacidos en Génova como mandaba la tradición.
- Jacome Sopranis, ya en la adultez, alcanzó los cargos de sargento mayor y regidor en la ciudad de Cádiz. Tras el fallecimiento de su padre, asumió la capellanía familiar y recibió la mayor parte de la herencia, lo que le permitió continuar con la gestión de los negocios familiares y ejercer la tutela de sus hermanos menores hasta que estos alcanzaran los veinticinco años. Contrajo matrimonio con Juana Varicio, hija del regidor gaditano Simón Varicio y de Teresa Haya. De esta unión nacieron diez hijos, todos ellos en Cádiz, quienes, a diferencia de generaciones anteriores nacidas en Génova, llegaron a ocupar cargos de relevancia social, como el de sargento mayor, aunque no todos permanecieron ni fallecieron en la ciudad conocida como “la tacita de plata”.
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| Actas capitulares de Cádiz del 6 marzo de 1581 |
Juan de Sopranis de la Haya
Varicio, hijo de Jacome
y Juana, se trasladó en su juventud a la localidad de Guía (Gran Canaria) y
posteriormente a Tenerife, residiendo en La Laguna. A lo largo de su vida,
desempeñó destacados cargos públicos, llegando a ser Sargento Mayor de las
Milicias de Tenerife, alcalde mayor de Garachico y del partido de Daute, así
como Maestre de campo interino de las milicias de La Laguna. Contrajo matrimonio
en la parroquia de Los Remedios de La Laguna[4] con María Fiesco Cabrera, hija del capitán
Francisco Fiesco Fonte del Castillo, quien era de origen genovés y regidor de
Tenerife. De esta unión sobrevivieron siete hijos. Por su parte, su hermano Agustín
Sopranis emigró a las Indias, donde alcanzó el cargo de corregidor en
Chucuito, Perú.
-Margarita Sopranis nació entre 1546 y 1548. Según el testamento de Esteban
Diego, en el momento de su redacción, era mayor de 20 años y menor de 24. Al no
haber alcanzado aún los veinticinco, su padre designó como curador y tutor a su
esposo, Cristóbal Marrufo Negrón, también genovés y regidor de Cádiz en ese
periodo.
-Por su parte, Esteban, Felipe y Agustín
Sopranis nacieron a partir de 1554 y, según el testamento, ya habían
superado los 14 años. Cabe destacar que Esteban llegaría a ocupar los cargos de
regidor, sargento mayor y familiar del Santo Oficio.
-Finalmente, Rafael Sopranis nació en
1556 y, de acuerdo con el testamento paterno, contaba con trece años en ese
momento.
En
sus últimas voluntades, Esteban Diego de Sopranis enfatizó la importancia de la
unidad familiar, instando a sus descendientes a convivir bajo el mismo techo,
compartir la mesa y preservar la fraternidad. Esta petición no solo revela su
deseo de armonía doméstica, sino que también subraya cómo la cohesión familiar
constituía el pilar fundamental para el éxito y la prosperidad en los negocios
mercantiles de la época.
La
distribución de la herencia tuvo lugar formalmente en febrero de 1570, tres
meses después de la apertura del testamento. Para ello, se llevó a cabo un
minucioso inventario que abarcó tanto los bienes existentes en las distintas
residencias como los tributos pendientes de cobro y las joyas que estaban bajo
la custodia de Diego Sánchez Estupiñan. En ese momento, Diego Sánchez
estaba casado con Isabel Virués, viuda de Pedro Antonio Pascua. La hija de
Isabel, Isabel Pascua Virués, residía en la isla de La Palma, donde estaba
casada con el regidor Miguel Monteverde, propietario del ingenio de Tazacorte e
hijo de Jacome Grünberg (Monteverde).Isabel no dudó en reclamar a su padrastro,
Diego Sánchez Estupiñan en 1559 la parte que le correspondía de la herencia de
su padre y que aún no se había repartido entre su madre, su hermano Pedro
Antonio Pascua y ella (HERNANDEZ MARTIN, 2002)[5]
El patrimonio de la familia incluía más
de catorce casas en Cádiz, muchas de ellas con tiendas en la planta baja, tanto
en el arrabal de Santa María como en las zonas más exclusivas de la ciudad. La
residencia principal se encontraba en la calle de la Carrera. Además, contaban
con tributos en Canarias vinculados a ingenios azucareros, lo que evidencia la
estrecha relación de la familia con el comercio atlántico. El inventario de
bienes recogía joyas —como cruces, anillos con piedras preciosas y rosarios—, paños,
objetos de plata y monedas procedentes de Portugal y Canarias.
En el patrimonio figuraban también
varios esclavos, como una esclava mulata llamada Clareta valorada en sesenta
ducados o Jerónimo, un mulato de 27 años. El testador dispuso que Jerónimo
sirviera a sus hijos durante diez años y, si no cumplía con ese servicio, debía
ser juzgado formalmente como esclavo. Transcurrido ese periodo, se establecía
el pago de 150 ducados para su rescate y la concesión de la libertad mediante
la llamada carta de ahorría. Este hecho es un claro testimonio de la
implicación de los ligures en la economía esclavista de la época. Los barcos
partían de Cádiz, Sanlúcar de Barrameda y Canarias para cargar esclavos en Cabo
Verde y Guinea, y venderlos posteriormente en distintos destinos.
A Sebastián Moreno Estupiñan le deja una renta de ducados para que ruegue a Dios por su alma. Declara un depósito que tiene en dos jarros de plata para pagar al almogarife de esta ciudad sobre el derecho de los azúcares de Canarias y que el pago fuera a cuenta de Jerónimo Calderina y Bernardino Canino.
| Parte del testamento de Esteban Diego Cibo de Sopranis. AHPC. |
Además, dejaba especificado la cantidad
exacta de tributo fijo que había que cobrar a los inquilinos de cada una de sus
casas y tiendas en Cádiz. También especificó el cobro de quinientos setenta y
dos mil maravedíes de tributos abiertos cada año sobre los bienes de Felipe de
Sopranis y sus herederos en Gran Canaria sobre el ingenio por ello escriturado.
Se anotan las personas que deben dinero, entre ellas Dña. Clara Inglesa en
Canarias, 53.562 maravedíes cada año, 2.770 ducados de corrido y 747 maravedíes.
Tributos cerrados hasta fin de enero de 1570.
En definitiva, la familia Sopranis
encarna el paradigma del éxito genovés en la España moderna. Su capacidad para
gestionar negocios de alto rendimiento y diversificar inversiones en comercio,
finanzas y propiedades les permitió consolidar una posición privilegiada en el
entramado económico de la época. Social y políticamente, supieron integrarse en
la oligarquía local mediante alianzas matrimoniales estratégicas y la obtención
de cargos municipales y militares, lo que reforzó su influencia y prestigio.
En el ámbito cultural y religioso, los
Sopranis dejaron una huella perdurable en templos, capillas y en la toponimia
de la región, reflejando su compromiso con la vida espiritual y el legado
artístico. A través del comercio, la política y la religión, contribuyeron de
manera decisiva a la configuración de la identidad económica y cultural de dos
territorios clave: Cádiz y Canarias, extendiendo posteriormente su influencia
al Nuevo Mundo.
No obstante, la prosperidad de los
Sopranis estuvo también vinculada al sistema colonial y esclavista, lo que
exige valorar su legado en el contexto de las estructuras de poder y
desigualdad propias de la época. El estudio de esta familia no solo ilumina la
trayectoria de un linaje, sino que permite comprender mejor el papel de los
genoveses en la construcción del mundo atlántico hispánico.
En la ciudad de Cádiz, la calle Sopranis
destaca por haber albergado la residencia principal de la familia homónima, una
de las más influyentes de la urbe. Antaño, esta vía era considerada la más
relevante de la ciudad, no solo por su proximidad al puerto, sino también
porque en ella se asentaban las familias más ilustres dedicadas al comercio con
las Indias. En el número 10 de la calle sobresale la histórica vivienda de los
Sopranis, actualmente conocida como la Casa Lila, debido a que fue habitada posteriormente
por la familia Lila, de origen flamenco y vinculada a los Sopranis. El legado
de los genoveses en Cádiz se manifiesta, además, en la riqueza artística que
dejaron en iglesias y conventos, donde destacan esculturas policromadas,
retablos y piezas talladas en mármol, testimonio de su profunda huella en la
cultura local.
La identidad de los Sopranis, y de los genoveses en general, se forja en la interacción entre el legado familiar, la integración en nuevas sociedades y la participación activa en los procesos económicos y políticos de la época.
La influencia de los genoveses en Canarias se refleja tanto en la toponimia como en los apellidos que aún perduran, tales como Lercaro, Fiesco, Ponte, Grimaldi, Spinola, Calderin, Riberol, Viña, Salvago, Arnao, Casañas, Franchi, Poggio, Azuaje y Amoreto, entre otros. Hoy en día, numerosos canarios conservan apellidos que evidencian su ascendencia genovesa. Más allá de los nombres, la sangre ligur sigue presente en la población, pues en algún momento todos los antepasados isleños convivieron y se mezclaron con los genoveses, contribuyendo así a la formación de una identidad canaria marcada por la diversidad cultural y la integración de distintas nacionalidades.
AGRADECIMIENTO
al Archivo Histórico Provincial de Cádiz por las facilidades recibidas.
[1] “Sopranis, una estirpe genovesa en Canarias y Andalucía (I)”; “Sopranis, una estirpe genovesa en Canarias y Andalucía (II)”; “Sopranis y Sopranis en Canarias, aditamentos genealógicos”.
[3] Archivo de Acialcázar. Legajo Sopranis.
[4]
Parroquia de Los Remedios. 19 noviembre 1615. Libro 2 matrimonio, folio 76.
[5] Vol. IV, página 103. 1837
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Archivo Histórico Diocesano de S. Cristóbal de La Laguna (AHDLL)
Libros
sacramentales.
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Archivo Histórico Provincial de Cádiz (AHPC)
Protocolos
notariales.
-
Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (AHPLP)
Protocolos
notariales.
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Archivo Histórico Provincial de Sta. Cruz de Tenerife (AHPST)
Protocolos notariales.
-
Archivo Marqués de Acialcázar (AA)
Legajo
Sopranis.
-
Archivo parroquial de Guía (APG)
Libros
sacramentales.
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Biblioteca de la Universidad de La Laguna
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