jueves, 1 de diciembre de 2016

TOPONIMIA Y GENEALOGÍA

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
HUMBERTO PÉREZ HIDALGO
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015

Entendiendo la toponimia como ciencia de naturaleza pluridisciplinaria, más allá de su contenido lingüístico, es en sí misma un instrumento útil para la geografía y geología, biología (antropología, zoología y botánica), historia, sociología y etnografía, y una interminable nómina de ciencias entre las que hemos de destacar la genealogía, que es
nuestro objetivo. Pero no es exclusivamente su naturaleza pluridisciplinar la que debe ocuparnos, sino también su naturaleza interdisciplinar, por las relaciones que en ambos sentidos se establecen.
Veamos primero de los paralelismos etimológicos atendiendo a las definiciones que nos aporta el DRAE. De la voz ‘toponimia’ recoge dos acepciones:
1. f. Conjunto de los nombres propios de lugar de un país o de una región.
2. f. Lingüística. Rama de la onomástica que estudia el origen de los nombres propios de lugar, así como el significado de sus étimos.
No ofreciendo dudas interpretativas la primera acepción, profundicemos algo más en la segunda, pues el sentido lingüístico la sitúa como rama de la ‘onomástica’, de la que el mismo diccionario define el sustantivo con dos acepciones:
2. f. Ciencia que trata de la catalogación y estudio de los nombres propios.
3. f. Conjunto de nombres propios de un lugar o de un país.
También la antes mencionada voz ‘étimo’ la recoge como: 1. m. Raíz o vocablo de que procede otro.
En esa naturaleza interdisciplinar que existe entre Toponimia y Genealogía, título de nuestra ponencia, veamos lo que el DRAE recoge para la segunda, tomando por su relación las siguientes acepciones:
1. f. Serie de progenitores y ascendientes de una persona.
2. f. Escrito que contiene la genealogía de una persona.
5. f. Disciplina que estudia la genealogía de las personas.
6. f. Origen y precedentes de algo.
Queda claro que alude a personas, de su origen y precedentes, de sus progenitores y ascendentes, y es en ese contexto en el que hemos de estudiar la toponimia de Gran Canaria, isla estudiada y en particular a la que nos referiremos en todo momento.
De forma más amplia, recurrimos a la mayor definición dada por uno de los grandes filólogos españoles, quien al estudiar la toponimia de Cataluña nos dice en su lengua vernácula, cita que traduce el profesor Joan Tort (Departament de Geografia Física. Universitat de Barcelona) como:
“El estudio de los nombres de lugar es una de las cosas que más ha desvelado la curiosidad de los eruditos e incluso la del pueblo en general. Es natural que sea así. Estos nombres se aplican a la heredad de la que somos propietarios, o a la montaña que limita nuestro horizonte, o al río de donde extraemos el agua para el riego, o al pueblo o la ciudad que nos ha visto nacer y que amamos por encima de cualquier otra, o a la comarca, el país o el estado donde está enmarcada nuestra vida colectiva.
¿Puede pensarse que el hombre, que desde que tiene uso de razón se pregunta el porqué de todas las cosas que ve y que siente, no se preguntaría sobre el porqué de estos nombres que todo el mundo tiene continuamente en los labios?” (COROMINES, 1965, I, p. 7).
Hemos de destacar de su larga definición contextual su primer pensamiento “Estos nombres se aplican a la heredad de la que somos propietarios…”, pues así comenzamos a centrarnos en los antro-topónimos que guardan estrecha relación con los estudios genealógicos.
Barranquillo de Juan Inglés
Su definición nos la aporta de forma cercana el ya centenario profesor Leoncio Afonso Pérez Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Laguna, Licenciatura en Filosofías y Letras:
“Los topónimos de este grupo: nombres, apellidos, apodos, etc., normalmente hacen referencia en su origen al propietario del espacio al que se refiere. Otras veces proceden de las cualidades de las personas que residen en un lugar, de su profesión, categoría social. También se refieren a hechos más o menos trascendentes, que han ocurrido y que perviven en la memoria colectiva, lo mismo que los lugares con una función al servicio de la colectividad. Todo ellos han pervivido mucho más allá del momento en que se originó el nombre(AFONSO PÉREZ, 1996, p. 75).
Conocida esta definición y función de los antro-topónimos, parece obligado conocer que generalmente la toponimia se inscribe en una doble dimensión: la del tiempo, o ‘memoria toponímica’; y la del espacio o ‘función toponímica’, dado que tiempo y espacio fueron dimensiones muy importantes para la creación de los antro-topónimos por la memoria colectiva de los lugareños, de la cual la dimensión del tiempo nos permite aproximarnos al marco de su creación y función.
Al referirnos a un espacio territorial delimitado por el mar y a un tiempo determinado como ocurre con la isla de Gran Canaria, reglas que pueden ser aplicadas a las restantes islas, hay que tener en cuenta la preexistencia del grupo étnico aborigen, unos bautizados-sometidos y otros alzados, y la arribada del grupo étnico de los conquistadores y colonizadores-pobladores, este último con mayores variables étnicas que hemos de definir como europeos dado que concurrieron diferentes lugares de procedencia y distintas lenguas, a los que se sumaron los esclavos y libertos de origen africano, de donde puede deducirse que arribaron a la isla multitud de etnias, y donde la mayoritaria de procedencia ibérica, es donde cohabitaban diferentes reinos además del entonces no superado poder feudal de la nobleza, a los que habría que sumar los judeo-conversos, que eludieron su expulsión.
Fácilmente se entenderá que el gran mestizaje étnico tuvo singular importancia, precisamente porque ello complica en mayor manera y tamaño el estudio de la genealogía, que obtiene en su investigación una buena ayuda en los expedientes de pureza de sangre. Pero el colectivo que lo alcanza, por esas causas apuntadas es minoritario, y obliga en su investigación al recurso de los Libros parroquiales de bautismo y matrimonio, fuentes que han de tomarse con exquisitez por las dificultades añadidas de la elección de apellidos, ello sumado a la dificultad de su accesibilidad y lectura caligráfica del castellano antiguo y la propia caligrafía de quien realizó la anotación.
Es por ello que para la genealogía cobra especial apoyo investigador la toponimia, y en particular el estudio de los antro-topónimos. Todos los colectivos humanos de todos los tiempos, han practicado sistemas para delimitar de algún modo su territorio, para establecer su relación de propiedad y pertenencia, para señalar los límites de un derecho privativo, pieza fundamental del Antiguo Régimen que propició y obligó a la endogamia.
Dada la concurrencia de muchos antro-topónimos que tienen su origen en los apellidos, saben bien ustedes, que hasta el siglo XIX se podía dar el caso de hermanos y hermanas que tuvieran apellidos diferentes aun siendo hijos del mismo padre y de la misma madre. Esto era así porque en esas familias se extendió la costumbre de escoger sus apellidos para cada cual, hija o hijo.
También conocen ya que los apellidos patronímicos son los que proceden de nombres propios. Los más frecuentes en Canarias son los terminados en ‘EZ’ (de España) o ‘ES’ (de Portugal), exclusivos de las genealogías ibéricas que tienen su procedencia en los Visigodos. ‘EZ’ y ‘ES’ significan ‘hijo de’. Por ejemplo, ‘Pérez’ (Pér-ez) es ‘Hijo de Pero’ que en la actualidad es Pedro. Y creo no equivocarme que es esa su interpretación.
Y en muchos casos en las islas encontramos los apellidos toponímicos, los que hacen referencia al lugar donde se había nacido. Eran muy habituales entre los conquistadores o nuevos colonos-pobladores en Canarias, ya que para crearlos era necesario que quien los llevara saliera de su lugar de origen, se trasladara a otra población y coincidiera en el nuevo lugar con alguien que se llamara igual.
A partir de estas premisas previas, conozcamos de los tiempos toponímicos.

PRIMER TIEMPO TOPONÍMICO
Este sistema surge desde que el conquistador se convierte en colonizador -poblador de tierras y aguas en pago de sus salarios de conquista, y ello se hace por los regidores recogiendo la data en los Libros de Repartimientos, o después por los Reformadores de los
mismos, muchos de ellos desaparecidos por el expolio del corso holandés vice-almirante Pieter van der Does en 1599 y la destrucción de archivos por el incendio del Ayuntamiento y Audiencia de la Ciudad Real de Las Palmas en 1842.
Una primera aproximación a los repartimientos conocidos en la isla nos la aportó el Comisario de Patrimonio Sebastián JIMÉNEZ SÁNCHEZ (1940): Primeros repartimientos de tierras y aguas en Gran Canaria. Más detallada y completa es las transcripción realizada de los repartimientos correspondientes al período entre 1511-1558, realizada por los profesores Manuela RONQUILLO RUBIO y Eduardo AZNAR VALLEJO (1998): Repartimientos de Gran Canaria; y la más reciente publicación del ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE LAS PALMAS (2015): Datas de Gran Canaria. Documentos para su estudio.
La última publicación incluye el amplio trabajo del profesor Pedro C. QUINTANA ANDRÉS, “Estudio Preliminar”, que en las páginas 17 y 18 detalla el Reparto de tierras en Gran Canaria efectuados en la gobernación de Pedro de Vera, resumiendo de las distintas bibliografías utilizadas.
Por ellos sabemos que desde el primer momento, sometido el pueblo aborigen, se inicia el proceso de reconocer con tierras y aguas a los nuevos colonos-pobladores. Primero, los delegados nombrados por la Corona para efectuar los repartimientos de tierras y aguas calcularon el caudal de agua necesario para irrigar, en un determinado espacio temporal (medio día o jornal de un regador), una parcela de cañaveral. Se obtuvo así un módulo de repartimiento de tierra de regadío, la fanega, irrigada con su correspondiente caudal de agua, la azada de agua, y siguiendo al efecto una frecuencia de riego denominada dula.
Con estas reglas, los delegados regios distribuyeron las tierras destinadas al regadío entre los conquistadores y nuevos colonos, atendiendo a su rango y participación en el proceso de conquista y colonización. Así, en el caso de Gran Canaria, los peones fueron agraciados con la peonía de regadío, equivalente a cinco fanegas o una suerte, con cinco azadas de agua; los caballeros conquistadores recibieron el doble que los peones; y, finalmente, se premiaba con más tierra y agua a los mayores inversores en la economía azucarera, es decir, a quienes construyeran un ingenio de moler cañas. Se deduce entonces que los principales beneficiarios de las tierras de regadío fueron la minoría de grandes conquistadores y los genoveses, agentes financieros del proceso de conquista y colonización.
De alguna manera, por interés personal se ocultaba el verdadero perfil social o distinción del peticionario, recurriendo a señalar un oficio menor para así alcanzar la data, por el tamaño y acumulación de tierras iremos conociendo de los grandes patrimonios de las familias genealógicas. 
Ya el legislador por Cédula Real de 1480 buscó, desde el primer repartimiento, impulsar el asentamiento estable en la isla, y así, los repartimientos a colonizadores venían
condicionados por causas de incumplimiento a tal fin: la obligatoriedad de poner en explotación las tierras recibidas y el carácter de merced de las concesiones regias; el abandono del asentamiento por retorno a los lugares de origen o por marcha a tierras más lejanas; el incumplimiento de la exigencia familiar, por soltería o por multiplicación de residencia; etc., y se limitaba la inversión máxima de los extranjeros, aunque siempre hubo fórmulas o favores para alcanzarla.
De esta manera, conocemos de los apellidos que se establecieron en la isla, como punto de partida aunque tuvieran anterior historia genealógica fuera de ella, que no atribuimos a la generalidad de los arribados, pues muchos se enrolaron en la conquista para quedar liberados de su castigo en prisión.
Al describir las suertes de tierra repartidas, conocemos del beneficiado, del lugar, de los linderos con otros beneficiados, y de alguna manera comienzan a convertirse sus nombres, apellidos o cargos en topónimos que llegan a nuestros días, y que clasificamos como antro-topónimos.
También conoceremos de los repartimientos, de sus reclamaciones como pagos de salarios de conquista o de pleitos por tierras, a través de los Documentos de los Archivos del Sello, del Archivo de Simancas, de los Archivos de Protocolos de Sevilla y otros más, entre los que tenemos que incluir los del Archivo Histórico Diocesano y el Archivo Histórico Nacional. De ellos tenemos libros, artículos y ponencias con información suficiente para conocer de aquellos que nos eran desconocidos o escasamente documentados. Investigadores que a nivel individual o colectivamente han construido una buena fuente bibliográfica de los documentos canarios en estos archivos: Eduardo AZNAR VALLEJO, Juan Manuel BELLO LEÓN, Francisco CABALLERO MUJICA, Alejandro CIORANESCU, Mª. Dolores DOMINGO ACEBRÓN, Isabel FUENTES REBOLLO, Emelina MARTÍN ACOSTA, Mª Luisa MARTÍNEZ DE SALINAS ALONSO, Francisco MORALES PADRÓN, Natalia PALENZUELA DOMÍNGUEZ y Ana VIÑA BRITO.
Y como no todos fueron objeto de divergencias que se trasladaban a la Corona, serán los documentos notariales los que adquieren un valor importante como fuente bibliográfica, con investigadores, además de los antes nombrados, como Buenaventura BONNET REVERÓN, Manuel LOBO CABRERA, Guillermo CAMACHO Y PÉREZ GALDÓS,  Pedro A. DEL CASTILLO RUIZ DE'VERGARA, Santiago CAZORLA LEÓN, Agustín MILLARES TORRES, Carlos PLATERO FERNÁNDEZ, Pedro C. QUINTANA ANDRÉS, Antonio RUMEU DE ARMAS,  Antonio SANTANA SANTANA, Elías SERRA RAFOLS y Vicente J. SUÁREZ GRIMÓN´, entre otros muchos que se pierden en mi memoria, y sin olvidar la callada labor investigadora en esta materia de los Cronistas Oficiales en sus ámbitos respectivos.
En muchos casos estos antro-topónimos nos han obligado a consultar otros dos autores fundamentales, con toda lógica muy recurridos por los genealogistas, como lo son José A. CEBRIÁN LATASA y Tomás TABARES DE NAVA que han compendiado e ilustrado de los conquistadores y sus descendencia el primero, y, de importantes árboles genealógicos el segundo. Y es obligado mencionar a quien los genealogistas homenajean este año: el académico Francisco FERNÁNDEZ BETHENCOURT.
Todos ellos no estarían acercando al que he definido como el primer tiempo de la ‘memoria toponímica’, en particular de los antro-topónimos, el de los Repartimientos, y en algunos de ellos tenemos testimonios genealógicos donde los hijos y hermanos reconocen a sus padres, al heredar sus derechos de tierras y aguas, pues muchos Libros de Bautismo de los primeros tiempos de las primigenias ermitas acabaron en cenizas por el incendio del corso holandés.
También nos permite conocer de la costumbre de entonces, cuando se daban homónimos que se distinguían con los apodos de ‘el viejo’ y ‘el mozo’, con clara alusión a padre e
Barranco de Azuaje
hijo, y cuando no había parentesco de sangre, se recurría a la adición del apellido toponímico, por el lugar de procedencia como ya se ha dicho.
Veamos un ejemplo en (ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE LAS PALMAS, 2015, p. 85):
“Bartolomé Martínez de Çorita e Alonso / de Çorita, el moço, e Martín de Chaves.  En diez e ocho días del mes de agosto, de mill e quinientos e ocho años, estando juntos en cabildo en la posada  del señor gobernador Lope de Sosa, el señor Pedro de Peralta, su teniente, e García de Lerena, e Batista de [Riberol, e el bachiller Pedro de Valdés, regidores, e Francisco de Mercado, personero, e en presençia de mi, Juan de] Ariñez, escriuano mayor del conçejo de esta ysla, se presentó una petiçión de Bartolomé Martínez de Çorita e de Alonso de Çorita, el moço, e de Martín de Chaves, hijos de Alonso de Çorita, el viejo, por la qual dixeron que en Tintiniguada, ençima de las tierras que fueron dadas a Gómez Arias, hierno de Xaraquemada, e tierras de Manuel Ramos, hay obra de ciento e cincuenta hanegas en sembradura, de helechares e otros montes; pidieron a los dichos señores les hiziese merçed dellas para desmontarlas e aprovecharlas para ellos …”

SEGUNDO TIEMPO TOPONÍMICO
Dejando atrás los tiempos de la conquista y poblamiento de la isla, avanzando en las fechas de los propios protocolos notariales nos adentramos en el Antiguo Régimen de la propiedad, la que nos permitirá conocer cómo los bienes se vinculaban entre sí constituyendo simples vínculos, patronatos o mayorazgos, sin olvidar las capellanías. Es el segundo tiempo, el del Antiguo Régimen, cuando los bienes pasan al heredero señalado por el testador, en muchos obligándolo al mantenimiento del apellido, lo que supone una gran ayuda en el estudio genealógico. Serán los protocolos de la constitución de vínculos, patronatos y mayorazgos por legajos testamentarios de escribanos y notarios los que nos permitirán conocer de la genealogía, aparente y exclusivamente vinculada al descendiente heredero, cuya principal pista es el bien raíz que es conocido por el antro-topónimo.
Pero como decimos, es aparente que sólo conocemos del heredero, y no es así por las costumbres de esos tiempos, no abandonaban al resto de los hijos, que son mencionados en sus testamentos, manifestando los bienes no vinculados dados en dotes a sus hijas para su casamiento de donde conocemos de la endogamia practicada, o las congruas concedidas a sus hijos para el ejercicio de su profesión eclesiástica, o las capellanías de sangre constituidas nombrando capellanes a sus descendientes a cambio de misas perpetuas, o las obras pías concedidas al convento que dio amparo a sus hijos o hijas que hicieron el voto de pobreza.
Y la pista esencial que nos puede conducir a ello son precisamente los antro-topónimos, uniendo en muchos casos los hagio-topónimos, relacionados con las capellanías y la obligación de sostener la ermita construida o prometida en la búsqueda de su prestigio social.
“Las referencias a la vida ultraterrena y antagónicos también tienen su lugar en la toponimia, lo mismo que las fundaciones, como capellanías y tierras donadas a la Iglesia, además del papel desarrollado por los cargos eclesiásticos. Todas estas variantes multiplican el número de voces con este origen” (AFONSO PÉREZ, 1996, p. 91).
Hemos de destacar de forma especial en esta materia la importante tesis doctoral del mencionado profesor Vicente J. SUÁREZ GRIMÓN: La propiedad pública, vinculada y eclesiástica en Gran Canaria en el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen (1987), y las diferentes ponencias y artículos desarrolladas para la misma, en especial “Propios y realengos en Gran Canaria en el siglo XVIII” (1978). En mi trabajo investigador ha sido muy importante disponer de esta información para la toponimia en general, y de forma particular para relacionar el antro-topónimo con una familia genealógica en concreto.
En una sociedad agraria dependiente del patrón propietario de las tierras, tanto por relación de jornalero, colono de tierras o medianero, la referencia obligada a la propiedad de las tierras adquiere y sustenta la construcción de un antro-topónimo, que pervivirá a lo largo de nuestra historia moderna en la sucesión dentro de la familia.
Dando por descontado que sólo los procesos de desamortización teóricamente permitirían poner en explotación las tierras “en manos muertas”, en muchos casos con rendimientos inferiores a los óptimos que condicionaba la reforma agraria, la vinculación de los bienes nos aportará como única ventaja conocer de los descendientes sucesores por los que fue pasando su tenencia y disfrute, que nos aporta buena luz en el conocimiento genealógico.
Y ello gracias al conocimiento del propietario de las abundantes tierras, por el que la memoria colectiva de los lugareños creó el topónimo, ya clasificado como antro-topónimo identificador del antropónimo, y en otros casos llegamos incluso a conocer del grupo étnico al que pertenece, de su género, gentilicio, mote, oficio u origen de procedencia.
Así tenemos que multitud de ellos en la isla responden a tales fundamentos, del primero y segundo tiempo toponímico, donde se cruzan descendientes de la etnia aborigen preexistente con la etnia arribada, y en la que se nos cuelan algunos antro-topónimos más modernos que deliberadamente no hemos querido excluir de esta amplia relación:
Antropónimos: ábalos, agustinas, albiturria, anchieta, andújar, aragómez, arbelos, argüello, ariñez, arnao, bachicao, barahona, barbosa, barrial, bartolo, bascamao, becerril, berlanga, bernardino, betancora, biliandra, bracamonte, buenaventura, calva, camacho, cambalud, caraballas, caraballos, carnedagua, carreñas, carrión, castillos, catela, catelas, catrillo, cerpa, clemente, coruña, corvo, chirino, domínguez, doñana, doramas, galeote, galindo, garcía, giles, góngora, gonzalo, guriete, herrera, jacomar, jerez, josé, leones, lópez, lorenzo, lucena, luis, macarios, madrid, maldonadas, marente, marmolejo, marreras, marteles, martín, martínez, mateos, matías, matos, mederas, megía, melchora, menas, merina, merino, millares, miller, mirabal, mirabala, mirele, mirón, monagas, monroy, montemayor, montesdeoca, monteverde, monzones, morales, morón, moya, mujica, navarros, negrin, nicolases, ojeda, pacheca, padilla, padillas, padrón, padrones, paulino, pavón, pavonas, pineda, pinedas, ponce, quintanas, quintanilla, ramírez, riquiánez, rivero, riveros, rornán, rosadas, rosales, rosiana, ruanas, rugallo, salvago, sanabria, sánchez, sardina, sardo, schamann, siberia, siberio, silva, solís, soria, tarifa, tenorio, trompeta, troya, troyanas, trujillas, trujillo, valerón, vargas, velázquez, vélez, vergara, vicentes, vicentillos, villarona, zambrano, zamora, zárate, zurbarán, etc.
También nos encontramos otros antro-topónimos que nos informan de etnias, gentilicios, motes, oficios, y lugares de origen, que conociendo de los propietarios de las tierras nos permitiría aventurar de otras particularidades que no son recogidas en los protocolos notariales. Así tenemos:
Etnias: berbería, fula, meleguinas, morena, morenitos, moreno, morenos, moriscas, morisco, moriscos, negra, etc.
Gentilicios: canario, castellana, castellano, castellanos, catalán, filipina, gallego, gomera, gomerito, gomero, lombarda, vizcaína, etc.
Mote: babilones, cano, corcova, corcovada, corcovado, manco, tanasio, tuertos, etc.
Oficio: albarderos, alfaques, alguacilejo, amadores, bachilleras, boticaria, canónigo, capellán, capitán, cardenal, carnicero, carpinteras, cazadores, cerera, clero, coronel, cura, curato, deán, doctoral, espartero, fraile, frailes, herrero, molinera, molineras, monjas, pagador, vaquero, zapatero, etc.
Origen: canarias, inglés, majoreras, mondragón, portuguesas, portugueses, sevilla, vasco, etc.
Podría estimarse que estos atributos pueden ensombrecer la investigación, pero nos serán de inmensa ayuda, pues ya conocemos de casos de deficiente transcripción o de errores caligráficos en la mención de los apellidos en los registros parroquiales. Les ilustro con un simple ejemplo.
El amigo y Cronista Oficial de la Aldea Francisco SUÁREZ MORENO (2008) escribió el
artículo titulado “Carmita Díaz (1894-1983). Semblanza de una partera”, que incluía el siguiente párrafo con datos tomados de Libros de Bautismo (8-10) de la Parroquia de San Nicolás de Tolentino:
“El 20 de febrero de 1894 nacía en La Aldea de San Nicolás, en el hogar formado por Pedro Díaz Afonso y Fermina Suárez Gourié, la niña Carmen Celedonia Díaz Suárez. Es el comienzo de una larga historia familiar. Su abuela, Josefa Nieves Gourié, era natural de Arucas, de la conocida familia de propietarios y se casó en La Aldea con Juan Suárez González.”
Por las señas referidas en el párrafo, conocía que hacía referencia a Alfonso Gourié Álvarez-Conde, del que ya conocía su costumbre de mantener relaciones amorosas con empleadas de su servicio doméstico, supuse que era una hija más, a sumar a los siete hijos que tuvo con dos mujeres hermanas, y de los que reconoció poco antes de su fallecimiento sólo a dos, registrados ambos en la Capilla del Rosario como cuneros, Rosario y Francisco Gourié Marrero, y así lo recogí en mi libro sobre la historia de Arucas (Silencios rotos. El desflorillado de la historia aruquense, 2012, p. 120).
Pero en abril de este año, retomando su artículo el autor, me preguntó si los Gourié tenían tierras en las Tirajanas, dado que   
“… tenemos en 1814 un Guriet que se casa con una de La Aldea Juana Espino y deja esa descendencia, siendo su padre según consta en el acta matrimonial natural de Tirajana registro del 5 de noviembre de 1814. Y sobre la marcha se me encendió el piloto rojo: pues no puede ser de los Gourié ricos de Arucas.”
Esta nueva derivación en sus investigaciones me llevó al topónimo de los Llanos de Guriete, al naciente de La Fortaleza en Santa Lucía de Tirajana, donde consideré pudo estar vinculado a las propiedades de los Guriete.
“...Con fecha de 19 de diciembre de 1521, este Juan Bautista, genovés,  hermano o primo de un brumoso Antón Salvago y de una Isabel Salvago que casó con un Sebastián Guriete, que por entonces era en Gran Canaria el apellido de una familia de negros, posiblemente moriscos, o Gutierrez  si es que está incorrectamente transcrito, aparece como vecino de Gran Canaria, todavía mercader, en una escritura de débitos por vino traído de las islas de Madeira” (PLATERO FERNÁNDEZ, 1997, pp. 204-205).
Apellido que consolidó en la isla y por aquellos pagos, dado que tenemos una nueva referencia, en los tumultos de Artenara y Tejeda y se practicaba la información sumaria contra los usurpadores el 23 de junio de 1819, a la hora del mediodía la casa fue cercada por unas cuarenta mujeres pretendiendo que se les entregara las diligencias, y fueron apresadas cinco de ellas. Ello originó que se
“… volvieron a amotinar las mugeres en crecido número vestidas de hombres y se dirigieron donde estaban presas las otras cinco queriendo romper las puertas si no se les entregaba las llaves, y que abriendo, en efecto, dichas puertas para soltarlas, alzo el garrote Salvador Guriete, de aquel vecindario, y descargo un fuerte palo a el alcalde hiriendole en la cabeza(SUÁREZ GRIMÓN, 1988, p. 225).
Entenderán de esta narración, que el error de transcripción o caligrafía nos ha llevado tanto a su autor como a mí, a errar y cuando hemos tratado de enmendar, nos quedamos en un interrogante hasta tanto encontremos algún dato genealógico más que nos permita llegar hasta Fermina Suárez Gourié o Guriet/e.
Como habrán podido deducir de este caso, además de considerar las debilidades que pueden tener los Libros Parroquiales, queda acreditado cómo por la toponimia se puede llegar a la genealogía, aunque tengamos una investigación inconclusa, y así sucede en muchos otros casos

TERCER TIEMPO TOPONÍMICO
Hemos de situarlo en la segundo tercio del siglo XIX cuando las nuevas tendencias liberales inician las leyes de desamortización que van a tener un notable importancia en la transparencia documental. De una parte, la primera, porque se hacen públicos los libros de Capellanías custodiados en las parroquias y se produce la expropiación de los bienes eclesiásticos que dará término a la interrupción del incumplido censo en pago o “amortización de la propiedad realenga o de Propios” concedida en data, que dará paso a la propiedad privada por adquisición en subasta, que proveerán de recursos económicos al Tesoro Público en quiebra por las guerras de tronos.
Como decíamos, empiezan a conocerse las capellanías que aportaban censos a las parroquias y eran administradas por los patronos establecidos por el testador. Es una formula bastante curiosa, donde son patronos y capellanes los descendientes milicianos los primeros y religiosos los segundos, que de alguna forma vuelve a atestiguar las costumbre endogámicas desde un pacto no escrito mientras la parroquia reciba las rentas de las tierras.
Y de otra parte, la segunda, se retomará la división y liquidación de vínculos, patronatos y mayorazgos, desvinculando los bienes de forma tal que los mismos se dividen entre sucesores quienes podrán venderlos individualmente. Serán estos protocolos los que
Ermita de S. José en Caideros
volverán a vincular la toponimia a la genealogía, que se verá favorecida con la creación del registro civil
Es así como con pruebas documentales tenemos el testimonio cierto de aquellos que no descuidan su prestigio social, y en tiempos de persecución inquisitorial, alardean de su fe construyendo capillas o patentizando su fe cristiana, en unos casos para que se conozca que es converso y no un hereje, reconociendo también en el culto y los bienes que construye señalado con el topónimo para su historia:
Advocación: agustín, andrés, antón, antonio, bartolomé, belén, bernardo, brigida, candelaria, carmen, catalina, cayetano, clara, concepción, cristina, cristo, cristóbal, diego, dolores, domingo, elena, felipe, fernando, flora, francisco, gregorio, inés, isabel, isidro, juan, juana, lucía, maría, milagrosa, sebastián, etc.
Culto: agonías, animas, avemaría, campanario, capilla, ermita, etc.
Ermitas terminadas en haciendas vinculadas:
Ermitas en proyecto:
Ermitas relacionadas con vínculos:
 Fuente: SUÁREZ GRIMÓN, 1987, p. 776.

Muchos de los bienes eclesiásticos objeto de incautación y subastados por el Estado fueron adquiridos por la emergente burguesía de las islas, que desempeñaban cargos en las milicias o en los oficios eclesiásticos, en gran medida conocedores de los bienes que se subastaban pues eran administrados por ellos mismos y de cuyo producto pagaban su censo a la parroquia como ya se ha dicho. Y en una gran mayoría, nacidos de la endogamia del Antiguo Régimen que se perpetuaba en ellos para así, de esta forma, el vínculo de los bienes es sustituido por el vínculo de sangre de la familia que protegerá practicando la endogamia como ya se ha dicho.
De alguna manera esta realidad de lo acontecido, impidió la consecución del acceso a la propiedad agraria de aquellos que la trabajan, y por consiguiente, el esperado éxito de la reforma agraria pretendida.
Coincide también con los tiempos de la privatización por subasta de los bienes Propios ya trasladados a los Ayuntamientos por el Cabildo, cuyos lotes de subasta son definidos por los regidores municipales en los que están personados los nuevos burgueses y así dominar los remates, desde su condición de herederos de sangre de los grandes poseedores del Antiguo Régimen.
Un ejemplo de las sucesiones endogámicas en el control de los Ayuntamientos en los tiempos de la Desamortización lo encontramos en los alcaldes de Arucas (Silencios rotos…, 2012, p. 76):
1834 Ponce Ponce, Antonio José
1835 Rodríguez Barbosa, Gregorio Domingo
1836 Ponce Medina, Miguel
1836 González Armas, Vicente
1837 Ponce Ponce, Antonio José
1838 Ponce Medina, Miguel
1839 Rodríguez Barbosa, Gregorio Domingo
1840 Ponce Ponce, Antonio José
1841 González Rodríguez, Francisco
1842 Borges del Manzano, José Antonio
1843 Ponce Ponce, Luis
1844 Rodríguez Barbosa, Gregorio Domingo
1846 Ponce Ponce, Antonio José
1850 Ponce Ponce, Luis
1852 Ponce Marrero, Juan
1857 Ponce Ponce, Luis
1861 Suárez Ponce, Miguel
1863 González Castellano, Bruno
1868 Ponce Ponce, Luis
1869 Ponce Ponce, Luis
1870 Ponce Ponce, Luis
1872 Castellano Ponce, Pedro
Otra variante toponímica es el anonimato de la propiedad, y así aparecen de este tiempo los socio-topónimos, porque hombres y mujeres no eran seres solitarios, precisaban vivir en colectividad, en la sociedad de entonces. Fundaron los sistemas de propiedad de la tierra y del agua que constituían el Antiguo Régimen, pero por causas no despejadas, parece perderse la huella de su antiguo propietario, porque aquel hipotecó los bienes para obviar la vinculación, por el impago de los censos y adjudicación al prestamista, o porque no afrontó los pagos del remate. Y de ellos quedaron en la toponimia algunas muestras:
capellanía, data, dehesa, dehesilla, ejido, mayorazgo, mayordomía, santísimo, tribunal, vinculación, vínculo, etc.
Todos ellos son bienes privados, y como tales encontramos la huella en los protocolos notariales, donde se hizo constar su antiguo propietario y los vínculos familiares de quien los heredó, e igual en el caso de bienes de Propios o realengos, pues era y es norma acostumbrada en las minutas reflejar en el expositivo de cómo accedió el otorgante a su propiedad, o en su caso, las causas que motivaron la adjudicación al Estado.
Podría pensarse que las capellanías y las demás figuras del Antiguo Régimen son pocas y
Arucas, aprox. 1917. FEDAC
aportan poca luz a la genealogía y a la toponimia, pero la realidad es muy distinta y como ejemplo permítanme volvamos al caso de Arucas (El Sultanato y los Jóvenes Turcos. Anales de la Historia de Arucas, 2015, p. 15):
“Para conocer la verdadera dimensión de los bienes vinculados, con casas, tierras y aguas afectados por las leyes de desamortización en la jurisdicción de Arucas que despertaban muchas ambiciones entre sus propios poseedores, patronos, administradores o censatarios, conozcamos la larga lista de quienes fueron los fundadores de mayorazgos, capellanías y otros vínculos con bienes en Arucas, por orden cronológico de su constitución, sin olvidar el oficio que desempeñaban si lo declaraban:
Jerónimo de Pineda (1543); capitán Hernando Padilla y su mujer Luisa Espino (1562); capitán general Pedro Cerón y Ponce de León y su mujer Sofía de Santa Gadea (1572); Gregorio Barretos (1647); labrador Domingo López (1648); María Guerra, viuda de Gregorio Álvarez Travieso (1649); licenciado Luis León Afonso (1669); maestro de campo Antonio Trujillo (1671); Juliana Pérez, viuda del capitán Domingo Suárez (1672); capitán Juan González de Niz y su mujer Justa Sánchez de la Trinidad (1674); María Laso de la Vega, viuda del capitán Juan Tejutas Cano (1674); capitán Juan Matos y su mujer María González (1680); bachiller Juan Mateo de Castro (tres, 1680, 1683 y 1688);  SÁNCHEZ beneficiado de Gáldar Francisco Sánchez Tovar y su madre María Sánchez del Rosario (1686); canónigo Juan González Falcón (1693); Blas Ortega Ortiz (1693); Fernando de Armas Troya y su mujer Catalina Álvarez de Godoy (1693); capitán Gaspar Álvarez de Godoy y su mujer Inés González (1697); licenciado Blas González de Niz (dos, 1702 y 1717); Josefa Castillo Olivares, viuda del maestro de campo Antonio Trujillo Vergara (1704); Luisa Antonia Trujillo Figueroa, viuda del sargento mayor Alonso Olivares del Castillo (dos, 1705 y 1726); licenciado Matías Lorenzo Fernández (1711); bachiller Juan Quintana Rodríguez (1714); presbítero Blas González de Niz (dos, 1716 y 1717); canónigo Manuel Álvarez de Castro (1717); Bartolomé Navarro Ortega (1718); Blanca Moreo del Castillo, viuda del sargento mayor Alonso Muxica Lezcano (1720); Francisco de Niz y su mujer Catalina Rodríguez (1722); Estebana María Perdomo (1725); licenciado Leandro Curbelo (1728);  Ana Vargas Timagada (1734); Beatriz Quintana (1738);Tomasa Miguel González (1738); capitán Gaspar de Ayala Quintana (1742); coronel Francisco Manrique Amoreto (1748); Alonso Jordán (1750); maestro escuela José Álvarez de Castro y Godoy (1753); Ana María Rosales, viuda de Gregorio González Marrero (1753); presbítero Francisco Ponce Navarro (1759); Juan González Travieso y su mujer Ana Suárez Fleitas (1763); canónigo Manuel Massieu Monteverde (1765); Tomasa Henríquez, viuda de Domingo Guerra Travieso (1767); Petronila Cabrera Vargas (1767); presbítero Gregorio Borges del Manzano (1770); presbítero Juan González Zambrano (1770); Tomasa Henríquez, viuda de Domingo Guerra Travieso (1772); presbítero José Antonio González Marrero (1772); canónigo Vicente Antonio de Armas (1777); y Domingo Hernández Naranjo Nieto y el Marqués del Buen Suceso Juan Domingo Hernández Naranjo Monasterios (1788).”
Con esta larga relación de nombres y apellidos con indicación del año de fundación con protocolo notarial, convendrán conmigo que mucha información habrá para la genealogía, y también, que aporta mucha información toponímica.

CONCLUSIONES
De la experiencia acumulada tengo la profunda convicción de que la toponimia aporta a la genealogía una notable fuente de información, o al menos de localización de los protocolos para llegar a definir un árbol genealógico. A la viceversa, por esa misma experiencia, puedo afirmar que la genealogía me ha permitido conocer a quién o quienes alude el topónimo.
En todo este proceso de investigación, conociendo mucho de los pequeños lugares de nuestra tierra, primé la excelencia del detalle, método que me permitió aproximarme a los orígenes del asentamiento y el significado del topónimo,  apoyado documentalmente para construir el mejor relato de cada lugar, situándolo en el escenario de la isla, todo ello enmarcado en un buen diseño de comunicación, para dar respuesta a la curiosidad humana que a todos nos embarga sobre el lugar donde hemos nacido o crecido.
No de todos ellos habremos obtenido la prueba documental de la autoría del topónimo, pero como en muchos casos hemos tenido que recurrir a la lógica filosófica, al silogismo de dos premisas que llevan a una conclusión certera, como ese vivo refrán castellano: blanco y en botella.
Podría extenderme muchos más, entrar en muchos ejemplos, pero creo que era más importante conocer de forma estructurada los acontecimientos de los tiempos toponímicos para entender de ellos, y de porqué la memoria colectiva creó el topónimo como patrimonio inmaterial, que no es de nadie en particular y sí de todos. Espero haber complacido las expectativa que el título pudiera haber despertado, pero no duden que lo he contado con la pasión que ponemos los que estudiamos la genealogía y la toponimia, empezando siempre por uno próximo a nuestra propia persona, que termina enganchándonos en la búsqueda de muchos otros, como decía, sólo por la pasión que en ello ponemos, buscando descifrar de alguna manera lo que pudo ser el pasado.
Agradezco la atención que me han prestado y, como no, a la organización del III Encuentro de Genealogía, particularmente a Cristina y Eugenio, que me ha permitido la posibilidad de contar de las ventajas que el conocimiento de la toponimia puede aportar al conocimiento de la genealogía, y viceversa. En algunas de mis entradas he reseñado la fuente bibliográfica del blog GENEALOGÍAS CANARIAS, pues les sigo y me aporta buena luz a mis investigaciones, y quede ello como muestra de mi reconocimiento a su dura labor investigadora. De nuevo, gracias a todos.


Bibliografía:
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