viernes, 2 de diciembre de 2016

PORTUGUESES REFLEJADOS EN LOS REGISTROS SACRAMENTALES DE TELDE (1503-1700)

AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
JESÚS E. RODRÍGUEZ CALLEJA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015

Fue destacada la presencia portuguesa  en Canarias, sobre todo en los momentos inmediatos a la conquista de las islas y que se prolongó durante los siglos XV, XVI y XVII. Su presencia ha quedado patente en los diferentes aspectos de la vida cotidiana, que se observa en diversas manifestaciones como el arte, la ganadería, la agricultura, la
toponimia, la climatología, la pesca  y diferentes actividades domésticas, y que se recuerda a través de un lenguaje, que antes de afirmar que fue imposición, debemos reconocer que se trató de una asimilación y aceptación por parte de la nueva sociedad y población que se estaba formando y consolidando en las islas.
Palabras como millo, bubango, ñame, masapés, sorriba o bosta  nos ponen en relación con un pasado agrícola y ganadero; burgao y liña, con la pesca; sorimba y enchumbarse con la lluvia. Diferentes árboles se nominan con el prefijo ero, por aportación portuguesa, como: almendrero, naranjero, manzanero y  castañero, además de otras plantas como viñátigo, acebiño, faya, follao y til, pero también son frecuentes palabras del desempeño cotidiano, que atienden a sentimientos, estados de ánimo, actividades comunes y elementos domésticos, entre las que podemos recordar a: aguachento, alongar, amularse, atillo, cambado, entullir, escarrancharse, fañoso, fechadura, fechar, ferruge, ferrugiento, fogalera, fonil, gaveta, geito, machucar, magua, mojo, o zafarse.
La pervivencia del lenguaje, no tiene otra explicación que la aceptación de una comunicación cotidiana y frecuente, dada la cantidad de portugueses y por ser más amable, suave, e incluso más descriptivo que el castellano, que acabó imponiéndose apoyado en el modelo administrativo impuesto desde Castilla. Es preciso no olvidar que algunas poblaciones estaban atendidas espiritualmente por clérigos portugueses, e incluso alguno de los primeros  escribanos eran de esta nacionalidad, por lo que no extraña que documentos del  S. XVI estén redactados en portugués, como algunos protocolos y registros bautismales, y pese al paso del tiempo,  aún se puede observar en los primeros bautismos recogidos en la parroquia de Moya.
La presencia portuguesa fue numerosa en determinados lugares y  Torriani hace alusión a ella en Tenerife y La Palma, destacando en Guía de Isora y Garafía. Así como en Icod, según manifestaciones del portugués Frutuoso, quien hacia 1590  visitó Telde e hizo una descripción del lugar indicando la existencia de dos o tres ingenios, con buenos cultivos de cañas, viñas y algodones, y de personas laboriosas en la agricultura y en el cuidado de sus ganados, sin duda en una alabanza hacia sus compatriotas radicados en Telde.
Los portugueses ya están presentes  en la participación de la conquista de las islas, así como en el reparto de tierras, aguas, ganados, esclavos y cargos públicos, pero su mayor llegada  está unida a la introducción del cultivo de la caña de azúcar, pues son conocedores de su cultivo y transformación, que venía desarrollándose en Madeira con anterioridad a la conquista de Canarias.
La fertilidad de la tierra y la disposición de agua, hicieron de Telde un lugar apetecible en el repartimiento de tierras y ya a finales del siglo XVI se configura su trama urbana, mientras que la actividad agrícola girará en torno al cultivo de la caña de azúcar, con la existencia de varios ingenios. Esto es lo que atraerá a portugueses y a otros pobladores de diferentes lugares. La relación de oficios que señalan los primeros registros parroquiales de Telde, dan cuenta de una población que crece  hacia la modernidad y entre ellos destacan quienes tienen relación con el cultivo de la caña, como cañavereros, desburgadores, trabajadores, almocrebes, moledores, caldereros, maestros de azúcar, purgadores, refinadores y labradores, siendo los portugueses la mano de obra especializada en los ingenios, mientras que los trabajos más duros recaían en los esclavos, que en buena parte procedían a través del mercado portugués. Junto a ellos un importante número de maestros y artesanos como albañiles, herreros, zapateros, cerrajeros, espaderos, marineros, pescadores, boyeros, sastres  y otros más. Sin duda entre ellos, algunos, o muchos, portugueses que contribuyeron al desarrollo y consolidación de la ciudad de Telde
La fusión e integración de los portugueses fue tan completa, que pasadas las primeras generaciones ya es difícil determinar quienes tenían este origen y sólo lo recuerda la existencia de un largo listado de apellidos, de origen luso, hasta el punto que se estima que una tercera parte de los canarios porta uno de estos apellidos.  A ello se une la deficiencia de las fuentes y unos tardíos registros en la mayoría de las parroquias insulares, especialmente en matrimonios y defunciones.
La parroquia de San Juan Bautista de Telde, creada en 1486, conserva registros
S. Juan, apr 1890. Foto: Luis Ojeda, FEDAC
bautismales a partir de 1503, en alguno de los cuales se refleja la condición de portugués de  los padres o padrinos de los bautizados, pero la tardía aparición de otros registros, impide una reconstrucción familiar más profunda, pues los registros matrimoniales dan inicio en 1568; los de confirmación en 1582; los de defunción en 1641 y los expedientes matrimoniales en 1666. Esta deficiencia podría salvarse, en parte, acudiendo a los protocolos notariales de los escribanos teldenses, pero poco se puede progresar en esta documentación, debido a su gran deterioro y a estar  retirados de consulta la mayoría de ellos y que abarcan un largo periodo cronológico.
La rápida integración de los portugueses, hace que los párrocos no siempre anoten esta condición en una misma familia, lo que denota que son bien conocidos. Esta integración de los portugueses en la sociedad teldense, la hemos observado a través del padrinazgo, con la elección de padrinos diversos, e incluso entre personas destacadas y de alta condición social, como representantes de la Real Audiencia, escribanos, beneficiados y sacristanes, así como labradores, pescadores, trabajadores y camelleros, por lo que se deduce que los portugueses se relacionan con todos los estratos de la sociedad. Caso contrario sería el de los flamencos, que depositan la confianza en sus propios compatriotas, para así mantener su estatus, condición e identidad.
Durante el siglo XVI, la presencia de portugueses se manifiesta en los registros bautismales de manera continuada a lo largo de toda la centuria. El periodo de mayor ausencia se  extiende entre 1569 y 1587. Analizada La relación de portugueses (Ver Anexo), se observa que se trata de hombres casados con mujeres de Telde. De los 33 portugueses localizados, 32 de ellos son hombres, de los que siete son solteros; uno, Gonzalo Pérez, vecino de Madeira, debió llegar viudo, y volvió a casar en Telde con Sebastiana Rodríguez. Completa la relación una mujer, Isabel Rodríguez, que es reflejada como madrina.
Sobre la procedencia de estos portugueses nada se indica, salvo en el referido caso de Gonzalo Pérez, que llega desde Madeira, al igual que Alejos Hernández. De Antonio Duarte se indica su condición de extranjero cuando casó con Ana Marín en 1569, pero de acuerdo con el registro, no hay duda que sea portugués y así lo hemos considerado. Sobre la ocupación de estos portugueses poco se indica, aunque se conoce que uno de ellos  era carpintero; otro boyero; otro trabajador; otro cogedor de diezmos y labrador; otro era pescador y uno de ellos estaba casado con una mujer de condición vendedera.
Para conocer si el asentamiento de estos portugueses fue definitivo o temporal hemos acudido a su reconstrucción familiar, en donde se observa que salvo uno de estos matrimonios, todos procrearon en Telde. Nueve de ellos tan sólo aparecen reflejados con un único hijo bautizado, por lo que podríamos deducir, que en algunos casos, su presencia en Telde fue temporal, pudiéndose dar el caso de que algunos retornasen a sus lugares de origen. El resto de los matrimonios tuvo más de un hijo, algunos hasta siete u ocho, lo que sin duda nos indica que su asentamiento y permanencia en Telde fue definitiva. Los matrimonios detectados, con presencia portuguesa, contribuyeron a la natalidad de Telde con 71 procreaciones a lo largo del siglo XVI.
Durante el siglo XVII, la presencia portuguesa es menor y se detecta en 25 matrimonios, con la participación de  23 hombres y  de dos mujeres, una de ellas viuda y otra esclava. Los portugueses, salvo en una ocasión siempre casaron con solteras y todos ellos también lo eran, salvo uno que era viudo.
Posiblemente los portugueses llegados hasta Telde fueron más pero, como hemos comentado, su rápida adaptación e integración pudo significar que tal condición no quedase reflejada por los anotadores en todos los casos. La presencia portuguesa fue decayendo a lo largo del tiempo, para cesar, casi por completo, a partir de 1640 y de hecho, de estos 25 matrimonios con presencia portuguesa en Telde, durante el siglo XVII, tan sólo tres llegaron con posterioridad a  esta fecha, aunque uno de ellos muy próximo a ella, en 1642. La ausencia de portugueses, a partir de estos momentos, no sólo afectó a Telde, pues el número de portugueses censados en Gran Canaria, entre 1690 y 1735, tan sólo ascendía 27 personas. 
Sobre el origen de estos portugueses se registró  que seis hombres y una mujer, procedían de  Madeira; otros cinco eran azoreanos, de las islas Terceras, de La Graciosa y Santa María; dos de Portugal/reino de Portugal, sin especificar destino concreto, mientras que para el origen de los otros, se señala: Atouguia, Lisboa, Santarém, la villa de Serpa, Faro y Oporto. En el caso de la mujer esclava, María “Portuguesa”, conocemos que era propiedad del beneficiado teldense  don Lorenzo  Finollo y Venegas, y que estaba casada con otro esclavo,  Dionisio, propiedad del capitán don Antonio Lorenzo, y vecino de La Ciudad. Sobre la vecindad o naturaleza de las mujeres casadas con los portugueses, tan sólo se indica en un matrimonio, en el de Juan Rodríguez, de Madeira, con María García, vecina de la isla, casados el primero de junio de 1636, por lo que entendemos que el resto de ellas eran vecinas de Telde.
Tan sólo  se indica oficio para Manuel Miranda, zapatero, y que siendo vecino de La Ciudad acudió hasta Telde para participar en un apadrinamiento bautismal. Únicamente  aparece
Telde, apr.1890. Foto; Carl Norman, FEDAC
con distinción don Juan Barreto, natural de la isla de Madeira y que ya viudo de María Barreta, se casa de nuevo en Telde con doña Elvira Teresa Yzquier, hija del capitán, Lucas Perdomo Zurita y de doña María Yzquier, que aunque vecinos de La Ciudad eran residentes en Telde, celebrándose dicho enlace el 16 de agosto de 1682, para velarse once días más tarde, encontrándoles de nuevo bautizando a su primera  hija, Antonia, el 13 de junio de 1683, a la que siguieron otros ocho retoños de dicho matrimonio.
Los matrimonios con portugueses aportaron 65 niños a la natalidad teldense del siglo XVII, que se reparten entre los 20 que procrearon, siendo otros seis los que aparecen sin hijos, aunque uno de ellos, el formado por el farense Manuel Díaz y Juana López Cabrera, lo pudo hacer en Santa María de Guía, de donde era él vecino.
En defunciones se relacionan dos portugueses, uno de ellos es Pedro Hernández, del que sabemos que estaba casado, pero poco más, por cuanto que el 17 de diciembre de 1654 se enterró a un hijo suyo (“un niño de Pedro Hernández, portugués”), en sepultura propia, indicación que nos remite a un enterramiento posterior, el 30 de enero de 1655, en que fue sepultado Pedro Hernández, “suizo”, en sepultura propia, detalle éste, junto con la cercanía de ambos decesos, que nos hace pensar que se trataba de la misma identidad, y la indicación de disponer de sepultura propia confirma una presencia prolongada en Telde, enlazando con antepasados de desahogada situación económica.
Del otro difunto señalado como portugués (“un portugués pobre forastero”), se indica que vivía en casa de Melchor Hernández “Rolo”, su hermano, por lo que lógicamente entendemos que también sería portugués, aunque de tal procedencia nada indican los registros, pero conocemos que estaba casado, pues el 23 de febrero de 1655 un registro de defunción nos da información de que en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario fue sepultada “La mujer del Rolo”, y acudiendo a la reconstrucción familiar descubrimos que se llamaba Catalina/de los Reyes/ Domínguez y que se casaron el 4 de septiembre de 1616, procreando nueve hijos, uno de ellos Andrés, nacido el 7 de diciembre de 1620 y que el 16 de septiembre de 1645, próximo a cumplir los 25 años, lo encontramos contrayendo matrimonio con María Milán/Melián, con quien tuvo once hijos y en el bautismo de alguno de ellos se repite su identidad como Andrés Pérez “Rolo” y que con pocas dudas podemos asegurar que todos ellos pertenecen al mismo tronco familiar, pues la indicación distintiva con el apelativo “Rolo” podemos considerarla como concluyente. (En la actualidad Rolo aparece como apellido en algunas islas del archipiélago).
Es interesante la indicación que hace referencia a Catalina González “La Portuguesa”, como de condición partera y que aparece como tal entre 1648 y 1652, aunque también pudo ejercer tal actividad en 1653 al identificar a la partera de dicho año, con el nombre de Catalina Hernández y que puede tratarse de la misma Catalina González.
En conclusión, bien se puede  indicar que la presencia de portugueses en Telde fue mayor que la que reflejan los registros sacramentales, y la rápida adaptación e integración, que ya hemos manifestado, es lo que pudo suponer, a juicio de los anotadores, un tratamiento registral sin distinción, pese a su origen foráneo, e igual al de los propios parroquianos y naturales del lugar.
Los padres portugueses aportaron unos efectivos poblacionales a la población de Telde y de las islas, que en futuras generaciones se irán multiplicando, por lo que los nietos y biznietos de los portugueses, aumentando en número, generación tras generación, son los herederos de aquellos primeros portugueses que contribuyeron al desarrollo y a la configuración social de las islas.

Fuente:- Archivo Parroquial de San Juan Bautista de Telde. Registros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones.

Elaboración: Jesús Emiliano Rodríguez Calleja. III Encuentro de Genealogía Gran Canaria.

(1).- Aparece como padrino de una hija de Juan Rubio y de Juana Batearón.
(2).- Su última aparición es como padrino en 1532.
(3).- Posiblemente se trate del mismo Juan Yanes, carpintero, casado con Leonor Rodríguez y que aparece en 1524 como padrino de un hijo de Alonso Pérez y Leonor Pérez,  junto con Antonio de Abreo y su esposa Sabastiana Ponce. De ser cierto, enviudó y volvió a casarse.
(4).- Se le referencia como primo de Rodrigo Álvarez, sastre, por lo que damos también a este la condición de portugués. En la misma secuencia cronológica aparecen otros Pedrianes, bautizando a hijos con diferentes mujeres, por lo que podría suponerse que en algunos casos se trata del mismo, que al enviudar contrajo nuevo matrimonio. Ellos son: Pedrianes y Catalina Zambrana (1521-1528); Pedrianes, camellero y Senorina  Afonso (12543-1553); Pedrianes, zapatero y Beatriz López / Marín (1552-1555) y Pedrianes, labrador y Angelina Rodríguez (1554-1556).
(5).- Aparece como padrino de un hijo de Andrés Perdomo y Catalina Bracamonte. Podría tratarse del refinador del licenciado Castillo, Vicente Álvarez, casado con Bernardina / Marina Perdomo (1532-1546).
(6).- Le asignamos origen portugués al ser referenciado como primo del portugués Pedrianes (Ver Nº. 9 y su nota correspondiente).
(7).- Se indica ser vecino de La Madera. Aparece como padrino de un hijo de Andrés Perdomo y Catalina Bracamonte (Ver nota 5).
(8).- Aparece como padrino de un hijo de Diego González y Ana Pérez.
(9).- Aparece apadrinando a unas esclavas de Sebastián González. Podría tratarse de Francisco Afonso, zapatero, casado con Juana Rodríguez / Ramos (1543-1545).
(10).- Aparece como madrina de un hijo de Luis Bristol y María de Solís.
(11).- Aparece apadrinando a una hija de Antón Martín, camellero e Inés Hernández, negra. Posiblemente formase matrimonio con Luisa López y que criaban a un expósito (1568).
(12).-  Aparece como padrino, junto a Isabel Martín, doncella, a un hijo de Pedro Madera y Elvira Rodríguez.
(13).- En su registro matrimonial se indica ser extranjero.
(14).- Su anterior matrimonio, del que enviudó, podría haber sido con Isabel Hernández.
(15).-Se descubre su procedencia portuguesa cuando  muere un hermano que convivía en su casa. Ver Nº 57 y su correspondiente nota.
(16).- En 1654 se enterró un hijo suyo, en sepultura propia.
(17).- Falleció el 5 de febrero de 1665.
(18).- Del que se indica que vivía en casa de su hermano Melchor Hernández “Rolo”, dando a entender que éste también era portugués.
(19).- Posiblemente también responda a la identidad de Catalina Hernández, partera en 1653.
(20).- Aparece como padrino de un hijo de Juan Suárez y María Muñiz.
(21).- Posiblemente este matrimonio tuviese algún otro hijo más allá de 1700. La identidad de la esposa se refleja de diferentes formas, una de ellas como doña Elvira Esquiel. Fue necesario que el contrayente probase su viudedad.
(22).- Esclavo del capitán Don Antonio Lorenzo.




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