domingo, 13 de diciembre de 2015

DE GENEALOGÍA, HERÁLDICA Y NOBILIARIA

JUAN R. GARCÍA DEL CAMPO DE UCEDO Y RODRÍGUEZ
Ponencia presentada en el II ENCUENTRO DE GENEALOGÍA GRAN CANARIA,
celebrado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria,
celebrado los días 17-19 de noviembre de 2014. 
Se publicará en Ponencias del II Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 2 (2016) (en imprenta). Depósito Legal: GC 368-2015
 
“La Genealogía, Heráldica y Nobiliaria”, son tres disciplinas completamente diferentes, pero que al estar relacionadas, normalmente se confunden entre si. Puede darse la circunstancia de estar alguna de estas unida o las tres, como en un origen lo estuvieron el blasón y la nobleza, pero en realidad existe una profunda diferencia entre ellas, las tres son ciencias auxiliares de la Historia, mientras la primera rinde culto a la familia, al clan, o a la tribu, la segunda y la tercera van intrínsecamente unidas a la vanidad personal.

GENEALOGÍA
Ha llegado a nosotros a través de la palabra latina genealogia, pero su origen deriva de la griega genéa, generación y logos, tratado, cuya traducción pudiera ser tratado de las generaciones, es decir estudio o conocimiento de unas generaciones y en una traducción mas libre la podríamos definir como culto a la familia.
Es la encargada de estudiar el parentesco y la relación que existe entre familias y personas y si fuera posible, su origen y descendencia. Está considerada como una ciencia pura, porque tiene que ser exacta, ya que la misma tiene que darnos una solución al problema que se plantea (siempre interpretando la sucesión legítima, dejando fuera ese refrán castellano y tan sabio que dice: “los hijos de mis hijas nietos míos son, los de mis hijos lo serán o no serán”, hoy existen pruebas fehacientes para saber si lo son o no lo son, pero no llega al 1% de los que las realizan y según encuestas realizadas entre la población femenina francesa, un 20% declara haber tenido hijos dentro del matrimonio con otra pareja).
Es típica su representación en árboles mas o menos frondosos, dependiendo de la investigación realizada y de los medios disponibles, en los que figuran el nombre de las personas y su parentesco y como mucho unas fechas que pudieran ser del nacimiento, matrimonio o defunción. ¿Es posible que de una larga vida llena de vicisitudes solo quedara de nosotros nuestro nombre escrito en la hoja de un árbol? No es de recibo. Como representación para una breve pasada y lucimiento del artista no está mal, pero la genealogía es tan amplia, que de una persona deberíamos escribir en un libro aparte todo lo que se pueda averiguar de la misma, comenzando por su fecha de nacimiento y lugar, bautismo, si ha sido bautizado y parroquia, padrinos, estudios, profesión, títulos, cargos,
condecoraciones, honores, compras y ventas, capitulaciones matrimoniales, dotes, testamentos y sus codicilos, etc. etc. y en lo referente a lo personal color de la tez, de los ojos, taras físicas, enfermedades, aficiones, vicios de cualquier índole, causa del fallecimiento, etc. Soy consciente de que mas atrás de cien años, una mayoría de estos conceptos es tarea prácticamente imposible, pero como la genealogía es algo continuo no es tarde para que hoy mismo lo comencemos, será de gran ayuda para futuras generaciones, en la averiguación de posibles enfermedades, trastornos y parentescos.Personalmente les puedo decir que todo aquél que se dirige a mí, con la idea de comenzar a investigar su árbol genealógico le indico que primeramente escriba en un papel todo esto, de los familiares mas cercanos, con los que tenga trato y conozca, después ya hablaremos de los ancestros, lo mismo para aquel que leyó en no sé que libro que su familia descendía de tal rey o tal marqués, mi consejo es que no le haga caso a ese libro, que empiece a escribir quien es su padre y partida a partida, sus abuelos y así, hasta donde pueda llegar, luego ya veremos si entroncamos con lo que decía ese libro o no, los que somos de esta tierra ya sabemos de la mezcolanza de razas y nacionalidades que se da y del orden de los apellidos.
Por todo lo expuesto es de gran utilidad en medicina, para resolver problemas de herencia patológica y corregir o intentar otras enfermedades congénitas antes o en el momento que aparezcan los primeros síntomas.
También es de suma importancia en la estadística, para saber en un determinado momento sobre la población, número de matrimonios, de nacimientos, de defunciones, promedios de vida, etc. y todo lo que queramos aumentar en esta ciencia.
En lo social se amplían las relaciones, bien entre todos aquellos estudiosos de la misma, bien entre otras personas que a pesar de tener una parentela cercana desconocíamos su existencia. No tenemos nada más que observar lo presente, casi todos tenemos profesiones diferentes, vivimos en distintos barrios o lugares, sin embargo nos conocemos y relacionamos por esta afición.
En lo histórico nos puede aportar bienestar espiritual, ya que ante la duda, hemos averiguado y sabemos más de nuestros antepasados.
De lo material, a los que nos apasiona el tema mejor no nombrarlo, ya que sabemos de la ilusión que nos produce el descubrimiento de una nueva generación o un nuevo dato que adorne nuestra investigación.
La genealogía es una condición innata al ser humano, como lo demuestra ese gusanillo, que en ciertos momentos de nuestra vida nos roe y corroe nuestro interior, que de repente queremos saber de dónde venimos,
quienes fueron nuestros ancestros y porqué estamos aquí. Es tan antigua como la humanidad y de tal importancia que pueblos tan distantes y con cultura tan distinta, como puede ser el pueblo hebreo, la Grecia clásica, los romanos, los musulmanes o los incas, la llevaban rigurosamente, sirva como ejemplo la genealogía de Jesucristo o a los faraones de Egipto, sin olvidarnos de los musulmanes, que muchos de sus reyes debieron su cargo a esta cualidad como descendientes del profeta.
La falta de medios, tanto materiales, culturales o económicos motivó que no llegaran hasta nosotros nada más que genealogías de reyes o personas poderosas.Bendito Concilio de Trento que subsanó todo esto, fue uno de los tantos que celebró y celebra la Iglesia Católica, denominado así por haber tenido lugar en esa población al norte de Italia, fue convocado por el Papa Paulo III en 1542 y  duró la friolera de 21 años, abarcando a sus sucesores Julio III y Pío IV, dándose por finalizado en 1563. Independientemente de  todo lo tratado en el mismo, para los genealogistas ha sido de vital importancia, pues en la sesión VII celebrada el 3 de marzo de 1547 se tocó el canon de los sacramentos en general, el bautismo y la confirmación, en la XIV del 25 de noviembre de 1551, la doctrina y cánones de la penitencia y extremaunción y en la XXIV de 11 de noviembre de 1563, la doctrina sobre el sacramento del matrimonio, que resumiendo, obligaba ni más ni menos a que cuando se celebrara unos de los anteriores sacramentos quedara constancia del mismo en un libro hecho al efecto, así que a partir de ese momento, la Iglesia Católica cuenta regladamente con libros de bautismos, confirmaciones, matrimonios y defunciones, aunque ya había parroquias que lo hacían antes de este Concilio, como la parroquia del Sagrario de nuestra Catedral, que conserva ininterrumpidamente libros de bautismos desde 1498.
Resumiendo, la genealogía en una ciencia o disciplina indispensable e innata a la condición humana, que tarde o temprano aflora en todos nosotros.

DE LA HERÁLDICA O ARTE DEL BLASÓN
De su origen, empleando un símil taurino, les diré que “hay división de opiniones”. Si la tomamos como una serie de símbolos externos que diferencian a un país, ciudad, tribu o linaje, ha existido desde los tiempos mas remotos de la antigüedad, atreviéndose incluso alguno a llegar nada mas y nada menos que al Arcángel San Miguel o a nuestro padre Adán, sin olvidarnos del diluvio, los egipcios, las doce tribus de Israel, los griegos, los romanos, etc. pero sin ninguna norma que la regulase sino compuesta de jeroglíficos, emblemas y marcas personales al libre albedrío. Si la tomamos como una ciencia regulada por unas normas, aunque muy primitivas, su origen lo situaremos allá por el año 919, en la Alemania del Duque de Sajonia Enrique I, “El Pajarero” (que recibió este sobrenombre porque cuando le comunicaron su nombramiento se encontraba cazando pájaros a la que era muy aficionado), donde se establecieron una serie de reglas a las armerías y el uso ordenado de las mismas, no considerando todo lo anterior como heráldica.
Es una ciencia de difícil conclusión, dado que en la práctica es imposible saber si se les han concedido o se han atribuido alguna vez armas propias.
La Heráldica tal y como la conocemos hoy, tiene un origen militar, ya que fue introducida en los torneos para diferenciar a los caballeros en el combate (los torneos eran unos ejercicios de adiestramiento militar que al mismo tiempo servían de diversión al pueblo). Pero fue en las Cruzadas donde más se difundió, ya que se tenía la necesidad de identificar y agrupar a los combatientes de un mismo bando, bajo una misma bandera.
Blasón es el arte que con términos y voces propias, reglas y preceptos fijos, enseña a componer y explicar los escudos de armas, bien sean de nación, comunidad, ciudad o linaje. Algunos quieren hacerla derivar del inglés “blase, to blase”, publicar o “a blaser”, pregonero, pero en realidad procede del alemán “blasen”, cuyo significado es tocar la trompeta, que es lo que se les hacía a los Caballeros cuando se presentaban en las lizas de los torneos, ¿quién tocaba esta trompeta? el Heraldo, que era un Oficial Armado, es decir un oficial de guerra de un estado soberano, para a continuación blasonar, es decir describir las armerías de dichos caballeros, llegando incluso a confundirse este empleo con el de Rey de Armas, pero en realidad la función de este era ser el Jefe de los Heraldos y presidía su Capítulo.
Aunque como se vio, su origen fue estrictamente militar, fue a partir de principios del siglo XII cuando se va transformando en hereditario y personal como signo de distinción, siendo a finales de este siglo cuando se extiende prácticamente a todo el Estado Noble, a fin de cuentas era quien aportaba la casi totalidad de Infantes y Caballeros a las guerras, para finalmente terminar introduciéndose entre los clérigos y las mujeres.
A partir del siglo XIII, deja de ser distintivo genuinamente de la milicia y la nobleza y la empiezan a adoptar los pecheros ricos, sin que esto sea, salvo excepciones, prueba de ningún tipo de nobleza. Fue Francia la que mas profundizó en sus estudios y la primera que permitió su uso al estado llano, es decir, hombres francos, labradores acomodados, villanos y valvasores, estos últimos era la clase más alta del estado llano, que sin llegar a ser nobles disponían de tierras en propiedad y criados en abundancia y que al poseer armas y caballos se acercaban más al noble que al plebeyo.
La verdadera heráldica comienza en el siglo XIV cuando surgen los diferentes sistemas heráldicos, ya que anteriormente se conocía la forma de suceder en las armerías y se declaraban puras o no, dependiendo de si era el primogénito o el resto de sus hermanos.
La Forma del escudo o boca como se le denomina en heráldica, varía de nación a nación dependiendo de la forma que se le diese a ese arma defensiva, sin embargo las mujeres desde su origen lo venían usando en losange, que lo continúan, pero es a partir del siglo XVIII cuando emplean el ovalado, dejando el losange para las abadesas y solteras, pero por lo general la mayoría usa los masculinos.
Además del escudo propiamente dicho, este está provisto de unos ornamentos exteriores, que tienden a reflejar las armas que van pintadas en su campo, definiéndolas como gentilicias municipales, eclesiásticas o de cualquier otro tipo de armería. De estos atributos se pueden distinguir: Los nobiliarios,
los jerárquicos y los ornamentales, los primeros corresponden a la nobleza y los principales son el manto, la corona en sus diferentes formas, así como el casco en su variedad, los segundos van reservados a las jerarquías, bien sean eclesiásticas, militares o civiles y son el capelo y las insignias de mando y jerarquía y distinción y los terceros son puramente ornamentales, los soportes, tenantes, sostenes, cartelas, cintas y cimeras, teniendo muy claro que todo atributo nobiliario tiene su significado y representa una dignidad.
Como resumen añadiré que allá por la lejana primavera del año 1982 en una exposición en la Casa de Campo, de Madrid, tuve el gusto de conocer al último Rey de Armas del Estado Español Don Vicente de Cadenas y Vicent, con el que me unió posteriormente una cierta amistad y me introdujo en estos menesteres, que entre otras cosas me decía “Necia vanidad es la de aquel que se adorna con plumas ajenas, sin tener en cuenta que para hacerlo es necesario saber de quien se proviene y no tomarlo de quien nada tiene en común con el usurpador”, con esto queda dicho todo.

LA NOBILIARIA
Está considerada también como una ciencia exacta, pues sin el documento nobiliario de un ascendiente, carece de valor todo argumento que se alegue como derecho. La podríamos definir como todo estudio relacionado con la Nobleza, que es al fin y al cabo es un símbolo de idealización de cualidades humanas o de una de ellas solamente, pero que al contrario de la santidad, admite la tolerancia de un conjunto de defectos y ausencias de otras virtudes. Procede del latín “Nobilis”, es decir persona magnánima, que solamente alcanzaba a los Jefes de Clanes, Cabezas de Familia, también conocidos por parientes mayores o Cabos de Armería. Aquí cabría hacernos dos preguntas ¿Cómo se hace hereditaria? La respuesta es con la Hidalguía y ¿Qué es la Hidalguía? Una Ley de la Partida. Se refiere a un cuerpo normativo de la Corona de Castilla redactado en tiempos del Rey
Alfonso X “El Sabio”, conocido como “Las Siete Partidas”, en las que se intentaba conseguir cierta homogeneidad jurídica en el reino. Según la Ley II y III, de la Partida Segunda “Fidalguía  es nobleza que viene a los hombres por linaje”, es decir para optar a la condición de Hidalgo, es imprescindible que nuestro padre, abuelo y bisabuelo hayan sido Nobles, que es al fin y al cabo es como un premio a los cargos desempeñados por nuestros tres inmediatos antecesores, lo denominado como tres actos positivos de nobleza, bien en la Administración, la Milicia o la Iglesia, pongamos por ejemplo: Que el bisabuelo de unos de Vdes. haya sido Capitán de un Regimiento, su abuelo Alguacil Mayor del Santo Oficio y su padre Oidor de la Real Audiencia, en juicio contradictorio contra la Justicia del Concejo, entendamos Municipio, solicita que se le incluya en los padrones concejiles como Hijosdalgo en base a los cargos desempeñados por sus antepasados, pueden admitirlo como tal o no, porque al municipio no le interesa perder a una persona y a sus descendientes que dejen de “pechar”, es decir pagar impuestos, amén de otras prerrogativas, caso de concedérsele, es muy probable que más adelante, al que se le concedió la merced o a sus descendientes, vuelvan a requerirles más “Pruebas”, porque siempre habrá un “dime o direte” que si yo conocí a tal o a cual, etc. Si en un origen no se concede y se desea continuar con las legítimas aspiraciones de ver y entender, el pleito solía terminar en las Reales Chancillerías, de Granada o Valladolid, en caso afirmativo y en juicio que a veces duraba largos años, se expedía en nombre del Rey “Carta Ejecutoria de Hidalguía” que ya era como un documento nacional de identidad que nos identificaba como tales y se nos incluía como Hijosdalgo en dichos padrones concejiles, respetándonos nuestros derechos y preeminencias. Pero el Estado de Hijodalgo era un sinvivir, ya que la hidalguía que se nos reconocía en nuestro municipio si por alguna circunstancia cambiábamos de residencia, por trabajo, matrimonio etc., era muy probable que no se nos reconociese como tal y vuelta a empezar. Nos puede servir como ejemplo un conquistador, Sancho de Vargas, vecino de Guía (aprovecho la ocasión para aclarar que estos no son Vargas Machuca como nos dice nuestro Nobiliario de Canarias, que en su afán de magnificar la estirpe lo hace emparentar con esta Casa madrileña, que debe su apelativo a un antepasado que con rauda fiereza “machucaba” a los moros, su verdadero origen está en la parroquia de Vargas, bajo la advocación de la Magdalena, en el municipio de Puente Viesgo (Cantabria), que comenzó litigando su Hidalguía en la Real Chancillería de Ciudad Real, que luego pasaría a ser de Granada y sus hijos 30 años después, en 1532 en la de Valladolid, que por fin se les reconocería en Gran Canaria en 1553, es decir 21 años después de comenzar el juicio, otro linaje grancanario los Suárez Carreño, originarios del Concejo de Carreño, en el Principado de Asturias, donde figuraban y eran considerados Hijosdalgo, pasan a residir a la villa de Sanlúcar de Albaida, en Huelva, donde el Conde de Niebla si les reconoce su Nobleza, que refrenda el Rey Enrique II, pero pasan a la conquista de Antequera donde en 1377 tienen que obtener otra vez su confirmación de Hidalguía, así como a un descendiente que en Albaida, en 1452 tiene otra vez que demostrar su Nobleza, que obtiene ese año por sentencia confirmatoria, como pueden comprobar el Estado no suelta fácilmente la presa.
Con el paso del tiempo se hace hereditaria dando lugar así a la Nobleza de Sangre, de ahí la acepción de Hidalgo, hijo de algo. El padre transmite su Hidalguía a todos sus hijos hombres y mujeres y así sucesivamente de varón a varón, las mujeres la mantienen mientras estén solteras y al contraer matrimonio adquieren la de su marido, si quedasen viudas adquieren de nuevo la de su padre, como en toda regla existen excepciones (Agustina de Aragón).
En el antiguo régimen era una clase social privilegiada que bien por derecho hereditario o por concesión de un soberano gozaba de ciertas prerrogativas, siendo uno de los tres estamentos que sustentaba el estado junto al militar y la iglesia, a pesar de ser abolido de la esfera política, en el ámbito social sobrevivió a las revoluciones burguesas y proletarias, subsistiendo hoy día como tal.
En la Nobleza existen dos diferencias, la Nobleza Llana y la Nobleza Titulada.
La Nobleza Llana la componen los Hidalgos, los Infanzones, los Vervesores, los Hombres de Paraje, los Nobles y todas las demás denominaciones que se pueden dar en los distintos Reinos de España. Era la más numerosa, fue la primera que luchó en Italia bajo las órdenes del Gran Capitán al servicio de los Reyes de Aragón y Castilla, los que posteriormente se desplazan a Viena para rechazar a los turcos, los que ponen orden en el norte de África con la victoria de Túnez y doblegan a los protestantes en Alemania, después hicieron posible la victoria de Lepanto y la conquista de América, obteniendo títulos y mercedes, pero generalmente en el campo de batalla, al frente, precisamente de otros de su condición.
En el Señorío de Vizcaya y en Guipúzcoa existía el derecho denominado “Hidalguía Universal”, por el cual todos nacían hidalgos, en Cantabria representaron el 83%  de la población, en Asturias al 80%, poco menos en la Corona de Aragón y en Andalucía no alcanzaba al 2%.
Hasta 1836 se confeccionaban los llamados padrones concejiles, es decir del concejo, como todavía hoy se les denomina en Galicia y en Asturias a los municipios, dichos padrones se hacían generalmente cada siete años y “a calle hita”, es decir se iba puerta a puerta con el padrón del septenio anterior y se iban anotando las diferencias que hubiesen ocurrido durante ese tiempo, asistían de presente, un Juez, dos testigos y el empadronador por el Estado Noble, lo mismo para el estado general o pechero, además del escribano público que daba fe del acto, muy interesados ambos estados en que no se anotasen donde no les correspondía, siempre tirando más al general dado que al estar el Estado Noble exento de impuestos, a la Nación le interesaba que se anotara en el general o pechero, para contribuir a las arcas públicas.
Se clasificaba en:
Hidalgo de Ejecutoria, que era quien la había obtenido en juicio contradictorio en las Reales Audiencias o Chancillerías.
Hidalgo en Propiedad, que tenía el mismo valor que la anterior.
Hidalgo de Real Provisión, procedente de Provisión Real.
Hidalgo de Estado conocido, que se otorgada por Real Provisión de la Sala de los Hijosdalgo, pero sin necesidad de sentencia.
Hidalgo “ad perpetuam rei memoriam”, denominado así cuando el interesado así lo solicitaba una vez finalizado el pleito de Hidalguía, pues los testigos presentados eran ya muy viejos.
Hidalgo en posesión, son los que de manera general figuran como tales en los padrones concejiles de distinción de estados.
Hidalgo de Solar conocido, el que era descendiente del que construyó su casa en un determinado lugar.
Hidalgo de Casa Solar, quien ha demostrado fehacientemente ser el propietario de la casa.
Hidalgo de Sangre, quien demostraba ante el Concejo, Audiencias o Chancillerías, que su padre y abuelo eran Hidalgos.
Hidalgo a Fuero de Castilla, el que la podía probar como mínimo de padre y abuelo.
Hidalgo de Armas de poner y pintar, quien las tenía esculpidas en el frontis de su casa, sepultura, sello, membretes y demás sitios donde se suelen colocar las armas.
Hidalgo por los cuatro costados, cuyos cuatro abuelos estaban en posesión de la Hidalguía.
Hidalgo de Linaje, el que lo era por su padre y por su madre.
Hidalgo Notorio, el que lo era por reconocida notoriedad y si cambiaba de vecindad se le reconocía sin otros trámites.
Hidalgo Inmemorial, parece ser que se les denominaba así a los que lo eran antes de la promulgación de las primeras Leyes que regulan su confirmación.
Hidalgo de devengar 500 sueldos, no esta muy clara esta denominación, pero se podría resumir como aquél que recibían agravio de otro, en satisfacción de él y por sentencia esa cantidad, cuando al villano no se le permitía mas de 200.
Hidalgo de privilegio, quien la obtiene por Privilegio Real en virtud a unos merecimientos.
Hidalgo de beneficio, quien compraba la Hidalguía que para beneficiar otorgaban los Reyes generalmente a conventos e instituciones benéficas, generalmente era personal y no hereditaria.
Hidalgo personal, se debe de referir a la anterior.
Hidalgo por cargo, se limitaba a la exención de tributos y finalizaba con el cargo.
Hidalgo de bragueta, al que había tenido un mínimo de siete hijos varones.
Hidalgo de gotera, el que la gozaba en su lugar de residencia, pero al salir de la misma no se le reconocía.
Hidalgo a Fuero de España, no es anterior a 1836 y la podríamos definir como aquella en la que concurren circunstancias particulares.
Hidalgo pobre de solemnidad, normalmente no existe, era una circunstancia que anotaba el sacerdote en su partida de defunción, en la que quería clarificar que era un Hidalgo, pero pobre de solemnidad.
Hidalgo montañés, se da en otras regiones posiblemente para identificar su origen cántabro.
Hidalgo del Páramo, se da esta circunstancia al Hidalgo descendiente a los que se les concedió este privilegio en el Páramo de la Focella (Asturias).
Y por último hay una denominación que puede resultar interesante para nuestra territorialidad:
El Hidalgo de Indias, que era aquél que independiente de su nobleza que por sangre le pudiera corresponder, demuestre ser descendiente de descubridor, conquistador, poblador o de los que ocuparon cargos en los Concejos o Cabildos antes de 1836, en este caso deben de ser incluidos los descendientes de Caciques, a los que nuestros Reyes siempre consideraron Nobleza indígena y a los hijos habidos entre los Hidalgos con india o negra o Cacique con española o negra. No obstante en las Islas Canarias al no existir los mencionados Padrones concejiles denominados de Nobleza o Hidalguía, se ha considerado como Prueba de Nobleza el ser descendiente de Conquistador, Capitán o Regidor, eso sí, por línea recta de varonía, independientemente del apellido que se ostente en la actualidad.
En relación a la Nobleza titulada se la puede definir como la perfección nobiliaria, ya que en cuanto a jerarquización representa la élite de importantísimos servicios prestados a la Nación, solamente trasmisible a uno de los hijos, generalmente al mayor de los varones, hoy abolido lo hereda el mayor sea del sexo que sea, a no ser que este renuncie y lo herede otro hermano menor. Cuando son varios títulos a repartir, lo normal es que el padre los reparta entre los hijos, otorgando al primogénito el más importante.
Al contrario de la Nobleza Llana nunca quedó desarticulada por la institución monárquica y poco a poco se fueron acercando a la Corte convirtiéndose con el tiempo en cortesanos. En el Antiguo Régimen era condición “sine quanum”, para acceder a un Título Nobiliario, ser Hijodalgo, a día de hoy los otorga Su Majestad el Rey como premio a los servicios prestados o virtudes personales en todos los campos de nuestra sociedad.
La Nobleza titulada se clasifica de mayor a menor en: Príncipe, solo para el heredero al trono de España, Infante, reservado sólo para los hijos del Rey, Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón y Señor, incluyendo aquí al Grande de España, que por la brevedad del tiempo omitimos definir a cada uno.
Como curiosidad diré que los Títulos Nobiliarios no son objeto de transacciones comerciales, es decir que no se pueden vender o comprar. Existiendo una leyenda urbana muy extendida que cree que tienen ciertos privilegios y cobran por dicho Título, nada más lejos de la realidad, no solamente no disfrutan de ningún derecho (en la época de la Dictadura del General Franco, se les permitía que su Título figurara en el DNI), ni cobran por ello, sino todo lo contrario, hoy es de debate entre las diversas Comunidades Autónomas y el Estado sobre el impuesto de sucesiones, pues en relación a los Títulos Nobiliarios ni se les tiene en cuenta, pagan siempre y la cantidad va en función de cómo sea esta herencia, si es de padres a hijos, que suele ser la normal, es la mas barata y suele rondar los 3.000 euros, luego va subiendo, si es transversal, es decir de tíos a sobrinos, primos entre si, etc. alcanzando los 6.000 euros cuando se trata de rehabilitar un Título extranjero.


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