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miércoles, 7 de enero de 2026

TRAYECTO E IDENTIDAD DE UNA FOTOGRAFÍA FAMILIAR

 JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ MARRERO

IEMYR-ULL

toglez@ull.edu.es

Ponencia presentada en el XII Encuentro de Genealogía Gran Canaria, organizado por Genealogías Canarias y Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 2025.

 

Tal vez esa era la misión de mi padre, pienso, sin que él lo supiera: ser el pastor de un pequeño rebaño de historias que él mismo había criado y que lo seguía por todas partes. O simplemente ser jardinero, allí en el jardín de las historias y los árboles familiares.

G. Gospoodínov, El jardinero y la muerte, pp. 202-203.

Resumen

En la actualidad, cuando casi cualquier cosa pasa por la IA, el descubrimiento de una fotografía hecha a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, no solo nos traslada a otro momento de la historia en el que el contexto era totalmente diferente, sino que nos abre las posibilidades de estudio de una persona y de una familia. Pero, además, ¿qué nos aporta una fotografía de un desconocido? ¿cuánto podemos averiguar de él y de su entorno? Una fotografía es un documento de memoria colectiva y, como tal, aporta una fuente de información sobre estructura familiar, estilo de vida y valores sociales de la época. A partir de estas premisas, presentamos un estudio de caso al que hemos dedicado más de tres décadas y que culmina con la identificación de un desconocido nacido en Tacoronte en 1853 y emigrado a Cuba antes de 1880.

Palabras clave: Fotografía histórica; Memoria colectiva; Emigración de Canarias a Cuba; Genealogía; siglos XIX-XX.

Abstract

In the present day, when nearly everything passes through AI, the discovery of a photograph taken in the late nineteenth or early twentieth century not only transports us to another historical moment in which the context was entirely different, but also opens new possibilities for studying a person and a family. Moreover, what does a photograph of an unknown individual offer us? How much can we learn about that person and his environment? A photograph is a document of collective memory and, as such, provides a source of information on family structure, lifestyle, and the social values of its time. Based on these premises, we present a case study to which we have devoted more than three decades, and which culminates in the identification of an unknown man born in Tacoronte in 1853 who emigrated to Cuba before 1880.

Keywords: Historical photography; Collective memory; Canary Islands–Cuba migration; Genealogy; 19th-20th centuries.

Introducción

                                      1878. Gelatino bromuro. Foto: Centro de Fotografía de Montevideo

La nueva técnica fotográfica surgida a finales del siglo XIX usa gelatina común mezclada con productos químicos como bromuro y nitrato de plata que reaccionaban a la luz. Es la llamada gelatina de plata, una emulsión que se colocaba sobre placas de vidrio para tomar fotos. Como las placas podían usarse secas, ya no era necesario revelarlas de inmediato, lo que no solo facilitó el trabajo de los fotógrafos, sino que generó un desarrollo de la fotografía entre aficionados como hasta ese momento no se había conocido, porque estos podían desplazarse a las casas y hacerlas allí. Eso hace que el retrato deje de ser un acto social, pierda cierto rito y protocolo y se convierta en algo personal, íntimo y familiar. Por tanto, la investigación en una fotografía familiar siempre tiene una historia.

Antes de entrar de lleno en el caso que nos ocupa en este trabajo, conviene pensar qué se busca en una foto antigua, una foto de desconocidos, porque, muchas veces, son solo eso, desconocidos. El genealogista, por práctica habitual en su investigación, al ver una foto antigua, ha de plantearse cuánto puede aprender de ella, qué papel ha podido tener en la historia, en la memoria familiar y en la comunicación que ha podido generar entre parientes, amigos, etc. Lo habitual es anotar todo lo que el documento gráfico puede aportar antes de que se pierda. Es decir, la fotografía tiene una historia propia que nace, como es lógico, en el momento en que se toma. Y si procede de un emigrante, se hizo con una intención concreta, es decir, está en contexto, el de una persona que quiere transmitir a su familia que está bien e, incluso, imita, en cierto modo, a las clases privilegiadas, porque posan con sus mejores galas. No solo quiere ser recordado, sino mostrar lo bien que está, porque una fotografía puede revelar el mundo desde otras perspectivas o llegar a otros lugares.

A esto debemos añadir que la prosperidad de economías como la cubana propició que hoy tengamos en Canarias fotografías muy interesantes con las que efectuar un análisis profundo, porque ofrecen a su receptor conocer los espacios domésticos en los que se vive, es decir, pasan a tener presencia real. Entre los elementos externos, podemos pensar en la ropa (encajes, volantes, corbatas) o los decorados y entre los más íntimos es posible atender a las expresiones de los rostros, la composición familiar (si es núcleo familiar corto con hijos o extenso y compuesto de varios hermanos e, incluso, generaciones). Nos acercamos así no solo a la memoria afectiva y colectiva, sino a la historia social de un tiempo pasado. No obstante, cuando un genealogista conoce que las personas del documento son sus familiares, se plantea, de inmediato, si detrás de ella debe buscar identidades o, en realidad, se engaña y aspira a completar su propia identidad a través de ellos, porque, en el fondo, cualquier investigador trata de rellenar pequeños huecos de un retrato, el suyo, con los restos que han dejado los antepasados. De esa manera, se da forma a un árbol genealógico que se perfecciona con las pocas imágenes que se han podido encontrar.

En lo personal, hace ahora dos años que, desde Family Search, me invitaron a participar en el mayor evento mundial relativo a archivos que se celebraba en Granada[1]. Realmente, fue una actividad espectacular, pero me gustaría entresacar dos ponencias que, sin querer, han guiado la investigación de mi historia familiar en el tiempo que llega a nosotros: la primera tiene que ver con los estudios de ADN, tan de moda hoy, y la segunda con las cajas de zapatos, porque muchas veces nuestra historia queda reducida a una caja de zapatos. El ponente, uno de los máximos dirigentes de Family Search, contaba cómo se desplazó varios miles de kilómetros para ayudar a su padre a recoger las cosas que habían quedado tras la muerte de su madre. Decía él que cuando llegó, su padre había reducido la historia familiar de su madre a una mera caja de zapatos, en la que estaban las cartas y las fotografías de su juventud. No había nada más. Trató de entender qué era aquello y comenzó por conocer a su madre a través de lo que él no había vivido, su juventud. Descubrió muchísimas cosas en una caja de zapatos y dio forma a parte de su historia familiar para encajarla en su árbol genealógico.

Enlazo esta vivencia con mi circunstancia propia, aunque en mi historia no hay una caja de zapatos, sino con varias cajas de latón. Mi abuela falleció el día 22 de enero de 1992 y mi tía redujo la historia familiar a varias cajas de latón. El día en que telefoneó a mi madre para hacer limpieza en la casa en la que vivían ella y mi abuela, fui yo también. Cuando llegamos, no sé por qué me llamó la atención una hoguera. Solía quemar cosas a menudo, pero no sé por qué esa vez fui hasta allí y casi me metí dentro del fuego para sacar las fotografías que allí había. Conseguí recoger tres: una de mi abuelo con sus compañeros de la banda de música de Tacoronte; otra, la única que se conserva del hermano de mi madre que falleció, siendo niño, en 1926; y la tercera, hecha en Cuba, era la de tres desconocidos a los que no había visto antes. Estaba adherida a un cartón que se había quemado, por lo que la despegué sin darme cuenta, en ese momento, de que allí podía haber información, aunque no había nada escrito. ¡Cuántas veces he pensado si en él había un sello o algo que no vi porque ya se había quemado![2]. Cuando llegué a mi casa, le pregunté a mi madre quiénes eran y me dijo que no lo sabía, pero que parecía que venía de Cuba.

lunes, 7 de julio de 2025

LOS CABRERA DE PUNTALLANA. ANCESTROS DEL BISABUELO CELESTINO

 LUISA HENRÍQUEZ GUERRA

 

¿Quién fue el bisabuelo Celestino? Fue el bisabuelo de mi esposo y tatarabuelo de mis hijos. Él, fue bautizado como Celestino José Francisco De Los Reyes Blas Cabrera-Pinto y Marrero en el año 1881 en la parroquia de San Salvador de Santa Cruz de Palma. Fue abogado, poeta y maestro superior. Como poeta fue conocido con el apodo de "Imperio".

 

El bisabuelo Celestino

Y la mayoría de sus bisnietos lo conocieron porque murió en 1961 con 80 años en su casa de la calle San Sebastián de Santa Cruz de La Palma. Su esposa, la bisabuela María del Rosario Pinto Morales, fallecería un año después.

Siempre lo recuerdan sus bisnietos con anécdotas. Y la que más era que no se le podía molestar haciendo ruido en la casa cuando escuchaba las noticias en la Radio Nacional que sería después de la cena. Al sonar el reloj a las ocho de la tarde todos, pero todos, tenían que estar sentados a la mesa del comedor y el bisabuelo Celestino en la cabecera de la mesa como jefe de familia.

La casa de habitación, muy grande, estaba, y sigue estando actualmente, en la calle San Sebastián número 3, aquella vivienda fue vendida por su hija Rosarito ya finalizando el siglo XX al diseñador de zapatos Manolo Blahnik. Era una casa tan grande que su hija, sus tres nietos y bisnietos, todos, nacieron y vivieron en ella hasta el día de su venta.


Casa Calle S. Sebastián, 3

martes, 25 de marzo de 2025

ALGUNAS APORTACIONES EN TORNO AL ORIGEN DEL APELLIDO MARRERO EN CANARIAS

LEONARDO RENÉ MARRERO MEDINA

ARHAMIS MARRERO RODRÍGUEZ

Árboles, ramas y raíces: existe todo un campo semántico en el ámbito de la genealogía que encarna el estudio del origen de nuestros antepasados a través de infinitas bifurcaciones. Popularmente, la expresión “irse por las ramas” alude a la trasgresión en el discurso hablado o escrito en el que uno tiende a alejarse del tronco o tema principal para comentar cuestiones conexas que, sin embargo, se alejan demasiado de la materia planteada. Estudiar un apellido, desde el origen temporal de este hasta el análisis de su raíz en un área geográfica determinada implica, siempre, un esfuerzo para no “irse por las ramas”. Precisamente, el propósito original de este breve artículo consistía, exclusivamente, en acrecentar la valiosa información que existe en la plataforma Genealogías Canarias en torno al apellido Marrero, muy extendido en las islas, a través de los datos de los que disponemos como herederos del apellido. No obstante y, a raíz de los estudios publicados entre otros por el Dr. Antonio González Marrero, consideramos que había una rama–esto es, una hipótesis, continuando con la semántica arbórea–cuya robustez merecía la pena evaluar: la trazabilidad del apellido dentro de la región geográfica de la que presuntamente es originario, es decir, Portugal. Como consecuencia, hemos dividido este artículo en dos partes: primeramente, y tras considerar los estudios acerca del presunto origen lusitano del apellido, trataremos de verificar su presencia dentro de Portugal; a continuación, proporcionaremos los datos de los que disponemos acerca de nuestros ancestros de apellido Marrero, con el fin de enriquecer la información publicada al respecto.

martes, 25 de agosto de 2015

ARRIBO DE LOS MARRERO ALFONSO Y ESTABLECIMIENTO EN COSTA RICA

JUANITA ELSA MORÚA MIRANDA

El apellido Marrero es originario de Portugal y llegó a las Islas Canarias a principios de 1500 con el arribo a la isla del señor Gil Marreiro, castellanizado como Marrero1. Esta fue una transacción con la Corona de España para poblar el archipiélago Canario.
En 1880, aproximadamente, llegaron a Costa Rica Miguel Marrero y Clotilde Marrero Alfonso (hija de Miguel Marrero y Bárbara Alfonso). Venían acompañados de Don Clemente Cabrera Lemus o Lemes.  Por narraciones de la familia, Clotilde Marrero venía en estado de gestación de uno de sus hijos, José de Jesús Marrero Marrero, cuyo nombre cambió a Manuel Marrero Marrero.  Para efectos del documento ese nombre se continuará utilizando.
Manuel Marrero nació en Costa Rica, cuando la situación política del momento era convulsa, por la salida de Don Tomás Guardia del poder en 1879.
En el acta de bautizo de Manuel Marrero Marrero menciona que fue bautizado el 6 de junio de 1880, en Juan Viñas de Cartago y que su padrino fue Don Luis Demetrio Tinoco.  En el acta aparece como costarricense, hijo de Clotilde Marrero Alfonso, y Canarios (provenientes de las Islas Canarias).

Acta de bautismo de Manuel Marrero Marrero

miércoles, 3 de septiembre de 2014

PONCE DE LEÓN, UNA DESCENDENCIA EN GRAN CANARIA (y II)

1. INTRODUCCIÓN
Continuando con lo expuesto en la entrega anterior, recapitulamos, dejando constancia gráfica de las tres primeras generaciones de esta familia asentada en Canarias, partiendo de su tronco inicial, el matrimonio de DIEGO 1 PONCE DE LEÓN(1)[i] y Beatriz San Miguel, con sus hijos y nietos:
En el presente trabajo, nos vamos a centrar en algunos sucesores, los hermanos PEDRO(2) y DIEGO 2 PONCE DE LEÓN(2), hijos de DIEGO 1 PONCE DE LEÓN(1) y de Beatriz San Miguel, transmisores del apellido.
Dejamos apuntado que indistintamente van a utilizar, en la nominación de estos descendientes, el uso completo del apellido, Ponce de León), o abreviado, Ponce, sin otra significación que indique su pertenencia a este linaje, como el caso de PEDRO 1 PONCE DE LEÓN(2) que rubricó su testamento como Pedro Ponce. Hay que considerar con el transcurso temporal es costumbre tender a la simplificación con lo que actualmente es más frecuente la forma abreviada, por tanto ninguna de las formas actualmente usadas desmerece ni marca diferencia en cuanto a un mismo origen; como siempre, dejamos constancia que se valida con la investigación genealógica.

sábado, 18 de enero de 2014

DIEGO DE BAUTE, UNA DESCENDENCIA EN TENERIFE, EL HIERRO Y GRAN CANARIA

EUGENIO EGEA MOLINA
orcid.org/0000-0002-9433-6298

 
Nuestro recorrido genealógico parte del guanche DIEGO DE BAUTE (1) -Ibabte/Ibaute- [con los números anotamos el orden en la descendencia, como aparecen en los cuadros ilustrativos], siguiendo una sucesión que nos separa veinte generaciones –parentalmente, nuestro decimoséptimo abuelo (dos veces)- siendo testigo de más de cinco siglos, desde finales del siglo XV, recorriendo geográficamente las islas de Tenerife, El Hierro y Gran Canaria.
Diego de Baute significó la transición de dos mundos o civilizaciones opuestas, culminando en la conquista de las islas por los castellanos (después de un siglo, en el año 1496, finalizó la toma de Tenerife, última isla por someter), trayendo consigo un proceso de colonización con procesos antagónicos y disruptivos de aculturación-culturación y antitesis-síntesis entre sociedades de origen bereber frente a otra europea. 
A Diego Baute le tocó vivir en la sociedad indígena, en la que nació, así como el introducirse drásticamente en otra, radicalmente diferente. A pesar, de lo traumático, esta situación la fue esquivando con su capacidad de aprendizaje rápido y su carácter avezado, asimilando el idioma de los conquistadores e impregnándose de sus costumbres, sin dejar completamente las suyas.

sábado, 11 de agosto de 2012

ASENTAMIENTO DEL APELLIDO MARRERO EN LOS VALLES DE LA LAGUNA

Dr. JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ MARRERO
Universidad de La Laguna
 
La Laguna 1888. Foto FEDAC
 
Pese a que en la actualidad son muchas las personas que portan el apellido Marrero en los valles de La Laguna, la documentación nos hace pensar que la difusión del mismo se debe de manera fundamental a una única familia, cuyo rastro hemos seguido a partir del padrón de 1900. Para realizar un análisis riguroso de los habitantes de la zona a lo largo del siglo XIX los padrones municipales han sido nuestra fuente, pero con el fin de entroncar esta familia a través de tiempos pretéritos, nos hemos servido de los libros sacramentales de matrimonios y nacimiento, de testamentos y cartas de dote. Esta documentación mostrará la movilidad que este apellido tuvo hasta asentarse en los valles laguneros.
Sin embargo, no es motivo de este trabajo centrarnos en la prolífica descendencia que ha ido dispersándose por los valles a lo largo del siglo XX, sino analizar las familias de Marreros que habitaron la zona en el siglo anterior. Fueron exclusivamente mujeres las que vinieron de puntos limítrofes para contraer matrimonio y fijar su residencia de forma definitiva en Valle Jiménez, que será el lugar en el que aparecerán inscritos todos los Marrero a lo largo de esta centuria. Todas ellas tienen el mismo tronco y origen familiar que iremos desgranando seguidamente hasta concluir en la cuna de este apellido en la isla de Tenerife:

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