JENNY HERNÁNDEZ SUÁREZ
Agradecimientos especiales a Carmelo Mederos Castellano y Marcos A. Rodríguez Camaraza
Esta reseña ficcionalizada reconstruye la travesía de mi familia Arencibia, desde Santa Lucía de Tirajana, Gran Canaria, hasta su asentamiento en San Antonio de Cabezas, Matanzas, Cuba, siglo XIX.
![]() |
| Familia Hernández-Arencibia, década de 1960. El Mogote, S. Antonio de Cabezas. A. Familiar |
A sus 19 años, Francisco Arencibia entendió que éste sería la gran oportunidad de su vida. Abrazó fuerte a sus medias hermanas en Tirajana, a Mariiita y Lucía, porque sabía que a partir de entonces un océano mediaría entre ellos por siempre. Y por siempre es un término largo e infeliz.
Volver, Dios quisiera, pero con esa edad es poco lo que se sabe y, a veces, poco lo que se espera. Pero Francisco deseaba escapar de aquella tierra donde la escasez era el pan de cada día.
No lo pensó más y le puso total empeño a aquel viaje familiar. Corría el año de luz de 1846 cuando los Arencibia de Santa Lucía de Tirajana lograron embarcar rumbo a América, a Cuba, donde otros Arencibia ya habían probado suerte y tan mal no les iba.
Embarcaron Agustín [1], uno de sus medios hermanos mayores; Antonio José y su esposa María Carreño con su bebé en brazos; José María, de diez años, y José y Catalina, sus padres quienes aún se sentían con fuerzas para iniciar una nueva vida lejos de allí.
Dieron el último adiós a sus parientes, y nunca más regresaron.











