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martes, 22 de noviembre de 2022

HISTORIA Y GENEALOGÍA: UNA SAGA DE MAREANTES CANARIOS

JAVIER SUÁREZ BETANCOR

cuentatugenealogia@gmail.com

Ponencia presentada en el IX ENCUENTRO DE GENEALOGÍA GRAN CANARIA, organizado por Genealogías Canarias y la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, 17 de noviembre de 2022.

 

DE LA CUEVA PINTADA A EL SAGRARIO

Entré en la Genealogía por la cueva Pintada de Gáldar[1]. Esa cavidad única cuyas representaciones geométricas continúan siendo un misterio[2]. Crecí con el relato sobre la propiedad familiar de esa Cueva. Se afirmaba que formó parte del área de juegos de mi abuela materna y de sus hermanos, que bajar a esa estancia subterránea era parte de sus aventuras infantiles. Otras veces el detalle giraba hacia la figura de mi tío bisabuelo Francisco Montesdeoca. Sobre su interés y desvelo por ceder sin lucro el cuidado de su querida Cueva a la Administración Pública, con tal de que se garantizara su conservación.

Pero no había ninguna certeza documental de todo esto. Así que siempre tuve la duda sobre el alcance y veracidad de estos relatos. Por eso, cuando tuve oportunidad comencé a indagar y, por fin, tras el confinamiento -que de alguna manera nos transformó a todos- traté de averiguar cuánto de cierto había en esa oralidad y, en su caso, documentarlo.

Comencé por la figura cercana de FRANCISCO MONTESDEOCA SUÁREZ quien, probablemente, adquirió su sensibilidad por el mundo aborigen como resultado de las frecuentes visitas que acudían a ver su cueva Pintada. Personajes del ámbito de la arqueología, turistas y toda suerte de interesados en las costumbres canarias. Esa sensibilidad quedó corroborada en 1934 cuando, como mecánico de mister Leacock y durante unos trabajos de canalización en El Agujero, descubrieron la necrópolis de La Guancha (Túmulo del Agujero) dando aviso al Museo Canario. Por su participación el Museo Canario recompensó a mi tío con la entrega de los IV tomos de la "Historia General de Canarias" de Viera y Clavijo, "casi los primeros que salieron hechos en la imprenta «La Provincia», de la Calle Colón, 5"[3], y una colección de fotografías del descubrimiento. Estas fotos, tras dormitar en un cajón durante unos 80 años, vieron la luz gracias a su bisnieto Mario Gironés[4]. Por su parte David J. Leacock, propietario de la finca donde se descubrió el túmulo, fue nombrado Socio Protector del Museo, tras la entrega de los restos aparecidos.


Pero el compromiso de Francisco Montesdeoca Suárez con nuestro legado aborigen y su generosidad quedaron sobre todo patentes cuando altruistamente cedió su estimable propiedad al Ayuntamiento de Gáldar[5]. El reconocimiento público de esa acción memorable es una tarea que nuestra sociedad tiene pendiente porque, por ejemplo, entre la documentación que ofrece al público el propio "Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada" no aparece ninguna referencia a su nombre. Y no es mérito de desdeñar el haber custodiado primero y el habernos regalado a todos después semejante tesoro cultural.

El siguiente peldaño de mi investigación me llevó a mi tatarabuelo ISIDRO MONTESDEOCA VIZCAÍNO. Nacido en 1851, aparece repetidas veces en el Boletín Oficial de Canarias como cabeza de familia, mayor contribuyente o por capacidades (saber leer y escribir) en las listas de candidatos al juicio por Jurado o por el derecho de sufragio para compromisario en las elecciones de Senadores. Concejal electo del Ayuntamiento de Gáldar por mayoría de votos también fue Presidente de la Junta Municipal de Repartimientos. De oficio carretero -hoy diríamos transportista e incluso logista- durante unos años emigró a Cuba. De su estancia en La Habana se conserva un retrato que le hizo el afamado Alfredo Sainz, fotógrafo y fabricante de botones, establecido en el número 69 de la calle Reina. En la imagen aparece con su mirada firme auscultando un hipotético horizonte y luciendo un colosal mostacho enrollado hacia sus extremos para sustentar unas puntas contrarias a la gravedad. Sobre su relación con la Cueva Pintada, Amaranto Martínez de Escobar escribe en la "Memoria Reglamentaria del año 1892, del Museo Canario, página 377: "Estuve en la célebre cueva pintada que se halla en el llamado Huerto Nuevo de D. Isidro Montesdeoca Vizcaíno. Sus rojas pinturas se presentan aún vivas y sus dibujos asemejan á los de las pintaderas en la variedad de sus formas. Aquellos triángulos y aquellos círculos concéntricos dan derecho á creer algo en la escritura simbólica por medio de jeroglíficos".

Por muchos detalles que sería prolijo explicar ahora, la figura de don Isidro me cautivó. Así que quise saber más sobre él, los MONTESDEOCA y los VIZCAÍNO. Al hacerlo, pronto me topé con los: GUZMÁN, QUINTANA, SAAVEDRA, MUJICA, CABRAL... Y, a su vez, a lomos de las genealogías del Instituto Canario de Estudios Históricos Rey Fernando Guanarteme y de los impagables trabajos presentados en este mismo foro, llegué sin mayor dificultad a entroncar por varias ramas, como otros muchos grancanarios de extracción galdense[6], con la familia SEMIDÁN y, también, con los: MIRANDA, TAPIA, ARJONA, ZURITA, TREJO... Es decir, el paisanaje clásico y cierto de la Conquista. Pongo de ejemplo la línea genealógica que une a los MONTESDEOCA con LOS SEMIDÁN, a través de los GUZMÁN. De esta misma índole hallé otras sucesiones.

lunes, 2 de noviembre de 2020

EL BLASÓN DE LA CASA ACEDO-AYALA EN GUÍA DE GRAN CANARIA

JUAN MANUEL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

 

Se adjudica tradicionalmente el escudo  a la familia Valdés, que aparece en la parte superior del paramento equidistante entre la apertura del balcón de rejería y ventanal de la segunda planta de esta casa, y pegado al alero de techumbre del tejado de la misma, situada en la hoy calle del Marqués del Muni. Parecen divisiones en fajas, lo que constituyen siete fajas  con los muebles que se cargan en ellas, de corazones o quizás panelas continuadas de armiños o cornejas. No aparecen rosas ni rodelas según se concede  al blasón de los Valdeses (que teniendo casa solariega en Santa María de Guía: la casa de los “Valdeses”, tal blasón no campee en su enjalbegado paramento), y que parece aceptada siguiendo una tradición histórica que se copia de uno a otro historiador con sincera fe bibliográfica, pero no suficientemente contrastada ni analizada, y quien quiera ver en este blasón “fajas superadas de roeles y rosas” nos parece que hace un esfuerzo imaginativo para considerarlos como tales. 

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