AÑO GENEALÓGICO FRANCISCO FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT
LOLA GARCÍA CABRERA
Ponencia presentada en el III Encuentro de Genealogía Gran Canaria,
celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, los días 15-17 noviembre de 2016,
Publicado en Ponencias del III Encuentro de Genealogía Gran Canaria, nº 3 (2016)
Depósito Legal: 368-2015
LOS PRIMEROS
PASOS
Corría
el año 1981 cuando visité por vez primera vez la villa de Rota, localidad perteneciente
a la provincia de Cádiz y muy conocida por encontrase ubicada en su término, desde
mediados del pasado siglo XX, una base naval hispano-estadounidense.
En
un entramado de calles y muy próxima al Castillo de Luna se encontraba la
Iglesia Mayor Parroquial de Nuestra Señora de la O, cuya construcción fue
costeada en el Siglo XVI por Don Rodrigo Ponce de León, por aquél entonces
Duque de Arcos.
Era
obligado como suele ser mi costumbre entrar y visitarla. Tras un pequeño recorrido
por su interior observé que el templo destacaba por la conjunción de los estilos
Gótico, Barroco, Plateresco y Renacentista.
La
iglesia en sus orígenes había consistido en una sola nave, pero a lo largo del
tiempo se habían ido uniendo, aunque sin ningún tipo de orden, varias capillas
y diversas dependencias, según las necesidades de cada momento. Cuando entré en
la que correspondía a la de la Virgen del Carmen observé que en su interior, adosada
al muro izquierdo según se entraba, había otras dos capillas pero de
dimensiones más reducidas; la más próxima a la puerta, destinada a San Isidro;
la otra, cercana al altar mayor, dedicada al Santo Entierro de Cristo y Nuestra
Señora de la Soledad. Fue grande mi sorpresa al encontrarme a la entrada de
esta última una reja de madera y arco de medio punto que la cerraba, figurando
en éste la siguiente inscripción: “ESTA
CAPILLA ADORNO IDORADO SEISO ADEVOSION DE DOÑA MARÍA DE GRASIA IPENA NATURAL DE
CANARIA – CANARIA AÑO DE 1770”.
Tras
echar una ojeada a mi alrededor me percaté que en el suelo, oculta bajo los
bancos de la capilla principal, había colocada una losa de mármol con alguna
inscripción y que justo antes de entrar a la del Santo Entierro y Virgen de la
Soledad se encontraba otra lápida del mismo material, indicadora de un
enterramiento, cuya inscripción apenas se
distinguía; por lo que en esos
momentos me despertó poco interés.
Aunque
vivo en la península, tal vez por ser canaria de nacimiento aquello quedó grabado
en mi memoria y en más de una ocasión me pregunté quién sería aquella señora, doña
María de Grasia Ipena.
Pasaron
los años y no fue hasta principios de este siglo cuando empecé a interesarme y dar
mis primeros pasos en el mundo de la genealogía. Comencé por saber algo sobre
mi ascendencia y poco a poco fui adquiriendo algunos conocimientos.
La
visita a la expresada villa aún perduraba en mi memoria y el pasado año me
dispuse a volver, con el objetivo de retomar el asunto y repasar todo lo hasta
aquí narrado para ver lo que podía indagar sobre aquella paisana mía.
Entré
en la iglesia, y ya más detenidamente observé nuevamente la capilla, la inscripción
en la reja y también en las dos losas. En la que se hallaba oculta bajo los
bancos aún podía leerse, “
ESTA LOSA DIO
DE LIMOSNA D. MANUEL DE LETRÁN, SIENDO MAYORDOMO D. ALONSO PÉREZ LOBATO,
PRESBÍTERO. DICIEMBRE AÑO 1764”. En
cuanto a la otra, nada nuevo me aportó a lo que ya sabía, pues lo único que podía
distinguirse eran algunas sílabas y palabras sueltas e inconexas en su lado derecho
-
SE- -GonZAleS- - MO- -CRISTO DE - -AÑO- -E. AMÉN-. Todo parecía indicar que las inscripciones de ambas losas
nada
tenían en común.
Partiendo
de la información obtenida me personé en el Archivo Histórico Parroquial, donde
encontré el asiento de una partida de velaciones cuyo ritual había tenido lugar
en la expresada iglesia de Rota el 5 de marzo de 1753; por
ella pude saber que don Manuel era natural de Cádiz e hijo de don Sebastián de
Letrán y doña Isabel Juanes, y que doña María de Gracia era natural de las
“Hislas Canarias” e hija de don Juan Cabrera y doña Beatriz García.
Tan
interesante documento relacionaba la losa existente bajo los bancos con el
esposo de María de Gracia (Manuel de Letrán), sin embargo, aún no sabíamos nada
de la palabra IPENA de la reja, ni tampoco de la otra losa sepulcral.
Sin
dejar Rota, como era obvio, con estos datos se nos abrían dos nuevas vías de
investigación; una en Canarias y la otra en Cádiz.