EUGENIO EGEA MOLINA
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APELLIDOS:
Monteverde, Van Dalle, Guisla, Van de Walle, Westerling, Artiles, Bandama,
Grimón y Febles.
EL ASENTAMIENTO DE LA COLONIA FLAMENCA EN CANARIAS
Bajo la denominación histórica de
«Flandes» se englobaba a los Países Bajos (integrados por el Condado de
Flandes, el Ducado de Brabante, el Condado de Holanda, el Ducado de Luxemburgo,
el Señorío de Maastricht y los Condados de Namur y Hainaut, entre otros) e
incluso a territorios de la actual Alemania, todos ellos vinculados a la Corona
española. Se trataba de un ámbito geográfico cambiante, sujeto a intensas
transformaciones territoriales y políticas.
Tras la conquista castellana y la
consiguiente colonización de las islas Canarias, la implantación de un modelo
de agricultura de exportación atrajo a una próspera colonia mercantil dedicada
a la explotación del azúcar. El archipiélago se convirtió así en un enclave
comercial estratégico, cuyo carácter de sociedad en formación facilitó la
rápida integración de pobladores de diversas procedencias.
El flujo migratorio de los
flamencos hacia las islas alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XVI y
XVII. Aunque se establecieron en Tenerife y Gran Canaria, fue La Palma el
principal punto de acogida, al albergar uno de los puertos mercantiles más activos
e influyentes de la época.
Esta estrecha vinculación
económica y cultural legó al patrimonio insular un extraordinario patrimonio
que perdura hasta hoy, reflejado tanto en la artesanía de los calados como en
valiosas obras de arte flamenco: imaginería religiosa, retablos, pinturas y
mobiliario.
A diferencia de lo ocurrido en
otros destinos atlánticos, el asentamiento flamenco en Canarias se caracterizó
por su permanencia. Buena parte de estos comerciantes fijó su residencia
definitiva en las islas, diversificando sus actividades desde el comercio
azucarero hacia el sector vitivinícola y otras vías de negocio. Asimismo, se
integraron plenamente en la vida pública mediante alianzas matrimoniales con
las élites locales y con otros colonos.
Entre los primeros pioneros de
los que se tiene constancia documental destacan Jácome Groenenberg (cuyo
apellido fue castellanizado como Monteverde), Luis Van de Walle «el Viejo» y
Pedro Westerling. Con el tiempo, se sumaron otros linajes flamencos como Aysel,
Grimón, Leardin, Vans Aguardiente, Bandama, Wangüermert (Guelmes), Brier, Van Daisele
(Daysel) o Avontroot, además de aquellos comerciantes que adoptaron
directamente apellidos castellanos que ocultaban su origen.
Ya en la segunda generación,
estos descendientes de flamencos, plenamente aculturados, ocuparon destacados
cargos en la administración, las milicias y los negocios insulares. Defendieron
el archipiélago como canarios de pleno derecho, manteniendo viva la memoria de
su linaje.
Sin embargo, gran parte de estos
patronímicos terminaron por extinguirse en el registro civil. Muchos
descendientes optaron de forma deliberada por asumir los apellidos castellanos
de la rama materna o de sus antepasados. Esta decisión respondía principalmente
a razones de prestigio social y seguridad jurídica: una medida de protección
frente al recelo de la Inquisición y de sus rivales políticos, en un contexto
donde proceder de tierras lejanas podía despertar sospechas de heterodoxia
religiosa.
ALGUNOS APELLIDOS FLAMENCOS EN CANARIAS
A modo de retazos, escogemos una muestra de apellidos flamencos, de los que exponemos unas notas acerca de sus iniciadores y su establecimiento en Canarias:
MONTEVERDE
Alrededor de 1500, se instala en la isla de La Palma, el comerciante
residente en Amberes, Jacome Groenenberg (Diego Monteverde) casado con Margarita de Pruss atraído por las posibilidades económicas de la isla. Era natural de
Colonia (Alemania), hijo Grovorto de Grünberg y Elichea Brift,
familia germana de apellido Grünberg que lo adaptó al flamenco (Groenenberg).
En La Palma, compró tierras donde plantó caña de azúcar y construyó
ingenios azucareros en Tazacorte y Argual.
Además de Jacome y su familia, les acompañaron empleados y colaboradores,
creando una intensa actividad naviera con Flandes.
Pronto los descendientes de Jacome tomaron el apellido Monteverde –sus
nietos ya lo llevaban- traducción literal de Groenberg o Grunberg.
Curiosamente el apellido en menos de tres generaciones se transformó de
Grunberg a Groenenberg, y de Groenenberg a Monteverde.
Sus descendientes destacaron en la sociedad canaria, amén de los méritos
de algunos de sus descendientes, por los casamientos con miembros de otras
familias, así como por las riquezas acumuladas e importantes cargos obtenidos
(alfereces mayores, regidores, alcaides y oficiales de milicias).
VAN DALLE
Esta
noble familia de mercaderes, en Canarias se alió con los Monteverde, no sólo
por motivos matrimoniales sino de negocios.
María Van Dale
matrimonió con Melchor
Monteverde (primogénito de Jacome
Groenenberg), segundas nupcias de este. Era hija del Señor de Lilloot,
Berendrech, Zuitland y Ballard Pablo Van Dalle y la Señora de
Lilloot y Werthen Ana
de Coquiel.
Pablo Van Dalle,
en 1562, compra a su yerno Melchor Monteverde una parte de los ingenios de
Argual y Tazacorte.
GHISELIN-GUISLA/BOOT
El fundador de esta familia en Canarias fue Baltasar Ghiselin, natural de Ypres, que se instaló en la isla de La Palma. En el año 1526,
casó con Catalina Van de Walle Torres. Sus padres fueron Mesire Jacome Ghisellin y Margarita Questrois,
residentes en la ciudad de Brujas. Los abuelos paternos de Mesire Jacome –bisabuelos
de Baltasar- fueron Messire Ghisellin, Señor
de Henthove, y Adriana de Lelis-ditte, que vivieron en el siglo XV.
El apellido Ghisellin se castellanizó, convirtiéndose en Guisla.
Este apellido se unió por alianza al de Boot: el capitán de infantería Juan de Guisla Van de Walle (S.C. de La Palma 1600), matrimonia con Jerónima Boot Monteverde, Sra. de Wesembec y Ophen, hija primogénita del noble flamenco Jerónimo Boot y su segunda mujer Jacoma de Monteverde, bisnieta de Jacome Groenenberg (arriba mencionado). De esta forma, los
señoríos de Wesembec y Ophen pasan al mayorazgo de los Guisla.
En 1776, Juan Domingo de Guisla Boot Salazar (S.C. de la Palma 1731, id. 1785) se convierte en primer marqués de
Guisla-Ghisellin, título otorgado por Carlos III, por sus servicios en las
guerras de Italia como capitán de los Reales Guardias con Felipe V, además de
los méritos contraídos por sus antepasados en Flandes y España.
El capitán de caballería de Perú, Juan Lino de Guisla y Guisla
Boot (Lima 1778, id. 1815) III
marqués de Guisla-Ghisellin, señor de Wesembec y Ophen, poseedor del mayorazgo
y regidor de Lima. Su madre Mª Hermenegilda de Guisla y Larrea (Lima 1751, id.1832), IV marquesa de Guisla-Ghiselin, casada con su primo
hermano el II marqués Carlos José de Guisla Boot (1723- Lima 1786), prestó grandes servicios a la causa de la
independencia de Perú. El general San Martín en reconocimiento le concedió la
Orden del Sol (1822).
Juan de Guisla muere sin continuidad, por lo que todos los títulos y
mayorazgos familiares recayeron en la familia Van de Walle.
VAN DE WALLE
Una de las más importantes y notorias familias de Flandes, repartida
fundamentalmente por Brujas, Courtray y Lovaina; donde ocuparon los primeros
cargos y señoríos feudales desde muy antiguo. Contando entre sus miembros con
personajes destacados en las Letras, las Armas y la Iglesia.
Los Van de Walle se asientan en La Palma desde los albores del siglo XVI
y desde entonces ocupa un importante puesto de la nobleza, ostentando multitud
de títulos.
Luis Van de Walle Van Praet, natural de Brujas,
funda esta Casa en Canarias. Llegó a España, como su padre y hermanos, acompañando
al emperador Carlos V; pasando posteriormente a la isla de La Palma, donde
ocupó los cargos de Familiar del Santo Oficio, Gobernador de Armas, Maestre de
Campo de Infantería y Alcaide de todas las fortalezas de la Isla. Para la ciudad de
Sta. Cruz de la Palma, costeó de su bolsillo el agua de abasto público, la
mayor parte de la construcción del antiguo Hospital Ntra. Sra. de los Dolores,
la iglesia y convento de Sto. Domingo y una fundación para los pobres.
Su mujer fue María Cervellón Bullid, con quien casó en Sta. Cruz de La Palma en el año 1537.
Sus primogénitos heredaron el título de Señores de Van de Walle y Lembeke,
ocuparon distinguidos puestos en la sociedad isleña y crearon alianzas con
notables familias que aumentaron sus riquezas y títulos nobiliarios.
WESTERLING
(WESTERLIN/HUESTERLIN/HESTERLIN/ESTERLIN)
Pedro Westerling, nacido en Oudenburg
(Brujas), fue el primero en establecerse en Canarias (Sta. Cruz de la Palma), a
principios del siglo XVI. Su padre se llamó Livinio Westerling, persona
con gran autoridad (bailío) y reputación, y su madre Ana Van
Cutshegen.
Contrajo
matrimonio con Ana Jakes Van Trylle, hija de los nobles flamencos Anés Van
Trylle y Ana Jakes.
Ocuparon
importantes puestos en la sociedad canaria como regidores, alguaciles,
oficiales del ejército/milicias y clérigos; ampliando su riqueza y nobleza por
casamientos con familias notables. El apellido actualmente es inexistente en
Canarias, pero sus descendientes llevan apellidos como Botello, Massieu, Manrique de
Lara, Calderín, Casabuena…
Más información en Westerling, una familia canaria de origen flamenco.
ARTILES
Con el flamenco Arte (Aert/Arnould) Artiles,
naturalizado Hernando Artiles, se asienta este apellido en el archipiélago,
principalmente en la isla de Gran Canaria.
Movido por el comercio azucarero, llega primero a Tenerife y,
posteriormente, a Gran Canaria: Las Palmas y
Telde; donde luego se avecina en Agüimes.
En el año 1556, en la iglesia de S. Juan de Telde, contrae
nupcias con Leonor Rodríguez, natural de la isla, hija de Luis Sánchez y de Beatriz
Alonso. Con Leonor, al menos, tuvieron 10
hijos.
Adquirió diversas propiedades en la comarca de Agüimes.
Falleció
en 1596.
Artiles es un apellido muy localizado actualmente en la isla de
Gran Canaria.
 |
| Arte flamenco. Cristo de La Laguna. |
BANDAMA
El
apellido es una naturalización de Van Damme, transmitido por Daniel Van Damme, natural de Amberes e
hijo de otro Daniel (Amberes) y de Ana Van Eggen (Wessel).
Desde
al menos los 16 años, se constata su vecindad en Gran Canaria. En estos años,
vivió en casa de Conrate Mayor de origen flamenco y platero de profesión.
Con
los años, Daniel se convirtió en comerciante acaudalado, poseyendo la caldera
que se nomina con su apellido (caldera de Bandama) donde plantaba vides.
Se
unió en matrimonio con Juana de Vera, hija de Alonso Trigueros y María Negrín,
teniendo descendencia que es la que perpetúa el apellido Bandama.
Daniel
Bandama, tuvo varios procesos abiertos por la Inquisición saliendo airoso de
todos ellos. Alcanzó el reconocimiento y prestigio social al hacerse con una
regiduría del cabildo de Gran Canaria.
Su
descendencia se propagó por Gran Canaria y Tenerife, aliándose con notables casas
isleñas como Calderín y Bravo de Laguna.
 |
| Caldera de Bandama. Gran Canaria |
GRIMÓN
Se
debe a Jorg Grimont (Jorge Grimón),
nacido en Namur y conocido por “el borgoñón”, pues el ducado de Borgoña se
había anexionado Flandes.
Este
personaje, como veremos, no se encuadra en las líneas generales de los
flamencos en Canarias, vinculados al comercio o el negocio azucarero. Vino con la conquista como militar y trayendo consigo a su familia.
Desembarca
en la playa de los Cristianos, en una batalla capital para la culminación de la
conquista de Tenerife, utilizando por primera vez armas de fuego en la isla.
Después
de la victoria de los castellanos en la isla, se instala como colono beneficiado en las datas de 1500 y 1507.
Se
instaló, en 1496, con su mujer Juana de Argana y un hijo e hija nacidos, que le
acompañaron en la aventura.
Su
posteridad, contrae alianzas con ilustres familias como Vergara,
Alvarado-Bracamonte, Torres o Van de Walle. Alcanzando títulos nobiliarios como
el de marquesado de Acialcázar o Villanueva del Prado.
NOTAS
FINALES
El
análisis sobre el asentamiento flamenco en Canarias pone de manifiesto la
enorme riqueza histórica del archipiélago como cruce de caminos en la expansión
atlántica. Lejos de actuar como meros agentes comerciales de paso, la comunidad
flamenca representó un modelo excepcional de arraigo e integración que
trascendió lo económico. La atracción inicial del comercio azucarero y
vitivinícola transformó a La Palma, Tenerife y Gran Canaria en nodos
cosmopolitas, legando a las islas un incalculable patrimonio artístico en
retablos, imaginería y pintura que perdura hasta nuestros días.
Este proceso estuvo marcado por
un rápido mestizaje. Mediante alianzas matrimoniales estratégicas con las
élites locales, los pobladores procedentes de Flandes se fusionaron de forma
natural con la sociedad insular. Paradójicamente, la presión de la Inquisición
y la búsqueda de prestigio social llevaron a muchos a castellanizar sus
patronímicos —como el célebre paso de Groenenberg a Monteverde— o a adoptar los
apellidos maternos, provocando la desaparición documental de sus nombres
originales.
Sin embargo, la pervivencia de
este legado se manifiesta de manera doble en la actualidad. Por un lado, a
través de aquellos linajes que lograron conservar su forma o adaptación
original en el registro civil, como Van de Walle, Grimón o Brier; por otro, mediante
una huella invisible pero imborrable, pues la sangre de aquellos antiguos
comerciantes y hacendados fluye integrada en el ADN de la población canaria
contemporánea.
FUENTES:
- LOBO CABRERA, M. Flamencos en
La Palma: 1600-1650. En DE PAZ-SANCHEZ, M. (edit.) Flandes y
Canarias, nuestros orígenes nórdicos. Tomo III. Edit. Centro de la Cultura Popular
Canaria. Sta. Cruz de Tenerife. 2007.
- RODRÍGUEZ DÍAZ DE QUINTANA, M. Libros
de Genealogías. Museo Canario.
- REGULO PÉREZ, J. (edit.)
Nobiliario de Canarias. Tomo II.
Imprenta Gutenberg. La Laguna, Tenerife. 1952.